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Piérdele el miedo al miedo…

El miedo al miedo es de los círculos viciosos más desesperantes que he podido experimentar, pareciera que no tiene salida y que nada más aumenta tu malestar.  Por eso, si tienes miedo al miedo, de volver a sentirte mal, de que regrese la ansiedad o a volver a experimentar un ataque de pánico… aquí te platico algunas ideas para superarlo.

¿Cómo es tener miedo al miedo?

Simplemente te da miedo tener miedo, porque sabes que al tener miedo sufres, que te generas ansiedad y que puedes terminar teniendo un ataque de pánico.  De cierta forma, andas de puntitas contigo mismo en cuanto a evitar cualquier cosa que te vuelva a activar el miedo, dejas de hacer cosas o te pones distracciones para no sentirlo.

Tener miedo al miedo es prácticamente estar paranóico y alerta de que no vuelvas a tener miedo porque sabes que te pones muy mal.

¿Qué consigues al tenerle miedo al miedo?

Solamente meterte en un círculo vicioso, porque al hacer esto, estás actuando en base al miedo. O sea, tu crees que al tenerle miedo al miedo estás haciendo algo por evitarlo, pero en realidad, ya lo estás viviendo, ya lo estás generando.

A veces creemos que al estar alerta estamos evitando eso que no queremos experimentar, pero en cuanto a tenerle miedo al miedo, claramente no funciona, pues el miedo ya está ahí.

Piérdele el miedo al miedo

Entonces, precisamente se trata de que dejes de ver al miedo como algo que sale de tu control, dejar de verlo como lo peor que existe y empezar a perderle el miedo, ¿cómo…? sintiéndolo.

Sí, hay que decirnos a nosotros mismos “bueno, si siento miedo, no será el fin del mundo, lo he sentido antes y aquí sigo, si lo vuelvo a sentir, sabré qué hacer en el momento, el miedo sale de mi y de mi mente así es que siempre estaré en control de él”.

Y cuando empieces a sentir miedo… en lugar de querer frenarlo, distraerte o luego luego suprimirlo, déjate sentirlo por un momento, sumérgete en tu miedo, y ya después…

Habla con tu miedo

No nada más salgas corriendo por sentir miedo, haz un alto y enfréntalo, háblale, pregúntale qué está haciendo aquí, qué es lo que quiere, dile que tú estás en control de ti mismo y que por más feo que se sienta él… no podrá dañarte en realidad, dile que es una fantasía creada por tu mente.

En otras palabras… pon a tu miedo en su lugar. Y su lugar, es el que al ser producto de tu mente, no es mas grande que tu.

Reconoce la distorsión detrás del miedo

En el intermedio de que estás hablando con tu miedo, reconoce cuál es la distorsión, el error o la mentira detrás de él, qué es lo que te está diciendo que no es verdad, sobre ti, sobre el mundo, sobre los demás o sobre algo que está pasando.

Y después, dile cuál es la verdad…

¿Qué es lo peor que podría pasar si sientes miedo?

Hazte esta pregunta, reflexiona por un momento…¿qué es lo peor que podría pasar si sientes miedo?

Y vuélvete a preguntar esa pregunta sobre la respuesta que encuentres, y finalmente, resuelve lo que se esconde detrás de tenerle miedo al miedo.

Por ejemplo: si siento miedo, lo peor que podría pasar es que me de ansiedad. Si siento ansiedad, lo peor que podría pasar es que tenga un ataque de pánico. Si me da un ataque, lo peor que podría pasar es que me sienta mal por un rato.

Date cuenta que al final, no es tan grave como crees, ¡claro! si realmente ya estás convencido de que no hay peligro real detrás de un ataque de pánico, cosa que tendrías que convencerte para perderle el miedo al miedo.

Necesitas sentirte capaz de enfrentar el miedo

Si el miedo te está llevando a tener ansiedad o un ataque de pánico, y no te sientes capaz de enfrentarlo o de saber qué hacer en ese momento..entonces claro que tendrás más miedo al miedo. Pero, una vez que sabes qué hacer y te sientes preparado, capacitado y con las herramientas necesarias, no tendrías miedo de enfrentarlo.

Lo más importante que necesitas saber para enfrentar la ansiedad y el pánico y el miedo, es que luchar y huir no sirve de nada, necesitas quedarte, enfrentar, aceptar y sentir… y en ese momento, el miedo perderá valor sobre ti.

Eventualmente, te podrás reír de tu miedo

Así es, una vez que hiciste lo anterior, puede llegar un momento en el que inmediatamente aceptas el miedo, ves su distorsión y naturalmente, espontáneamente, te reirías de él. Podrías burlarte pues sabes que te está asustando sin razón, que es un embustero que nada más magnifica las cosas de proporción… y entonces, te ríes de él.

En conclusión

  • reconoce que tú eres mas grande que tu miedo
  • deja de huirle
  • quédate, enfréntalo, siéntelo y habla con él
  • reconoce su distorsión
  • ponle límites, dile que tu estás en cargo de ti mismo
  • recuerda que si ya lo enfrentaste una vez puedes hacerlo otra vez
  • reconoce que ya tienes mas herramientas y conocimientos para hacerlo
  • siéntete capaz de sentir miedo y con el poder de superarlo

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FUENTE: Deansiedad

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El miedo y la ley de la atracción…

Uno de los grandes problemas que pueden aparecer al momento de manifestar lo que queremos con la ley de atracción es el miedo.

Quizás conscientemente crees que confías en tus habilidades, en las herramientas que estás aprendiendo a aplicar para manifestar lo que realmente quieres en tu vida, pero de pronto vienen las dudas y esto se debe a algún temor.

Esto se debe a que nos hemos programado a sólo hacer las cosas que sabemos que nos van a salir bien.

Quizás hayas escuchado la frase “Si voy a hacer algo lo hago bien si no no lo hago”, lo que quiere decir que tenemos miedo fracasar cuando en realidad el fracaso es parte del aprendizaje y del camino para llegar al éxito.

Los miedos, según los expertos, son sólo ilusiones que tenemos para protegernos y no salir de nuestra zona de confort, pero una vez que los venzamos veremos que no tenían razón de ser.

¿Cómo vencer los miedos? La forma más fácil de vencer cualquier miedo que tengas es haciendo lo que más temes. Recuerda que si tienes temores a que las cosas sigan igual o que se empeoren le estarás diciendo a la ley de atracción que te traiga más de lo mismo para que luego digas “ya ves, tenía razón”.

Recuerda que la ley de atracción no distingue entre qué cosa es buena para ti y qué no, sólo te trae lo que tú le pides y le tomas mayor atención. Haz un listado con todos tus temores y pregúntate ¿Qué pasaría si no tuviera miedo de…? y empieza a actuar.

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FUENTE: Pensamientos Poderosos

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Las causas del miedo…

Uno se pregunta por qué los seres humanos que han vivido en esta tierra durante millones de años, inteligentes en cuanto a la tecnología, por qué no han empleado su inteligencia para liberarse de ese problema tan complejo del miedo, que puede ser uno de los motivos de guerra, un motivo para matar a otros. Y las religiones de todo el mundo no han solucionado este problema, ni tampoco los gurús, los salvadores o los ideales. Así pues, está claro que ningún agente externo, por más elevado, por más popular que sea por la propaganda, ningún agente externo nunca podrá, bajo ninguna circunstancia, solucionar el problema del miedo humano…

Y, tal vez, hayamos aceptado ese patrón del miedo porque ni siquiera queremos salir de ahí. Y bien, ¿qué es el miedo? ¿Cuáles son los factores que contribuyen a crear el miedo? De la misma manera que muchos arroyos pequeños y riachuelos forman el amplio volumen de un río, ¿cuáles son los pequeños arroyos que crean el miedo?

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Photo Credit: Iñaki Mateos via Compfight cc

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El León sediento…

Un león que vivía en la selva, al tener sed, se acercó a un lago para poder calmarla en sus despejadas aguas.

Al ir a introducir las fauces en las aguas del lago, vió su rostro reflejado en las mismas y, creyendo que era el de otro león, se dijo a sí mismo:
“¡Vaya, estas aguas deben pertenecer a este león!”.
Y, sin poder calmar la sed, se dió media vuelta y partió.

Pasado un rato, sentía tanta sed que decidió volver hasta el lago y, al ir a beber, de nuevo vió el rostro del león del lago. Abrió sus amenazadoras fauces, pero al ver que el león del lago también lo hacía, retrocedió aterrado, pensando: “¡Este león es muy peligroso!. Lo mejor será irme o me devorará”.
Así lo hizo y se alejó unos metros. Cada vez tenía más y más sed, tanto que ya resultaba inaguantable. Lo intentó varias veces más, pero siempre se interponía el león del lago.

Cuando ya la sed le consumía, pensó:
“Moriré al hacerlo, pero ya no puedo dejar de beber”.
Se acercó a las aguas del lago y, al tratar de beber, de nuevo apareció el rostro del león del lago. Ya no podía más, por lo que, con un movimiento rápido, metió la cabeza en el agua y bebió hasta saciarse. Entonces, sorprendido, se dió cuenta de que el león que tanto temiera había desaparecido.

REFLEXIÓN:

No hay peores miedos que los imaginarios, ni peores temores que los infundados.
Muy a menudo, nuestra incontrolada imaginación nos hace ver lo que tememos, como el que ve una venenosa serpiente en la inofensiva cuerda.

Pero no basta con saber que un miedo o temor es irracional e incluso absurdo, porque muchas veces no encontramos los recursos anímicos necesarios para superarlo. Por eso hay que someterse a una disciplina mental que nos ayude a transformarnos y potenciar nuestros recursos internos.

El miedo limita y constriñe, sembrando mucho desasosiego y puede llegar a desequilibrar a la persona y estrechar su consciencia en grado sumo e incluso a generar no pocas enfermedades psicosomáticas. Me refiero a ese miedo inútil, que es infundado, ya que el miedo con fundamento es un aliado en cuanto que nos permite reaccionar ante el peligro o la amenaza.

A menudo los miedos desaparecen cuando nos enfrentamos a ellos y los atravesamos, pero, si no es posible, con algunos miedos hay que aprender a convivir con ellos y a hacer las cosas a pesar del temor. Muchas de nuestras acciones nos pueden inspirar temor, pero tenemos que a pesar de todo, cuando son necesarias, ejecutarlas, igual que una persona que por su trabajo requiere viajar en avión, aunque lo tema, tiene que hacerlo a pesar de ello y sobreponerse.

Hay miedos aprendidos, que vienen de atrás, y otros que nacen de una imaginación mal canalizada y que nos hace presuponer situaciones amenazantes de futuro. Pero no hay nadie que no tenga miedo en una u otra ocasión, si bien es cierto que cuanto mejor se controla la mente y más se la centra en el momento presente, menos miedos se apoderan de ella.

Hay miedos infundados muy intensos y que son fóbicos, que resultan síntomas de una psicología que todavía tiene que madurar y liberarse de sentimientos de culpa, completos o frustraciones. Porque somos humanos tenemos miedos, pero paulatinamente podemos ir venciendo a muchos “leones” imaginarios.

Ramiro Calle

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Photo Credit: * Cati Kaoe * via Compfight cc

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Miedo sano, miedo tóxico…

Si tienes miedo, es una gran noticia: estás vivo. Solo dejamos de sentirlo bajo tres circunstancias: cuando lo llamamos de otro modo, cuando tenemos una lesión cerebral o bien, cuando estamos muertos. Como lo resumen los budistas: “Muy pocas veces no tenemos miedo. Sólo cuando sentimos pánico”. El motivo es sencillo: nacemos con él y es la emoción estrella que nos ha permitido llegar hasta nuestros días como especie.

El miedo nos ayuda a protegernos de los peligros y nos proporciona ciertas dosis de prudencia para no decir lo que realmente pensamos a nuestro jefe o abandonar nuestro trabajo sin otra opción laboral (aunque muchos jueguen a la lotería para permitirse el lujo de poder hacerlo algún día). El miedo, por tanto, equilibra ciertos impulsos que tenemos desde muy pequeños. Los padres juegan un papel esencial en su transmisión. Educan a sus hijos para que no se asomen demasiado a una ventana, no jueguen con los enchufes o respeten a los profesores (esto último no está muy claro). En definitiva, necesitamos el miedo sano para ser prudentes. Y ya lo decía Aristóteles: la prudencia es la virtud práctica de los sabios.

 Sin embargo, este tipo de miedo, el sano deja de ser positivo cuando nos paraliza y nos impide poner en juego todo nuestro potencial. Es entonces cuando se convierte en miedo tóxico. Y éste, sin lugar a dudas, no sólo es innecesario sino que, además, nos perjudica a nosotros y a nuestras empresas. El uso del miedo tóxico tiene un alto precio en la cuenta de resultados y en nuestra felicidad, pero, desafortunadamente, está a la orden del día.

El miedo sano y el tóxico están íntimamente relacionados. Podríamos decir que se trata de un mismo actor interpretando los dos personajes más universales de la novela de Stevenson: el doctor Jekyll (miedo sano) y míster Hyde (miedo tóxico). Ambos nacen de la misma emoción –el personaje del médico, siguiendo con el ejemplo novelesco–. El tóxico es una deformación del sano. Todos tememos perder el afecto de nuestros seres queridos (miedo sano), pero condicionar nuestro comportamiento día tras día para obtener la aprobación de quienes nos rodean es miedo tóxico. Y las consecuencias de ambos tipos son bien distintas, tanto en la novela como en la vida real.

¿Qué diferencias hay entre el miedo sano y el tóxico? La más importante es su efecto. Cuando el miedo sano se deforma en tóxico, entra en escena míster Hyde, asesinando nuestras capacidades. Nos deja vacíos de futuro. Es un freno a nuestro talento y al de otros si tenemos responsabilidades directivas. El sano, por el contrario, es inocuo respecto al desempeño. Otra diferencia es su duración. El miedo tóxico no tiene fecha de caducidad (sin necesidad de conservantes ni colorantes), quien lo sufre se ve afectado por él en una gran parte de sus decisiones y comportamientos, tanto en su trabajo como fuera del mismo. El sano, sin embargo, sólo hace su “aparición estelar” en momentos puntuales. La diferencia es sutil, pero los resultados de traspasar la delgada línea roja no lo son en absoluto. Y, desgraciadamente, cuando una empresa o una personas emplea el miedo como forma de gestión o de relacionarse con el resto, pulsa el interruptor de nuestro miedo sano y lo convierte en míster Hyde.

Así pues, el primer paso para abordar un miedo es saber diferenciarlo de sano a tóxico. Piensa algo que te preocupe y reflexiona sobre las siguientes preguntas:

Recetas

  1. ¿El miedo te impide tomar decisiones que realmente desearías tomar o solo es una advertencia?
  2. Si fueras capaz de imaginarte dentro de varios años, ¿te arrepentirías de la decisión que no eres capaz de tomar por dicho miedo?
  3. ¿Es una emoción que es puntual o te está quitando el sueño?

Fórmula

El miedo sano es la prudencia que nos advierte de los peligros. El miedo tóxico paraliza decisiones que desearíamos tomar y se convierte en una preocupación constante.

FUENTE: DESQBRE

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Photo Credit: Historias Visuales via Compfight cc

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El desmotivador…

Toda empresa que se precie cuenta entre sus filas con un desmotivador. Son muchas las frases lapidarias que te ayudarán a reconocerlo: “A este paso llegamos a los 5 millones de parados” “La situación no mejora” “Para qué voy a esforzarme si el mundo se acaba en el 2012″. El desmotivador puede ser cualquier persona, desde tu jefe o un compañero de trabajo hasta el camarero del bar de la esquina. Podrás reconocerlo por su andar apesadumbrado, su mirada vidriosa y su espalda encorvada sobre la cual descansa el peso del mundo.

Cuándo le preguntas a un desmotivador cómo le va, te responderá que “tirando” o“aguantando el temporal”. Yo, que siempre he tenido una mente muy visual, cuando escucho estas afirmaciones no puedo dejar de imaginarme al desmotivador tirando de una cuerda imaginaria en cuyo extremo se encuentra una roca enorme que permanece impasible ante los esfuerzos del desmotivador por seguir “tirando” hacia adelante. También puedo visualizarlo al frente del timón de un barco luchando por mantener el rumbo fijo en medio de una gran tormenta que es la fuente de sus desdichas.

El desmotivador se alimenta de la motivación de personas como tú que ya se encuentran motivadas. El desmotivador es un vampiro emocional que camina errante por el mundo a la búsqueda de nuevas víctimas a las cuales robarles la motivación. Sin embargo esa motivación positiva que extraen de ti sufre una transformación en el interior del desmotivador y se convierte en motivación negativa que les ayuda a extender sus tentáculos de pesimismo cada vez más lejos.

La característica principal de un desmotivador es su sonrisa. Existe una contradicción entre el pesimismo de las palabras que salen de su boca y el gesto positivo de su rostro. Puedo asegurarte que la sonrisa del desmotivador no es consecuencia de la alegría por poder hablar un rato contigo, más bien es la alegría del cazador que sabe que ha encontrado una nueva presa. Nunca verás a un desmotivador sonreir cuando nadie le mira. Sin embargo cuando se encuentra contigo sufre un cambio instantáneo. Tu mera presencia ya le está insuflando fuerzas. Notarás como su espalda pierde rigidez. Su mirada se concentra y sus pupilas se dilatan. Tú dudas entre correr o gritar. Sin embargo te quedas petrificado escuchando atentamente sus hipnóticas palabras y sintiendo cómo tu energía vital va abandonando tu cuerpo poco a poco, muy lentamente.

Si no estás lo suficientemente preparado, un encuentro con un desmotivador puede ser devastador y dejarte completamente agotado sin ninguna fuerza para realizar el resto de actividades que tenías programadas. Trata de identificar a los desmotivadores y adelantate a ellos construyendo un muro a tu alrededor que impida que la motivación salga de ti. Cuando te encuentres con un desmotivador observalo como el espectador de toros que contempla el espectáculo detrás de la barrera protectora. Dentro de esa barrera te sientes seguro y los tentáculos del desmotivador ni siquiera pueden rozarte.

Cuando un desmotivador te diga que va “tirando”, no dudes en responderle: “pues yo estoy genial”. Asistirás al nacimiento de la duda y la desorientación asomando por un instante en su rostro. No te sientas mal por dar este tipo de contestaciones. En realidad te estás ayudando a ti mismo y también estás ayudando al desmotivador a salir poco a poco del circulo vicioso en el que se encuentra atrapado. No olvides que eres lo que escuchas, y la única persona que escucha constantemente las palabras que dice el desmotivador es el propio desmotivador. Ante esta situación lo mejor que puedes hacer por el desmotivador es contraatacar con respuestas como las que he comentado antes. Seguro que la próxima vez que se encuentre contigo escogerá cuidadosamente sus palabras. Ese será el primer paso para ayudar al desmotivador a romper su dinámica y cambiar la percepción del mundo que le rodea. En ese momento comenzará a convertirse en un motivador.

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FUENTE: Psicocode

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La pregunta es: “¿Cómo librarse del miedo?” En primer término, cualquier cosa que sea vencida tiene que ser subyugada una y otra vez. No es posible vencer, sobreponerse a un problema; el problema puede ser comprendido, no vencido.

Esos son dos procesos completamente diferentes; y el proceso de vencer conduce a mayor confusión, a mayor miedo. Resistir, dominar, batallar con un problema, o erigir contra él una defensa, es sólo crear mayor conflicto. Si en lugar de ello podemos comprender el miedo, penetrarlo plenamente paso a paso, explorar todo su contenido, el miedo jamás volverá en forma alguna.

J. Krishnamurti

Miedo

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Citas sobre el miedo…

Teníamos miedo y encendíamos la luz. Eso mismo podemos seguir haciendo: un poco de luz arrojada sobre ese miedo nos permitirá verlo mejor y deshará la fuente de nuestras angustias.

Como dice el proverbio, “la vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia…“

Mira al miedo a la cara y dejará de molestarte.
Sri Yukteswar

Afortunadamente, nos está permitido transformar el miedo en valor.
Rabindranath Tagore

Aprendí que el coraje no era la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino el que conquista ese miedo.
Nelson Mandela

El futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable; para el miedoso, lo desconocido; para el valiente, la oportunidad.
Victor Hugo

La buena suerte libra a muchos de su castigo, pero a nadie del miedo.
Séneca

Quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no vivir.
Anónimo

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FUENTE: CREATE&SHARE

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Miedos…

Laura arrastra consigo, desde hace muchos años, una gran bolsa llena de miedos. A veces, durante la noche, cuando no puede dormir, todos sus miedos salen de la gran bolsa, se hinchan, crecen y llenan su mente.

Hay miedos absurdos que la angustian profundamente. El miedo a que los demás oigan los pensamientos que fabrica. El miedo a que no se vuelva a hacer de día. El miedo a que una de sus arrugas divida su cara. El miedo a que su llave deje de abrir la puerta de su casa…

El miedo a que se pueda traicionar y decir todo aquello a lo que tiene miedo y la tomen por loca… Y el miedo a no poder decir nada, porque todo lo siente frágil e inestable. Laura teme que sus miedos la asfixien y la maten las palabras.

En su bolsa hay también miedos verdaderos: el miedo a no saber quién es y el temor a saberlo; el miedo a su soledad y el temor a tener compañía; el miedo a las otras miradas y el temor a que la dejen de mirar; el miedo a soñar y el temor al vacio si deja morir sus sueños; el miedo a arriesgarse y el temor a dejarlo de intentar; el miedo a amar y el pánico a dejarse amar; el miedo a vivir y el terror a morir.

Cuando salen sus miedos de la bolsa, Laura no sabe que hacer y se agarra a sus miedos más absurdos para no enfrentarse a los miedos verdaderos…

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FUENTE: Caminando en la perseverancia

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Sobre el miedo y la ansiedad…

El miedo es tu amigo. Él te cuida y te protege cuando estás en peligro. Utilízalo cuando realmente sea necesario hacerlo. No lo derroches en susceptibilidades y angustias inútiles. Temerle a un buen enemigo es una ventaja afortunada que no debes desperdiciar. El miedo forma parte de tu naturaleza, él está ahí porque el universo te quiere vivo. Cambia tu concepción del temor, aunque sea incómodo sentirlo. Él tiende a agotarse, y a la hora de la verdad, solamente se trata de adrenalina corriendo por las venas. Cada vez que sientas miedo, la biología más primaria te está aconsejando. Te está diciendo: “Algo estás percibiendo como amenazante, por eso me activaste.

Dime, ¿qué te preocupa?” La mente inventó la ansiedad, como una forma evolucionada de temor. Ella te da la posibilidad de desarrollar una actitud previsora y prepararte para la defensa, pero no exageres su uso. Elimina de una vez el pensamiento negativo y agrégale un poco de optimismo para que el porvenir sea más refrescante. Si la ansiedad te molesta demasiado, debes calibrar tu contador de calamidades o entregarte a la sana resignación. Si el miedo es irracional, descífralo, enfréntalo y quítalo del camino. Si es racional, déjalo en paz, él se irá cuando deba hacerlo.

Walter Riso

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¡Gracias Pao!

FUENTE: El amor está en el aire

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