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Cariño ¡ya no hacemos el amor!…

Tener sexo mejora la autoestima, cohesiona la pareja, aumenta los niveles de bienestar, mantiene el deseo, favorece el sueño profundo y reparador, libera dopamina y endorfinas, regula el estrés y tiene muchas más ventajas. Entonces, ¿por qué las parejas tienden a dejarse y disminuir su interés por la actividad sexual a medida que se afianza la pareja? Los motivos pueden ser de todo tipo, desde no tener tiempo a falta de ganas, y cada pareja tiene el suyo. Lo cierto es que la convivencia en muchas parejas reduce la frecuencia de la actividad sexual.

Hacer el amor es uno de los grandes placeres de la vida. Cuando te enamoras, el interés por el sexo va implícito. Las parejas están deseando verse, besarse y tener un momento a solas para disfrutar de las caricias y de la intensidad con la que se manifiestan cada una de las emociones. Hacer el amor al principio de una relación se acompaña de todo un despliegue de plumas llenas de colorido: la higiene más exhaustiva, esos dientes brillantes, la colonia no falta a ninguna cita, la ropa interior sexy y cuidada. Incluso se propicia un ambiente sensual con una cena previa romántica, música, charlar de forma tranquila y sobre temas que unen. Se habla de proyectos, de lo que ambos desean, se exaltan los atributos físicos del otro, se elogia todo lo que llama la atención y toda la energía está puesta en complacer y agradar a la persona.

Las hormonas también hacen de las suyas y potencian el deseo y frenesí entre la pareja. Así que entre la ayuda de la biología, el tiempo que os dedicáis, el cuidado del entorno y de la comunicación, y el envoltorio con el que os presentáis, facilitáis mucho las ganas de hacer el amor.

La mayoría de las parejas, al inicio de la relación, además, dicen disfrutar mucho de las relaciones. Vamos, que son placenteras para ambos. Entonces, ¿por qué llega el día en el que echas más horas en el sofá que en deshacer la cama? Las parejas discuten por ver quién hace la cama por la mañana cuando esa energía debería dirigirse a deshacerla por la noche.

Veamos varios consejos para reconducir la falta de actividad y poder disfrutar de un acto que es saludable, placentero y que une a la pareja.

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El amor que nos hace crecer…

La pareja para mí es camino de crecimiento personal. La buena unión de pareja es aquella que me permite realizarme para ser mejor persona y tener una vida más satisfactoria de acuerdo a mis necesidades. Es decir, la pareja sana permite que cada uno crezca como persona.

Y, en ese camino se hace necesario que aceptemos también el dolor, tanto como el gozo. Y es así porque nuestra pareja o, la dinámica de la relación, en algún momento, nos puede hacer sentir frustrados o tristes o enfadados o decepcionados.

Como dice Joan Garriga en su libro “El buen amor en la pareja”: “Si no aceptamos que en algún momento podemos sufrir, no habrá vínculo ni verdadera experiencia amorosa”.

Y, tú, ¿tu relación de pareja te enriquece o te empobrece? ¿sientes que crecéis juntos?.

Mayte Saavedra

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Photo Credit: Natalia Romay Photography via Compfight cc

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La posición de dormir de una pareja puede revelar mucho sobre la relación…

¿Has notado que, luego de una pelea, generalmente duermes de espaldas a tu pareja o que, luego de un día romántico, duermen con los cuerpos entrelazados? Según los especialistas, el momento que se está viviendo en una relación puede reflejarse en la posición en la que la pareja duerme.

Para algunos psicólogos y especialistas en cognición y lenguaje, se hace preciso observar la posición de la pareja al amanecer, ya que aquellas elegidas a la hora de ir a dormir raramente permanecen iguales luego de una siesta. Para los especialistas en lenguaje corporal, la opinión puede diferir un poco, pero generalmente concuerdan en que la posición a la hora ir a dormir puede ser una ventana emocional hacia la situación que vive la pareja en el momento. Dale un vistazo a lo que las posiciones de dormir más comunes pueden indicar respecto a una relación.

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¿Hasta que la muerte nos separe?…

Es lógico que la mayoría de las parejas traten de pasar el mayor tiempo posible juntas. Que compartan el mismo hogar, duerman juntas y disfruten de actividades comunes. En estos casos descubrimos que el paraíso está aquí, en la Tierra. No hay duda de que es una bendición cuando funciona, pero también puede convertirse en una cárcel infernal en el caso contrario.

Como seres humanos que somos nos equivocamos. El mito de la pareja para toda la vida presupone que vamos a acertar siempre en nuestra elección. La otra opción es creer que tenemos la capacidad de aprender de nuestros errores, de separarnos de la persona con la que hemos compartido una parte de nuestro camino en la vida deseándole lo mejor.

Estamos en una escuela en la que tras una larga caravana de errores podemos encontrarnos a nosotros mismos.

Valoremos como permanente el hecho de saber que hay vida antes de la muerte.

FUENTE: PLANO SIN FIN

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Photo Credit: TechNopal via Compfight cc

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Dependencia emocional en pareja…

En este artículo, Nuria Álvarez nos ayuda a cuestionar nuestras creencias sobre el amor, pasando de un concepto de amor “idílico” a otro más real y sano.
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DESACTIVAR MIEDOS A VIVIR EN PAREJA…

Se podría decir que dentro de cada uno de nosotros habita un personaje hiperprecabido, que nació con la única misión de protegernos ante los peligros que, según él, atentan contra nuestro bienestar y seguridad. El problema es que frecuentemente valora los riesgos en base a criterios heredados, sin cuestionarse si son o no son coherentes con la realidad. Constantemente, esta parte nuestra superprotectora está vigilante, y si cataloga un deseo como “peligroso”, boicoteará todas las estrategiad que pongamos en marcha para lograrlo.

A veces, la parte de mí que necesita tener pareja y se moviliza para conseguirlo, entra en conflicto con la que cree que se sufre mucho estando emparejado, que se pierde libertad, que me pueden engañar, que me complicaré la vida, que no estaré a la altura, que se reirá de mí y me abandonará…

El instante en que acepté que la incertidumbre forma parte del viaje por la existencia, desaparecieron los temores y me dejé llevar por el natural fluir de la vida.

Los miedos anticipatorios son como bombas creadas por la mente sobre lo que nos puede acarrear el futuro. ¿Cómo desactivarlas? Con grandes dosis de confianza y de presencia.

FUENTE: PLANO SIN FIN

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Photo Credit: StefaniaVS via Compfight cc

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Vivir en pareja te acerca al mundo…

Hay cosas que nos acercan al mundo –a la realidad- y otras que nos alejan de la misma. Vivir en el mundo no puede ser lo mismo que en un monasterio de clausura.

La pareja es en bastantes casos un saludable contrapunto a nuestro ego que puede favorecer nuestra presencia en el aquí y ahora, lo que sin duda es un verdadero privilegio. En caso contrario, si trata de encerrarnos en su mazmorra personal, habrá que huir con total determinación.

Gracias a las relaciones horizontales –pareja- salimos de nosotros mismos para comenzar a caminar en el escenario del mundo.

Tenemos la libertad de interpretar cualquier enseñanza positiva o negativa que nos suceda en la vida. ¡Hagamos una buena interpretación!

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Imagen: Dei

FUENTE: PLANO SIN FIN

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Quejas de la pareja…

Muchas veces alguien se queja de los defectos de su pareja y de las continuas peleas que provoca, haciendo de sus vida común una continua crisis. Sin embargo, analizando centenares de árboles genealógicos he visto que donde hay un sádico se encuentra una masoquista o vice-versa. Los problemas de una pareja resultan de una complicidad negativa, donde la causa de los conflictos se divide en un 50% más un 50 %. Esta fábula habla de ese tema:

En aquella región se erguía una tabla. En la punta tenía atravesado un largo y brillante clavo. El clima era hermoso, la tierra fragante y el cielo transparente. Todo parecía sumergido en una paz eterna. El clavo se sentía bien, el viento hacía vibrar su cuerpo agudo: “¡Doy notas musicales, soy feliz!” A esos parajes llegó un dedo meñique. Al ver a nuestro clavo, exclamó: “¡Qué bello eres! ¡Amo tu música! ¡Te adoro!” Su enamoramiento hizo que quisiera estrechar a su amado. El clavo le advirtió: “¡A mí también me excitas, pero ten cuidado, mi acero es más afilado que el de un bisturí, puedes herirte!” “¡No importa -contestó el meñique- deja que me acerque!” Y abalanzándose hizo que la punta lo picara. Por su herida salió una gota de sangre. “¡Dedo loco: si continúas te destruirás!”, protestó el clavo. Pero el dedo, enceguecido por su pasión, respondió: “¡Quiero llegar al fondo: conociéndote haré míos tus secretos!” Y empujó, atravesándose, hasta tocar con su yema la aspereza de la tabla. El obstáculo lo desesperó. “¡Oh, esta madera me impide llegar a tu cabeza!¡Quítala!” “¡No puedo, ella me sostiene, es la base de mi fuerza y mi canto!”, explicó el clavo. El dedo lloró: “¡Qué decepción! ¡Nunca podré conocerte por entero! ¡Te odio!” Y se desprendió del acero gritando de dolor. “¡Han tratado de destruirme! ¡Socorro!” Inmediatamente llegaron sus cuatro hermanos y al verlo sangrar acusaron al clavo de corruptor de menores y criminal. Se lanzaron hacia él y lo doblaron hasta quebrarlo. Le dijeron al pequeño: “¡Ya no volverá a causar daño! ¡Olvídalo!”: Y se fueron. Al poco tiempo el meñique comenzó a aburrirse. Vio a un hermoso cactus que se estiraba hacia el sol. “¡Oh, sus espinas brillan como astros! ¡Lo amo! ¡Quiero abrazarlo!”. El cactus le advirtió que tuviera cuidado, pero el dedo no quiso oírlo, embriagado por su pasión. “¡Amo tu verde radiante! ¡Te adoro! ¡Deja que me acerque a ti!”…

Antes de juzgar a un “canalla” veamos antes cuán culpable es su víctima… Hay quienes creen, por cambiar de una persona a otra, que han escapado de una relación nociva; pero en realidad, bajo la aparente diferencia, buscan la negatividad que les atrae.

Alejandro Jodorowsky

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El buen amor de pareja…

Las 12 reglas de oro para vivir en pareja que Joan Garriga nos propone son:

1. Sin ti no podría vivir/ Sin ti también me iría bien. Somos dos adultos que nos sostenemos sobre nuestros propios pies, no dos niños buscando a sus padres. Sin ti también me iría bien, pero me alegra el corazón que sea contigo y que estemos juntos. “Sin ti no puedo vivir” es una afirmación que proviene de un niño, amor de pareja en versión infantil, no de un adulto. Una pareja sana se da entre adultos que han aprendido a sostener a sus niños interiores.

2. Te Quiero por ti mismo/ Te quiero por ti mismo…bueno, a pesar de ti mismo. Es un regalo enorme amar las sombras del otro, su ego, sus dificultades, y ser compasivos con ello, porque eso significa que somos capaces de reconocer al otro miembro de la relación en su realidad más sombreada. La pareja es un campo de crecimiento en el que se van limando las asperezas del ego gracias a que el amor compartido es capaz de soportarlas.

3. Hazme feliz/ Siento el deseo espontáneo de que seas feliz. La pareja no está pensada para darnos la felicidad, aunque si sabemos conjugar todas sus dimensiones experimentamos algo que se acerca a la dicha. Sentimos que pertenecemos a algo, que hemos creado una intimidad, un vínculo, y que construimos caminos de vida. La pareja proporciona intimidad, sexualidad, vinculación, crecimiento. Aprender a amar al otro como es, dejar atrás idealizaciones y acercarnos a lo real, a lo que es.

4. Quiero una pareja/ Mejor me preparo para ser pareja. El exceso de «yo» y de individualidad por encima del sentido del «nosotros» convierte la pareja en un campo increíble de libertad y al mismo tiempo nos expone a más y más soledad e incertidumbre. Las dos cosas al mismo tiempo. Si quieres tener pareja, trabaja en tu interior para encontrar tu propio tono y manera para ser compañero o compañera, y lo demás se te dará por añadidura.

5. Te lo doy todo/ Mejor te doy lo que me mantiene en el mismo rango que tu. La pareja es una relación de igualdad en la que hay que procurar que haya un intercambio de equilibro y justicia para preservar la paridad de rango. Dar mucho puede generar en el otro un sentimiento de deuda y empequeñecerlo. Mejor dar lo que el otro puede devolver de alguna manera, puesto que con el intercambio fértil crece la felicidad.

6. Dámelo todo/ Dame lo que tienes y eres, y yo puedo compensar para mantener mi dignidad. Cuando alguien en una relación lo pide todo del otro, debemos sospechar dos cosas: la primera, que esa persona es un niño y la segunda, que esa persona sin duda no va a tomar y apreciar lo que se le da, porque está anclada en un guión de insatisfacción que se nutre de demanda, la cual, aunque sea atendida, no se satisface. Mejor el intercambio positivo y gratificante al negativo e hiriente.

7. Ojala sea intenso  y emocional/ Ojala sea fácil. Algunas relaciones discurren con fluidez y facilidad, no chirrían. Son el resultado del encuentro de dos naturalezas que armonizan sin grandes desencajes. Otras veces, todo es difícil, a pesar del amor. Cuando una relación es intensa y emocional, a menudo llega a ser desvitalizante. De hecho las grandes turbulencias emocionales y los juegos psicológicos desgastantes y fatales tienen que ver con reminiscencias de heridas infantiles y viejos anhelos no colmados.

8. Lucho por el poder/ Cooperamos. Demasiados siglos de lucha y sufrimiento entre hombres y mujeres nos convocan a una reconciliación. Es maravilloso cuando en la pareja ambos sienten adentro, de verdad, de corazón, que no hay mejor ni peor, y que caminan juntos. No uno por arriba y otro por abajo, no uno por delante y otro por detrás. Cooperan. Son compañeros y amigos y hermanos y amantes y socios. Uno y uno son más que dos. En lo más profundo las mujeres se suelen sentir mejores que los hombres, pero las más inteligentes se encargan de que sus parejas no lo noten.

9. Yo pienso, tu sientes, y ante lo difícil sálvese quien pueda/ Reímos y lloramos juntos y juntos nos abrimos a la alegría y el dolor. Las parejas enfrentan en su proceso vital asuntos que en algún momento duelen: hijos que no vienen, abortos, muertes o enfermedades de seres queridos, vaivenes económicos y existenciales. Son asuntos que ponen a prueba la capacidad de aguante de la pareja, y que o bien la fortalecen o bien la derrumban y ponen en ella resentimientos y millas de distancia.

10. Que sea para siempre/ Que dure lo que dure Entrar en el amor de pareja significa también hacerse candidato al dolor de un posible final. Hoy en día se habla de monogamia secuencial, esto es de que, estadísticamente, cabe esperar que tengamos entre tres y cuatro parejas a lo largo de nuestra vida, con el consiguiente estrés y tránsitos emocionales complejos que ello conlleva. Cuando no hay un contrato institucional de por medio, tenemos una oportunidad de crear la pareja cada día, a nuestra manera y de vivir lo que nos permite. Si llega el final, aprendemos el lenguaje del dolor, la ligereza y el desapego, para luego volver de nuevo al carril del amor y de la vida.

11. Primero los padres o los hijos y luego tu/ Primero nosotros, antes que nuestras familias de origen y que nuestros hijos en común. Conviene saber que el amor se desarrolla mejor en universos de relación ordenados: que los padres sean padres y que los hijos sean hijos, que la pareja que se ha creado (que puede incluir a hijos de anteriores relaciones) tenga prioridad frente a parejas anteriores o frente a las familias de origen. Que el pasado sea honrado y labre un buen presente y un buen futuro. Algunas personas dan más importancia a los hijos en común que a la pareja, lo cual acaba creando malestar en todos. Al mismo tiempo, una pareja posterior debe saber que tiene más posibilidades de ocupar un buen lugar si asume que los hijos de su pareja estaban antes y respeta su prioridad.

12. Te conozco/ Cada día te veo y te reconozco de nuevo. Algunas parejas no se relacionan con la persona que tienen al lado, sino con las imágenes interiores que se han ido formando de esa persona a lo largo del tiempo. Viven en el pasado y se olvidan de actualizarse cada día. Para evitarlo, ayuda, y mucho, abrir la percepción a cada instante nuevo y no dar a la otra persona por supuesta. El otro se ilumina cuando le reconocemos y le descubrimos como nuevo, y de este modo también nosotros nos volvemos nuevos y jóvenes.

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FUENTE: Revista Namaste

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Mitos de las relaciones de pareja…

A medida que se cumplen aniversarios de inicio y ruptura, 
van apareciendo con claridad las parcialidades de las relaciones de pareja. He aquí unas cuantas.
1- Tener pareja me va a dar felicidad.
Bueno, yo diría que esto es cierto durante los primeros meses. Después la cosa decae y lo que proporciona la pareja es frustración, precisamente por haber depositado en ella tantas esperanzas de felicidad.
2- Tener pareja no me va a dar felicidad.
Cierto, pero a ver quién es el listo que puede pasar sin tener pareja. Lo cierto es que necesitamos relacionarnos, tener sexo, dar y recibir afecto, compartir proyectos, fundar una familia.
3- Yo puedo estar sin sexo, y sin pareja.
Bien, si por casualidad has nacido con un nivel hormonal anormalmente bajo, podrías no sentir impulso sexual. Si a eso le añades una vocación religiosa o mística, caerás en la tentación de predicar un celibato que es resultado de una condición patológica de tu cuerpo, no de una realidad emocional normal. Y lo mismo te ocurriría si has padecido una educación o una experiencia traumática que te impulse a reprimir el sexo. Estos dos aspectos han constituido la equivocación más importante de la Iglesia desde hace siglos. Para las personas que poseen un metabolismo corporal y emocional sano, tener sexo es una necesidad tan sana y normal como comer o beber.
4- Hay parejas que están bien, y otras que están mal.
Pues no. Una vez pasados los primeros meses o años, todas las parejas “están mal”. De forma inevitable se llega al hastío, el odio, el rencor, el aburrimiento. Algunas parejas, por simple constitución genética, exteriorizan más todo esto, y eso hace que puedan ser señaladas con el dedo por aquellas otras parejas que logran (también por cuestión genética) que su violencia esté más reprimida. Casi todas las parejas están rotas, sólo que algunas consiguen sobrevivir bajo el mismo techo. Algunas se refugian en una vida laboral y social muy intensas, de forma que apenas tienen contacto entre sí. Eso es una forma de enlentecer o de obviar el conocimiento profundo del otro. Si ese conocimiento no se obvia con algún escape, el desengaño termina por llegar.
5- La violencia verbal en una pareja indica el nivel de madurez de sus integrantes. 
Pues tampoco. Hay parejas que son francamente violentas, pero esa es toda la violencia que tienen. Otras parejas parecen más pacíficas, pero pueden expresar una gran crueldad con los hijos, por ejemplo. El río de la violencia siempre se expresará, si construyes un dique para que no hiera a tu pareja, puede que se desborde con tu hijo, o con tu jefe en el trabajo. Es cierto que hay violencias patológicas, pero el noventa por ciento de los humanos tenemos un nivel de violencia que es similar. Y que es muy alta. Pero algunos consiguen disimularla más, eso es todo.
6- Unos padres tranquilos cuidarán bien a sus hijos.
No necesariamente. Hay papás y mamás sumamente calmados que desatienden a sus hijos, a veces en grado extremo. Y he conocido padres y madres que discuten constantemente con sus parejas, pero que son muy sensibles a las necesidades de sus retoños.
7- La pareja puede mejorar y madurar.
Sólo un poquito. Las parejas se unen para dramatizar sus traumas de infancia. Lo que se enamora, lo que se “engancha” al otro, es la sombra, todo aquello que ha sido reprimido. Y no hay manera de desenganchase, excepto con algún suceso que sea muy violento, ya sea una infidelidad, un hastío crónico, o la llegada de otra persona. Entonces, cuando dejas a tu antigua pareja y te unes a otra, compruebas que aquello que has aprendido lo aplicas a la nueva pareja. Y ves que “lo de antes no era amor, era un enganche de sombras”. La cruda realidad es que no podemos estar desenganchados, sólo cambiar de enganche. Por eso, cuando encontramos pareja nueva, la relación con la anterior se calma. De repente, podemos verla con nuevos ojos, con perspectiva. Nos hemos desenganchado de ella, pero sólo porque ya estamos enganchados a otra. Esto ocurre porque nuestra sombra no está curada, y necesita desesperadamente la unión con otra para su redención.
8- Antiguamente había parejas estables.
Sólo por fuera. Antiguamente la mujer no podía imaginar siquiera permanecer sola, mucho menos trabajar o ser madre soltera. Una relación muy común era la de una mujer dominante que vampirizaba a un hombre débil que no obstante intentaba demostrar su hombría mediante la violencia física. Este tipo de relación se basaba en traumas infantiles muy severos (castigos físicos) que generaban hombres y mujeres tocados para el resto de sus vidas. Cuando esos hombres y esas mujeres formaban pareja, en realidad estaban buscando a papá y mamá. Se pasaban todo su matrimonio recreando el drama que tuvieron con sus padres. En realidad, los matrimonios antiguos son incesto. Si pegas y torturas a un bebé, lo dejarás bloqueado, enganchado en esa edad, y por tanto nunca se separará del todo de su padre o de su madre. Luego buscará en su pareja a ese papá o esa mamá, eso es incesto usando a otro. Obviamente, como esas patologías son muy “estables” (es decir, no se curan), una unión basada en ellas es también “estable”.
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