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La amabilidad…

La amabilidad que nace de las palabras crea confianza.

La amabilidad que nace del pensamiento crea profundidad.

La amabilidad que nace de la generosidad crea amor.

Lao Tsé

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El arte de soltar…

No hay que llenar vacíos, hay que habitar espacios.

Hay un capítulo de la vida llamado desapego. Es la cualidad que permite establecer con las personas, con las cosas y con las etapas de la vida una relación de autonomía, de autenticidad. El desapego se relaciona con el abandono del ansia y del deseo, que en la filosofía oriental, son consideradas generadores de dolor y sufrimiento. No poder desapegarse de una persona, de un hábito, de una idea, de un objeto, lleva a establecer con ellos relaciones de posesión o de sumisión. El apego es una actitud que nos deja encadenados al pasado, mientras tanto la vida continúa sucediendo.

El apego a una relación, a una costumbre, a un espacio, a una actividad, a una idea, a una práctica, puede llegar a ser tóxico o disfuncional. El apego traba nuestro andar por la vida, carga nuestro equipaje con lo innecesario, nos impide escoger lo necesario. El desapego es “EL ARTE DE SOLTAR”.

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Juzgar y criticar…

Evita el hecho de juzgar y de criticar, el Tao es imparcial y sin juicios, no critica a la gente, tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad. Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es expresar tu opinión muy personal y es una pérdida de energía, es puro ruido.

Juzgar es una manera de esconder sus propias debilidades. El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra. Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resuelto de ti mismo.

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FUENTE: PROVERBIOS ZEN

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El coleccionista de insultos…

Cerca de Tokio vivía un gran samuray, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samuray, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven
guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

—¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samuray repuso:

—Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
—Por supuesto, a quien intentó entregarlo.
—respondió uno de los discípulos.
—Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos —añadió el maestro—.

Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo. Nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos los que decidimos cómo sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos: somos los únicos responsables de ellos. Eso es lo que se llama asertividad.

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Sólo hay dos errores que uno puede cometer en el camino a la verdad: no recorrer todo el camino y no partir.

Buda

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FUENTE: Proverbios Zen

Errores…

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No cambies tu naturaleza…

Un maestro ZEN que vio cómo un alacrán se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose.

El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el alacrán lo picó. Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo: “Perdone, pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?”.

El maestro respondió: “La naturaleza del alacrán es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar”. Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.

No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño, sólo toma precauciones. Algunos persiguen la felicidad, otros la crean. Tenlo presente siempre.

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FUENTE: Proverbios Zen

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Proverbia…

Desecha todo lo que no eres: los propósitos que te impusieron, las ideas y emociones que te hicieron creer que debías pensar y sentir, llegando incluso a creer que eran tuyas. Encuéntrate a ti mismo.

¡Se autentico! sentirás la libertad de amar, de reír, de ser feliz. Solo siendo tu mismo, lograras que tu vida sea plena.

Gassho.

PROVERBIOS ZEN

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GASSHO…

Gassho: Su significado japonés es “las palmas de las manos juntas”, o “dos manos que se juntan”.

Gassho es un gesto de respeto hacia los demás y hacia todas las existencias. Dirige el espíritu por encima del ego y de las consideraciones personales. Gassho crea armonía entre los seres, por muy diferentes que sean. Cuando la acción es la justa, el mundo se vuelve justo.

Cuando hacemos sinceramente Gassho por los demás, se crea una mutua simpatía. Si lo hacemos por el universo entero, incluso los árboles, las montañas y los ríos sienten esta simpatía y nos la devuelven a su vez.

Gassho!

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FUENTE: PROVERBIOS ZEN

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Di??logo Zen…

Maestro, toda la gente habla de la conciencia, de la energíacósmica, de la bondad divina, del ascender y el trascender, del despertar, de los pensamientos y sentimientos, de lo terrenal y lo espiritual, de los dioses y los demonios, y sin embargo estamos todos embargados en lo real, en lo económico, perdemos los trabajos, los ahorros, las esperanzas.

¿Qué está pasando? Hij@, eso se llama evasión.

Cuando el hombre no se siente capaz de lidiar con lo concreto, se refugia en lo difuso y se abraza a sus creencias como si en ellas estuvieran las respuestas. Pero no están ahí; las respuestas están en la realidad, no en las ideas, y la realidad se crea trabajando, no rezando.

Evasion

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El Guardi??n del Monasterio…

El Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un Monasterio Zen.

Cierto día, el Guardián murió y fue preciso sustituirlo.

El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado.

Voy a presentarles un problema, dijo el Gran Maestro, y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.

Terminado su corto discurso, colocó un banquillo en el centro de la sala; encima estaba un florero de porcelana seguramente carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.

Éste es el problema, dice el Gran Maestro; – resuélvanlo -.

Los discípulos contemplaron perplejos el “problema”, por lo que veían los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.

¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?

Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el “problema”, hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al Maestro y a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

– ¡Al fin alguien que lo hizo! – exclamó el Gran Maestro – ¡Empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años!.

Usted es el nuevo guardián. Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó: – Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un “problema”. No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.

Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado, por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae confort… “Solo existe una manera de lidiar con un problema”: atacándolo de frente.

En esas horas, no se puede ser tentado por el lado fascinante que cualquier conflicto acarrea consigo.

Recuerda que un problema, es un problema. No tiene caso tratar de “acomodarlo” y darle vueltas, si al fin y al cabo ya no es otra cosa más que “UN PROBLEMA”.

Déjalo, hazlo a un lado y continúa disfrutando de lo hermoso y lo que vale la pena en la vida.

¡No huyas de él… acaba con él!.

Jarron

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