Archivo de la etiqueta: microcuentos

Es cierto…

Es cierto que tengo miedo de abrir algunas puertas. Para controlarlo empleo métodos yogas y métodos caseros, pero el miedo también tiene sus recursos. Espera que logre dominarlo. Espera que pueda abrir la puerta. Espera pacientemente del otro lado para abalanzarse sobre mí.

Ana María Shua


Photo Credit: FerPer Flickr via Compfight cc

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La cebolla sonriente…

La cebolla no paraba de sonreir, ni siquiera mientras la apuñalaba y la cortaba a juliana. Estuve una tarde sin parar de llorar. Al principio por el jugo que me saltaba a los ojos, luego por todo lo que dije, después por todo lo que callé.

Día tras día, verdulería tras verdulería, supermercados y badulakes. No encuentro, no hay más cebollas sonrientes.

Mira que lloré y lo a poco que me supo. Necesitaría diez cebollas sonrientes más para llorar todo lo que me falta, todo lo que me sobra, todas las espaldas que no acaricié, todos los sitios a los que no fui, todas las veces que aparté la mirada, todos los cuentos que ya no escribo.

Diago Lezaun

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Cuestión de manías y costumbres…

#nochedeletras

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Hombre solitario…

No era un solitario, pero disfrutaba de la soledad. Casi siempre, lograba descubrir lugares interesantes donde otros no los veían y los dejaban pasar indiferentes. Tenía esa particular habilidad. Recorriendo los mapas, había descubierto la existencia de una laguna oscura nacida de los deshielos en lo alto de una montaña del Sur, bastante alta y difícil de escalar. Sintió el llamado del silencio y la soledad y, como siempre, emprendió el camino con muy poco equipo. Eso formaba parte del placer que sentía al arriesgarse.

Comenzó la caminata en una soleada mañana de verano. Cruzo una tranquera y comenzó a caminar por el polvoriento sendero rodeado de altos arboles cuyas copas se agitaban con el viento. Entre las resquebrajadas hojas, el cielo celeste aparecía velado por altas y transparente nubes. Al cabo de unas horas el camino dejo de ser polvoriento y se transformo en grupos de grandes piedras desordenadas que había que sortear y escalar. El  silencio, solo acompañado por el  murmullo del viento, lo hacía sentir feliz. Era la gran soledad que había buscado.

Entre los grises apareció la laguna oscura, casi negra, rodeada de piedras y de los restos blanquecinos de los hielos del invierno navegando sobre las aguas temblorosas. Se sentó cansado sobre una de ellas, al borde del agua helada. Se saco las zapatillas y sumergió en ella unos instantes sus pies doloridos. Luego se extendió sobre una roca y disfruto del cielo y la soledad. Sus pensamientos corrían apacibles dentro de su mundo interior. El sol lo entibiaba. En ese momento fue cuando escucho los gritos de la mujer pidiendo auxilio. Dudo en levantarse de su cama de piedra, dudo en dejar perdidos sus pensamientos, pero con fastidio se puso de pie. A lo lejos vio una pareja. El estaba en el suelo  tirado al pie de una roca y ella agitaba los brazos en su dirección. ¿Lo habrían visto?

Sintió que habían roto su soledad, que sin autorizarlos habían intervenido en su vida.ran unos extraños. Y la tentación fue abriéndose paso en su mente. ¿Por qué tengo que ir en su ayuda? Yo no busque a nadie, no los necesito, no los quiero, me molestan. Quiero ignorarlos.

Sin embargo, lentamente se encamino hacia ellos. Si, iba a cumplir con su deber de ayudarlos.  Iban a agradecerle  su auxilio, el iba a cumplir con las reglas de los montañistas, pero ellos nunca sabrían que él, el solitario, los detestaba y que en su fuero interno los hubiera dejado librados a su suerte entre las piedras porque se habían atrevido a ingresar en la soledad de su alma. Estaba representando su papel de buena persona, pero el sabia que en su interior, estaba guardado el reflejo de las aguas profundas, oscuras e impiadosas de la laguna como la parte secreta de sí mismo.

Inés María Cabrera

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Alas…

Cuando no tenía alas había menos posibilidades de que me atraparan con una red y de ser perseguida por mi belleza. No presumía colores hermosos y la gente en el parque no me señalaba admirando el diseño de mi vestimenta. Pasaba desapercibida y vivir era más sencillo.

Quisiera regresar el tiempo, regresar estas absurdas alas. Quisiera tomar decisiones distintas a las que se espera en alguien de mi condición, volver al capullo y ser libre otra vez.

Andrea Torres

No para quieta
Photo Credit: Isidr☼ Cea via Compfight cc

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Mientras…

Mientras suena el despertador se levanta apurado,

mientras toma un café apurado lee el diario,

mientras corre a su oficina no ve los jacarandos florecidos en lila,

mientras usa su computadora no ve a sus compañeros solo esta frente a su monitor,

mientras almuerza escribe en su celular y no sabe que ha comido,

mientras regresa a su casa no ve el rojizo atardecer de primavera, mientras se baña y se acuesta no ve su vida.

Ines Maria Cabrera

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Muso inspirador…

El doctor J. E debió renunciar a su cargo de asesor legal en el Congreso cuando su esposa Carla escribió, detalló y hasta editó, con pelos y señales, las palizas que antaño él le propinara.

El grueso volumen fue best-seller, y Carla empezó a pucherear como Dios manda.

El doctor J. E no pudo desde entonces conseguir digno trabajo. Pero en cambio ganó un juicio imposible sobre estímulo creativo y propiedad de textos.

Ahora comparte con Carla los derechos de autor.

Marta Nos

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Photo Credit: johnwilliamsphd via Compfight cc

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Sembré un libro…

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Ese chico tiene problemas en casa…

Esta mañana, en clase, un alumno se transformó en perro. Siempre me pierdo la acción en mi afán de copiarles la teoría en la pizarra.

Después de la confusión, les pregunté a sus compañeros, disimulando mi curiosidad. Ninguno supo precisar el momento exacto en que ocurrió la transformación. No fue paulatina, sino sorpresiva.

Los adolescentes, en general, no dejan de sorprenderme. Sin embargo, en todos estos años de docencia, jamás había estado tan cerca del alumno-perro. Se transformó descaradamente en mi clase y me lo perdí.

No un cancerbero, ni siquiera un perro negro. Un perro lanudo, común, despeinado, que no llamaría la atención si no supiera que es López, el del tercer banco a la izquierda. No recuerdo su nombre de pila. Sólo su pelo desteñido y despeinado, como si nunca se lo hubiera lavado o peinado. Un chico común, con mirada perdida, como drogado. Un perro común, con mirada de perro, como hambriento.
Hablé con la psicóloga del colegio y me dijo:

-No puedo creer hasta qué extremos está dispuesta a llegar la gente para llamar la atención. Ese chico tiene problemas en su casa.

Vaya si los tiene, pensé.

-Su padre los abandonó cuando él nació, porque era diferente a lo que esperaba. No sé qué quería este tipo, si lo vieras. Creo que se parece al chico, cuando se transforma. Una cara de perro impresionante.
Después de la transformación, el perro escapó del aula y sus compañeros tuvieron que buscarlo.

Hasta que volvieron mi hora había terminado.

Definitivamente, siempre me pierdo la acción.

Ildiko Nassr

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Photo Credit: Jambuling via Compfight cc

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Tempus Fugit…

Aparte de muchas virtudes, la tecnología encierra la vocación perversa de hacernos sentir cada vez más viejos. Muestra de ello es cómo a diario, al tiempo que se intenta saciar la voracidad acaparadora de los coleccionistas de música, la perfección metalizada del CD, la enorme capacidad de almacenamiento del DVD y los misterios condensados e insondables del MP3 nos ponen despiadadamente de manifiesto la vertiginosa certidumbre de haber nacido vinilo tempore.

Juan Ramón Santos

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Photo Credit: GonchoA via Compfight cc

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