Archivo de la etiqueta: sufi

La casa de los huéspedes…

El ser humano es una casa de huéspedes.
Cada mañana un nuevo recién llegado.
Una alegría, una tristeza, una maldad
Cierta conciencia momentánea llega
Como un visitante inesperado.

¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!
Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,
Que vacían tu casa con violencia
Aún así, trata a cada huésped con honor
Puede estar creándote el espacio
Para un nuevo deleite

Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,
Recíbelos en la puerta riendo
E invítalos a entrar
Sé agradecido con quien quiera que venga
Porque cada uno ha sido enviado
Como un guía del más allá.

Rumi


Photo Credit: Ana Ruth Rivera Flickr via Compfight cc

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Hay muchas maneras de cazar un tigre…

En la India, Nasrudín se encontró frente a frente con un tigre gigantesco. Aterrado, trepó a un árbol para ocultarse, pero el animal saltó tras él hasta las ramas. Temblando de miedo, el mulá siguió trepando cada vez más arriba. El tigre le siguió con facilidad. Cuando Nasrudín había llegado a las ramas más altas, se volvió hacia el predador y se preparó para morir. En ese momento, el tigre vio a un gran pájaro posado a un lado y saltó, pero la rama en que el pájaro se encontraba era demasiado fina para soportar el gran peso del animal. Se partió y el tigre cayó al suelo.

Varias horas después, Nasrudín reunió el valor suficiente para bajar del árbol y descubrió que el tigre se había matado en la caída. Quitándole la rayada piel, se la puso alrededor de los hombros y siguió su camino. A partir de ese día, Nasrudín fue conocido como un gran cazador.

Cuento sufí

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Photo Credit: QConnan-Photos Flickr via Compfight cc

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La manzana perfecta…

Apenas había concluido Nasruddin su alocución cuando un bromista de entre los asistentes le dijo: «En lugar de tejer teorías espirituales, ¿por qué no nos muestras algo práctico?».

El pobre Nasruddin quedó absolutamente perplejo. «¿Qué clase de cosa práctica quieres que te muestre?», le preguntó. Satisfecho de haber mortificado al mullah y de causar impresión a los presentes,

el bromista dijo: «Muéstranos, por ejemplo, una manzana del jardín del Edén».

Nasruddin tomó inmediatamente una manzana y se la presentó al individuo. «Pero esta manzana», dijo éste, «está mala por un lado. Seguramente una manzana celestial debería ser perfecta».

«Es verdad. Una manzana celestial debería ser perfecta», dijo el mullah. «Pero, dadas tus reales posibilidades, esto es lo más parecido que jamás podrás tener a una manzana celestial».

¿Puede un hombre esperar ver una manzana perfecta con una mirada imperfecta?

¿O detectar la bondad en los demás cuando su propio corazón es egoísta?

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Las apariencias engañan…

Una caravana de ricos y orgullosos mercaderes cruzaba el desierto cuando un anciano subido en un asno y acompañado por dos mulas de carga solicitó unirse al grupo.

Mientras el jefe de la caravana discutía con él esta posibilidad, algunos de los mercaderes se oponían: no tenía aspecto próspero y no parecía suficientemente fuerte para llevar armas en un entorno que sabían infestado de bandidos.

Decía ser cocinero y estar “protegido” por tanto su participación en la caravana sólo podía ser positiva. Finalmente fue aceptado en el grupo y  le permitieron que los siguiera de lejos.

Cuando la caravana se adentró en la parte más yerma del desierto fue atacada por una banda de salteadores muy bien organizada. Encerrados los mercaderes y cuando el cabecilla preparaba junto a sus hombres el reparto del botín, se dieron cuenta de que habían pasado al cocinero por alto. Este estaba extendiendo una larga tela blanca en el suelo y había esparcido sobre ella empanadas de aspecto delicioso.

Cuando le hicieron notar que era un prisionero les respondió que prisionero o no, la gente tenía que comer y él era un cocinero. Los bandidos lo apartaron con violencia y se comieron todas las empanadas. Al cabo de media hora, drogados por algo que contenía la comida dormían profundamente…

Entonces el cocinero liberó a los prisioneros y los bandidos fueron apresados y entregados a las autoridades. De esta manera la persona con menos aspecto de liberador se convirtió en el medio de la salvación de la caravana.

Historia sufí. El Yo dominante, Idries Shah.

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Photo Credit: Danakil (Etiopía) via Compfight cc

FUENTE: Plano Sin Fin

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EL CUENTO DE LAS ARENAS…

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:

“El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río”

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.

“Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino”

¿Pero cómo esto podrá suceder?

“Consintiendo en ser absorbido por el viento”.

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?”

“El viento”, dijeron las arenas, “cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río”

¿Cómo puedo saber que esto es verdad?

“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río.”

¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?

“Tú no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz. “Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial.”

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó –¿o le pareció?– que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia.

Reflexionó: “Sí, ahora conozco mi verdadera identidad“. El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron: “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña”

Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

Awad Afifi el Tunecino

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El huevo…

Nasruddin se ganaba la vida vendiendo huevos. Entró una persona en su tienda y le dijo: «Adivina lo que llevo en la mano».

«Dame una pista», dijo Nasruddin.

«Te daré más de una: Tiene la forma de un huevo y el tamaño de un huevo. Parece un huevo, sabe como un huevo y huele como un huevo. Por dentro es blanco y amarillo. Antes de cocerlo es líquido y, una vez cocido, es espeso. Además, ha sido puesto por una gallina…». «¡Ya lo tengo!», dijo Nasruddin, «¡es una clase de pastel!».

El experto tiene el don de no acertar con lo evidente.

El sumo sacerdote tiene el don de no reconocer al Mesías.

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Aceptar las emociones…

Este ser humano es una casa de huéspedes.
Cada mañana una nueva llegada.
Un gozo, una depresión, un significado,
alguna consciencia momentánea viene,
cual visitante inesperado.

Dales la bienvenida y entreténlos
Incluso si son un cúmulo de penas
que violentamente dejan tu casa
vacía de muebles.

Sigue tratando a cada huésped honorablemente,
Tal vez te deje el camino libre para una nueva dicha.
El pensamiento oscuro, la vergüenza, la malicia,
recíbelas en la puerta riendo,
e invítalas a pasar.

Agradece todo lo que llegue,
porque todo ha sido enviado
como guía del más allá.

Rumi

sufis

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LA SOPA DE LA SOPA DEL GANSO…

En cierta ocasión un pariente visitó a Nasruddin, llevándole como regalo un ganso. Nasruddin cocinó el ave y la compartió con su huésped. No tardaron en acudir un huésped tras otro, alegando todos ser amigos de un amigo «del hombre que te ha traído el ganso». Naturalmente; todos ellos esperaban obtener comida y alojamiento a cuenta del famoso ganso.

Finalmente, Nasruddin no pudo aguantar más. Un día llegó un extraño a su casa y dijo: «Yo soy un amigo del amigo del pariente tuyo que te regaló un ganso». Y, al igual que los demás, se sentó a la mesa, esperando que le dieran de comer. Nasruddin puso ante él una escudilla llena de agua caliente.

«¿Qué es esto?», preguntó el otro. «Esto», dijo Nasruddin, «es la sopa de la sopa del ganso que me regaló mi amigo».

A veces se oye hablar de hombres que se han hecho discípulos de los discípulos de los discípulos de un hombre que ha tenido la experiencia personal de Dios.

Es absolutamente imposible enviar un beso a través de un mensajero.

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Photo Credit: David Ludugério via Compfight cc

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No te aflijas…

No te aflijas: la belleza volverá a encantarte con su gracia;
tu celda de tristeza se trocará en un jardín de rosas.

No te aflijas: tu mal será trocado en bien;
no te detengas en lo que te inquieta,
pues tu espíritu conocerá de nuevo la paz.

No te aflijas: una vez más la vida volverá a tu jardín
y pronto verás, ¡oh cantor de la noche!
una corona de rosas en tu frente.

No te aflijas si, algún día, las esferas del cosmos
no giran según tus deseos,
pues la rueda del tiempo no gira siempre en el mismo sentido.

No te aflijas si, por amor,
penetras en el desierto y las espinas te hieren.

No te aflijas, alma mía,
si el torrente del tiempo arrastra tu morada mortal,
pues tienes el amor para salvarte del naufragio.

No te aflijas si el viaje es amargo,
no te aflijas si la meta es invisible.
Todos los caminos conducen a una sola meta.

No te aflijas, Hafiz,
en tu rincón humilde en que te crees pobre,
abandonado a la noche oscura,
y piensa que aún te queda tu canción y tu amor.

Hafiz, místico y poeta sufi (1325-1390)

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Photo Credit: serdar via Compfight cc

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La fuerza del ermitaño…

La actualidad está caracterizada por un vaivén que nos impide estar en sosiego. Hoy se han multiplicado los padecimientos derivados de la ansiedad por poseer todo, aunque no sepamos a bien de qué se trate ni para qué lo necesitamos.

La celeridad del día a día por contraste nos ha desvelado la valía de lo que en otros tiempos era común disfrutar: los nutrientes del silencio, el regocijo de la soledad y la calidez del aislamiento.

Está documentada la admiración que los antiguos profesaban por los ermitaños o eremitas, aquellos seres que por voluntad propia habían elegido vivir alejados de los demás.

Las palabras de un ermitaño eran invaluables porque permitían entender la naturaleza humana desde una dimensión poco accesible.

Hay un punto común en las enseñanzas de los ermitaños: el silencio no es ausencia de ruido, el silencio permite librar a nuestro profundo Ser de los incesantes intentos del pensamiento por distraerle de su verdadera naturaleza. Si aún los pensamientos distraen a nuestro Ser, entonces no basta la soledad para experimentar el valor del silencio y de la nada.

En atención a lo anterior veamos este cuento sufí:

En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el monarca al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero. Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien, ásperamente, le preguntó:

– ¿Acaso eres un visir?

– Mi rango es superior al de visir -repuso el ermitaño.

– ¿Acaso eres un primer ministro?

– Mi rango es superior al de primer ministro.

Enfurecido, el primer ministro inquirió:

– ¿Acaso eres el mismo rey?

– Mi rango es superior al del rey.

– ¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro.

– Mi rango es superior al de Dios. Fuera de sí, el primer ministro vociferó:

– ¡Nada es superior a Dios!

Y el ermitaño dijo con mucha calma:

– Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo.

Vivir haciéndose uno con verdades profundas es algo que no se adquiere por comunicación, no se enseña, ni se aprende como generalmente lo habíamos hecho con todo lo demás.

En las diversas culturas el ermitaño es representado con larga cabellera y barba blanca, con ropajes maltrechos y delgada figura; cualidades que simbolizan la edad adulta y austera como estado en el cual los hombres alcanzan las herramientas del sabio.

Harían bien nuestras instituciones educativas en dejar de centrar su fortaleza en el conocimiento y aprendizaje que proviene de la angustia y el afán de competencia, porque se requieren educadores que provoquen espacios para la gestión de experiencias propias y trascendentes.

Al tratar de abrevar de lo que no es nuestro, tarde o temprano llegan a nosotros vacíos temporalmente inexplicables y a la larga un síndrome de creer que sabemos cuando en realidad no es así.

Regreso al andar del ermitaño. Percibo que con el afán de mantener ocultas las virtudes del silencio, la soledad y el aislamiento, el camino del ermitaño fue presentado como un trayecto de suplicios e inalcanzable, pero no es así; en la sendera del eremita también hay alegría que emana de la paz.

La fortaleza del ermitaño está ahí y debe ser descifrada para recuperar la serenidad que nos fue arrebatada.

Abel Pérez Rojas

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Photo Credit: Little Sadie via Compfight cc

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