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Vendedor de churros…

Un maestro zen se paró delante de un quiosco de churros y le dijo al empleado:

– “Póngame cinco euros”.

El empleado le preparó los churros y entregó la bolsa al maestro. Éste no tenía cambio y le dio un billete de 20 €. El vendedor de churros cogió el billete, lo guardó en la caja y se dispuso a atender al siguiente cliente.

– “¿Dónde está mi cambio?” le preguntó el maestro zen.

El vendedor de churros le respondió:

– “Su cambio sólo puede venir de su interior”.

(Vía Dokusho Villalba)

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El mudo y el loro…

Animación inspirada en uno de los cuentos publicados en el libro de historietas “El Zen habla”, del dibujante y caricaturista taiwanés Tsai Chih Chung.

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El poder de las palabras…

Hace muchos años existía un samurái que creía tan fielmente en sus propias palabras que era capaz de enfrentarse en duelo a cualquiera que lo contradijese. Nunca había perdido ningún combate.

En una ocasión acababa de llegar a un pueblo y vio como todo el mudo iba en masa en una determinada dirección, paro a uno de los aldeanos y le pregunto: – donde vais todos.

El aldeano le dijo muy educadamente – Vamos a escuchar al maestro Wei-

¿Quién es el maestro Wei?- repuso el samurái

-El maestro Wei, es el maestro más famoso de toda esa región- Al oír esas palabras, el samurái sintió un poco de curiosidad por saber quién era ese maestro por el cual todo el mundo  había salido de sus casar para ir a escuchar.

El maestro Wei era un anciano bajito y delgado que prácticamente ya estaba en sus últimos años de vida.

Segundos después de llegar todo el mundo el maestro Wei empezó a hablar:

-El hombre ha creado a lo largo de los años muchas armas poderosas, pero para mí la más poderosa de todas es la palabra.

El samurái muy enfadado por lo que acababa de oír dijo: -solo a un loco aciano como tú, se le ocurriría esa sarta de estupideces.- En eso que saco su espada y dijo:- no hay nada más poderoso que el filo de una espada.-

Entonces Wei le miro a los ojos fijamente y dijo: – Es normal que un patán como tú diga eso, solamente eres un hijo de perra sin estudios, que no conoce más mundo que la violencia.

En el momento que el samurái escucho esas palabras su cuerpo se encendió, perdiendo el control de su mente, se dirigió rápidamente a donde estaba el anciano.

-Anciano vete ya despidiendo de tu vida, porque acaba de llegar a su fin.-

Entonces inesperadamente Wei se inclinó y comenzó a disculparse:

-Noble guerrero perdone la vida de este anciano. Solo un hombre mayor y cansado podría tener un desliz hacia su persona, ¿podrá perdonar la vida a este aciano, que por su locura pudo ofenderle?

El samurái se paró en seco y dijo:

Claro que si gran maestro Wei , acepto sus disculpas.

En ese instante el maestro Wei le dijo:

Amigo mío. ¿Son o no poderosas las palabras?

 

Cuento Zen

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Las tres rejas…

El joven discípulo de un sabio filósofo llega a casa de éste y le dice:

-Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…

-¡Espera! lo interrumpe el filósofo-. ¿Ya has hecho pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?

-¿Que es eso de las tres rejas? 

-Sí. La primera es la Verdad. ¿Y te pregunto si estás seguro, de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?

-No. En realidad lo oí comentar  al pasar a unos vecinos.

-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja.

Esta es la Bondad.  Dime, eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien? ¿Es bueno para mi o para vos?

-No, en realidad no. Al contrario…

-¡Ah, vaya!

Y la última reja es la Necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto quieres hacerme saber?

¡Píensalo bien, sin darte cuenta, las palabras muchas veces tienen mucho peso!

-A decir verdad no maestro.

-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es  ciertamente verdadero, ni bueno, ni necesario, enterrémoslo en el olvido.

 

Cuento Zen

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FUENTE: El despertar interno

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La quebrada en la monta??a…

Un maestro zen caminaba en silencio con uno de sus alumnos por un sendero de la montaña. Cuando llegaron a un cedro antiguo, se sentaron a comer . Después de comer el alumno, un monje joven que no había descubierto todavía la clave del misterio del zen, rompió el silencio para preguntar:

– Maestro, ¿cómo puedo entrar en el zen?

El maestro permaneció en silencio. Pasaron casi cinco minutos durante los cuales el discípulo aguardó ansiosamente la respuesta. Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando el maestro le preguntó repentinamente:

– ¿Oyes el sonido de esa quebrada en la montaña?

El discípulo no se había percatado de ninguna quebrada. Estaba demasiado ocupado pensando en el significado del zen. Entonces prestó atención al sonido y su mente ruidosa comenzó a aquietarse. Al principio no oyó nada. Después sus pensamientos dieron paso a un estado de alerta, hasta que escuchó el murmullo casi imperceptible de una quebrada lejana.

– Sí,
ahora lo oigo – dijo.

El
maestro levantó un dedo y con una mirada a la vez dura y gentil, le
dijo:

– Entra
al zen desde allí.

El discípulo quedó asombrado. Fue su satori, un destello de iluminación. Sabía lo que era el zen sin saber qué era lo que sabía.

Después siguieron su camino en silencio. El alumno no salía de su asombro al sentir la vida del mundo que los rodeaba. Lo experimentó todo como si fuera la primera vez. Sin embargo , poco a poco comenzó a pensar nuevamente. El ruido de su mente sofocó nuevamente la quietud de su conciencia y no tardó en formular otra pregunta:

– Maestro,
he estado pensando. ¿Qué hubiera dicho usted si yo no hubiera
logrado oír la quebrada en la montaña?

El
maestro se detuvo, lo miró, levantó el dedo y dijo:

– Entra
al Zen desde allí.


Del libro “Una Nueva Tierra”, de Eckhart Tolle

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FUENTE: Create&Share


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    Para aprender, vac??ate…

    Un día un estudioso viajó a las montañas para entrevistarse con Nanin, un viejo monje Zen. Cuando estuvieron uno frente al otro, el estudioso dijo:

    -Maestro, he leído todo cuanto ha llegado a mis manos y estudiando largas horas los escritos de los eruditos. Vengo a ti para aprender los secretos del zen.

    El viejo monje pareció hacer caso omiso a estas palabras y por toda respuesta dijo:

    -¿Te gustaría tomar una taza de té?

    -Eeh.., bueno, de acuerdo, dijo el estudioso algo sorprendido.

    Nanin colocó dos tazas sobre la mesa y comenzó a servir té en la del estudioso. Pronto la taza se llenó, pero Nanin continuó sirviendo, de modo que el té se derramaba por el borde.

    -¡Maestro!, exclamó el estudioso. La taza está llena. No pueder servir más.

    -Así es dijo Nanin, deteniéndose justo entonces. Tú eres como esta taza. Vienes lleno de tus ideas y prejuicios. ¿Cómo podría yo enseñarte algo, si no hay lugar para nada más? Si verdaderamente quieres aprender… vacíate de lo que traes y sólo entonces podrás conocer el zen.

    Cuento Zen

    Vaciate

     

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    La taza de t??…

    Es bastante conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un intelectual de la época que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.

    Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la Corte. Cuando el prestigioso intelectual  llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el Zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo. El intelectual vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.

    – ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!

    Nan-in respondió sin perder la compostura ni abandonar su amable sonrisa: Al igual que esta taza usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del Zen si primero no vacía su taza?

    Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra. Mientras el Maestro recogía las piezas de porcelana y limpiaba el suelo, un joven se acercó para ayudarle.

    – Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe de ser para los letrados comprender la sencillez del Zen.

    – No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.

    – ¿Entonces, Maestro, cual es la actitud correcta?

    – No juzgar, y permanecer atento.

     

    Cuento Zen

    Taza

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    Cuento Zen…

    Un anciano cayó accidentalmente en los rápidos del río llevándolo a una alta y peligrosa cascada. Los espectadores temieron por su vida. Milagrosamente, salió vivo e ileso, río abajo al final de la cascada. La gente le preguntó cómo logró sobrevivir.

    “Yo me adapté al agua, no el agua a mí. Sin pensar, me dejé moldear por el agua. Hundiéndome en la corriente, salí con la corriente. Así es cómo sobreviví”.

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    Canto al coraz??n de la confianza…

    La lucha entre el apego y el rechazo enferma el corazón.

    Cuando el movimiento cesa, regresa la calma, y de la calma surge de nuevo el movimiento.

    Al rechazar el ser se pierde el ser, al apegarse a la vacuidad se niega la vacuidad.

    Es inútil querer alcanzar la verdad, basta con disolver la ignorancia.

    Cuando todas las existencias son observadas con ecuanimidad, ellas mismas retornan a su naturaleza original.

    Cuando la mente se unifica consigo misma toda actividad cesa.

    El sabio mora en el no pensamiento, ya que ni el conocimiento ni los sentimientos humanos pueden sondear esta verdad.

    En la Realidad tal y como es no hay ni yo ni otro.

    En la no-dualidad todo es lo mismo, no hay nada que no esté incluido (en ella).

    Todos los sabios del mundo viven de acuerdo a esta verdad ancestral.

    Ser es no ser.

    No ser es ser.

    Siendo esto así,

    No hay nada a lo que aferrarse.

    Uno es todo.

    Todo es uno.

    Siendo esto así,

    ¿por qué preocuparse por lo que es ilimitado?

    Una vez aquí las palabras cesan

    y el tiempo desaparece.

     

    Extracto del libro Canto al Corazón de la Confianza. Xin Xin Ming. Tercer Patriarca Zen.

    Zen

    FUENTE: Revista Namaste

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