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IKIGAI, filosofía fuente de salud y felicidad…

Descubrir el significado que se esconde detrás de esta palabra mágica llevó a los autores, Héctor García y Francesc Miralles, a embarcarse en un viaje hasta Ogimi, la ciudad de la sonrisa.

En el año 2008 investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tohoku constataron un fenómeno similar en un contexto completamente diferente. Publicaron lo que se conoce como el “estudio Ohsaki”, en el que analizaron a 43.391 personas a lo largo de siete años, durante los cuales se produjeron 3.048 muerte

¿Qué es el Ikigai?

Todo parece indicar que, además de la dieta, otro de los secretos de la longevidad de los japoneses, en especial de los centenarios que viven en Okinawa, radica precisamente en el ikigai, una motivación vital, algo que les da fuerzas para levantarse todas las mañanas y seguir viviendo.

La palabra ikigai proviene de los vocablos ikiru y kai. Ikiru significa vivir y kai hace referencia a la materialización de lo que uno espera. Por tanto, este concepto puede traducirse como “una razón para ser”. Según esta filosofía, todos tenemos un ikigai, pero no todos lo descubrimos porque es necesario una búsqueda profunda que implica un viaje introspectivo de autodescubrimiento.

Abraham Maslow había hecho referencia a esa razón de ser al escribir: “Un músico debe componer canciones, un artista debe pintar y un poeta debe escribir, si quieren vivir en paz consigo mismo. Lo que un hombre puede ser, debe serlo”.

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FUENTE: CULTURA INQUIETA

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¿Y si dejas de buscar la felicidad en el lugar equivocado?…

Es más que probable que la felicidad no esté ni en lo que tienes ni en lo que haces ni en otra persona sino en la conexión con quien realmente somos. Una conexión que es el inicio de la conexión con otras personas y con la vida. Una conexión que aún y ser un camino propio puede incluir a muchas otras personas. Se parece a lo que ocurre cuando caminamos, es algo que solamente tú puedes hacer, el camino puede hacer bajada o subida, ser oscuro o claro, lleno de personas o solitario pero independientemente de las circunstancias sigue siendo tu camino.

Hemos caído en la trampa de que necesitamos a otra persona para ser felices, parejas e hijos son los más afectados. Es demasiado peso cargar con la felicidad de alguien, y cuando llevamos peso perdemos la perspectiva. Así es como justificamos las peleas, las faltas de respeto y los sueños sin cumplir, porque nuestra felicidad está en juego.

La felicidad no proviene de un amor condicionado, es más, tal vez es exactamente eso lo que nos separa de ella. Derrochamos energía buscando, hacemos cosas para conseguir cosas, en lugar de hacerlas por el placer de hacerlas, queremos controlar para obtener resultados esperados, y siempre nos damos cuenta de que seguimos sintiéndonos como antes.

Quizá es momento de reflexionar si de verdad amamos a esa persona, eso que hacemos o eso que tenemos, o por el contrario solamente amamos mientras nos haga felices, ahí es donde está la condición, así es como queremos a las personas, en lugar de cambiarnos a nosotras. Cuando amas de verdad y sin condiciones, la vida es maravillosa y tanto lo que compartes, como lo que haces, como lo que tienes se impregna de plenitud.

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Eva Sandoval


Photo Credit: Juanedc Flickr via Compfight cc

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“La gente feliz no suele consumir”…

Serge Latouche, propone vivir mejor con menos. Profesor emérito de Economía en la Universidad París-Sud, es una de las voces mundiales del llamado movimiento por el decrecimiento.

Nacido en Vannes (Francia) hace 70 años, ante un público que le escuchaba sentado hasta en los pasillos de acceso al salón de actos del Colegio Mayor Larraona de Pamplona, subrayaba ayer noche que el actual ritmo de crecimiento económico mundial es tan insostenible como el deterioro y la falta de recursos en el planeta.

Invitado por el colectivo Dale Vuelta-Bira Beste Aldera, y bajo el título de su conferencia El decrecimiento, ¿una alternativa al capitalismo? , reclamó que la sociedad establezca una autolimitación de su consumo y de la explotación medioambiental. Desde su punto de vista no se trata de plantear una involución sino acoplar la velocidad de gasto de los recursos naturales con su regeneración.

Especialista en relaciones económicas Norte / Sur, premio europeo Amalfi de sociología y ciencias sociales, su movimiento decrecentista, nacido en los años 70 y extendido en Francia, defiende la sobriedad en la vida y la preservación de los recursos naturales antes de su agotamiento. A su juicio, si el decrecimiento no es controlado “el decrecimiento que ya estamos experimentando” será consecuencia del hundimiento de una forma de capitalismo insostenible, y además será desmesurado y traumático.

Una bomba semántica. Afirma Serge Latouche que el término decrecimiento es un eslogan, “una bomba semántica provocada para contrarrestar la intoxicación del llamado desarrollo sostenible”, una forma de pensamiento, la sostenibilidad, extendida por el economicismo liberal de los años ochenta, y que propicia pagar por todo, “por ejemplo, en el caso del trigo, obliga a pagar por los excedentes, por su almacenamiento y también hay que pagar por destruir los sobrantes”. “Deberíamos hablar de A-crecimiento”, dijo como una invitación hacia la reflexión sobre nuestro estilo de vida, incluso sobre la exhibición de los superfluo y el enriquecimiento desmesurado.

Desde su punto de vista “vivimos fagotizados por la economía de la acumulación que conlleva a la frustración y a querer lo que no tenemos y ni necesitamos”, lo cual, afirma, conduce a estados de infelicidad. “Hemos detectado un aumento de suicidios en Francia en niños”, agregó, para aludir más adelante a la concesión por parte de los bancos de créditos al consumo a personas sin sueldo y patrimonio como sucedió en Estados Unidos en el inicio de la crisis económica mundial. Para el profesor Latouche, “la gente feliz no suele consumir”.

Sus números como economista aseguran que le dan la razón: cada año hay más habitantes en el planeta a la vez que disminuyen los recursos, sin olvidar que consumir significa producir residuos y que el impacto ambiental de un español equivale a 2,2 hectáreas, y que cada año se consumen 15 millones de hectáreas de bosque “esenciales para la vida”. “Y si vivimos a este ritmo es porque África lo permite”, subrayó. Para el profesor Latouche, cual cualquier tipo de escasez, alimentaria o de petróleo, conducirá a la pobreza de la mayoría y al mayor enriquecimiento de las minorías representadas en la grandes compañías petroleras o agroalimentarias.

Trabajar menos y producir de forma inteligente. Tachado por sus detractores de ingenuo, postuló trabajar menos y repartir el empleo, pero trabajar menos para vivir y cultivar más la vida, insistió. Desde un proyecto que calificó como “ecosocialista”, además de consumir menos, la sociedad debería consumir mejor, para lo cual propuso producir cerca de donde se vive y de forma ecológica para evitar que por cualquier puesto fronterizo entre España y Francia circulen hasta 4.000 camiones a la semana “con tomates de Andalucía cruzándose con tomates holandeses”. Finalizó con una alabanza al estoicismo representado en España por Séneca: “No se obtiene la felicidad si no podemos limitar nuestros deseos y necesidades”.

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FUENTE: UAKIX

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No queremos ser felices…

Al menos, no queremos ser incondicionalmente felices. Queremos otra cosa.

Estamos dispuestos a ser felices siempre y cuando tengamos esto o aquello, estemos al lado de esta persona, o como mínimo, se cumplan algunas condiciones que consideramos imprescindibles. Si nuestra felicidad dependiera de soltar todo, absolutamente todo, quedarnos sin problemas, sin apegos, sin dependencias, sin sensaciones de víctimas o salvadores ¿Cuántos estaríamos dispuestos a ser felices?

Esta es la cuestión que nos plantea Anthony de Mello (Bombay, 1931- Nueva York, 1987), sacerdote jesuita cuyas obras son, en numerosas ocasiones, transcripciones de charlas en las que difundía su particular fusión de tradiciones orientales y occidentales, siempre con el fin de invitar al despertar. En el texto “Despierta” nos propone escuchar desde el corazón para comprender que nosotros mismos somos la felicidad que buscamos.

Para despertar lo primero que hay que comprender es que no queremos despertar. Igual que para ser felices debemos asumir la propia resistencia a la felicidad. Sin embargo, ni para despertar ni para ser felices hay que renunciar a nada. “Cuando usted renuncia a algo, queda atado a esa cosa para siempre. Cuando lucha contra alguna cosa, queda atado a ella para siempre. Mientras luche contra ella, le está dando poder. Le da tanto como el que usa para luchar en contra”.

La única manera de salir de este bucle es trascender: “es mirar a través de la cosa. No renuncie a ella, mire a través de ella. Comprenda su verdadero valor y no tendrá que renunciar a ella; sencillamente, ella caerá de sus manos, pero por supuesto, si no ve eso, si usted está hipnotizado y cree que no será feliz sin esa cosa,  o aquella, o la de más allá, está esclavizado”. Es inútil vivir la renuncia como un sacrificio.

Hay personas que llegan al despertar después de un largo camino de sufrimiento: “A algunos nos despiertan las duras realidades de la vida. Sufrimos tanto que despertamos. Pero los seres humanos tropiezan con la vida una y otra vez. Todavía caminan como sonámbulos”. Este es el camino más común para llegar a una actitud de apertura, de estar dispuestos a descubrir algo nuevo. De Mello, nos dice: “Lo único que puedo hacer es ayudarle a desaprender. De eso se trata el aprendizaje en lo concerniente a la espiritualidad: desaprender, desaprender casi todo lo que nos han enseñado. Una disposición para desaprender, para escuchar”.

Y ¿cómo aprender a escuchar? Observándonos al escuchar. Si escuchamos para comprobar los propios pensamientos podemos percibir las sensaciones físicas frente a las palabras del otro. Cuando oímos palabras con las que estamos de acuerdo nuestras sensaciones serán de paz y de armonía; cuando no estamos de acuerdo serán de rabia, de impaciencia, de perplejidad,…. Y, entonces, asumir que “no queremos nada nuevo, especialmente cuando es perturbador, cuando implica algo nuevo”. Si escuchamos aceptando las palabras del otro sin creerlas, contrastándolas con nuestro propio sistema de creencias, cuestionándolas desde una actitud de apertura estaremos dando el primer paso hacia el despertar.

De Mello nos zarandea cuando nos dice que “detestamos lo nuevo” y que “escuchar es estar dispuesto a ver las maravillas del mundo”. “Una apertura hacia la verdad, sin importar las consecuencias, sin importar hacia dónde lo lleve a uno. Eso es fe. No creencia sino fe”.

En Bioneuroemoción sabemos que todos tenemos la misma fe, la diferencia es que unos la ponemos en una cosa y otros en otra. Para saber dónde ponemos nuestra fe es suficiente observar lo que nos sucede puesto que ponemos la fe en todo lo que ocurre en nuestra vida, de otra manera no ocurriría. Si prestáramos atención a ello, nos asombraríamos de la fe que tenemos. La oración no es rezar, la oración es escuchar.

Tenemos conflictos cuando deseamos que las cosas sean de diferente manera olvidando que el deseo nos ata al sufrimiento.  Debemos aprender a quedarnos quietos, a soltar el ansia de controlar lo que sucede a nuestro alrededor y descubrir que las cosas son como son con independencia de nuestra intervención. Quedarnos quietos es dejar de obstaculizar lo que la vida nos puede ofrecer, es tener fe. De esta manera, crearemos las condiciones para recordar que todos, absolutamente todos, no sólo pertenecemos a la misma fuente, sino que somos parte de la fuente.

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FUENTE: Enric Corbera Institute

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¿Estas dispuesto a ser feliz?…

El mundo necesita personas que irradien vitalidad, serenidad, alegría y confianza. Si la depresión es contagiosa, también el entusiasmo lo es. Cada una ha de elegir cómo quiere vivir los distintos momentos que marcan su existencia. Ya no nos convencen las palabras, solo nos inspira el ejemplo.

La verdadera riqueza es la riqueza interior. Aunque todos poseamos una mina de diamantes, no todos enstamos dispuestosa picar para extraer de la tierra aquello que es tan valioso. Por eso, la pregunta clave no es sí puedes ser más feliz, sino si estás dispuesto a serlo.

Mario Alonso Puig

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LA FELICIDAD NO ES UN OBJETIVO, ES UNA CONSECUENCIA…

Decía Eleanor Roosevelt que “La felicidad no es un objetivo, es una consecuencia”. Ya los filósofos griegos antiguos consideraron dos perspectivas de la felicidad que sigue vigente en la actualidad. Hay una camino para alcanzar la felicidad basada en el placer y el disfrute, una vida que se componga de emociones positivas y de vivir con menos dolor y mas placer.  Hay un segundo camino que toma como base el sentido y el propósito, una felicidad que emana de vivir en coherencia con nuestros valores personales y con desarrollar nuestro potencial interior.

Si hay algo que no cambia en la vida es, paradójicamente, que es una corriente de cambio continuo de experiencias placenteras, desagradables y neutras. A veces alcanzamos nuestros objetivos, y la felicidad viene por añadidura, pero a veces no los alcanzamos. En este sentido, la felicidad proviene de saber mantener el equilibrio interior, de mantener la serenidad en todo momento y de tener la conciencia tranquila a pesar de las condiciones cambiantes. La línea de actuación del pensamiento positivo se orienta a mejorar la actitud frente a los cambios, frente a la adversidad y frente a los logros, cambiar la forma de afrontar la vida y reprogramar el subconsciente hacia un estado más beneficioso y constructivo. No podemos cambiar lo que viene del exterior, el mundo, los problemas, las personas, la sociedad, pero sí podemos cambiar nuestra vivencia de ello. Para que la realidad personal cambie, el primer paso comienza por un cambio en la persona. Cuando tenemos conflictos, tendemos a creer que, para que nuestra vida funcione bien, estemos felices y serenos, en los conflictos que vivimos, son los demás los que deben cambiar, o los problemas desaparecer. Delegamos nuestra felicidad y nuestro bienestar en otros, desempoderándonos. Posponemos nuestro “bienestar” al momento en que los problemas desaparezcan. El objetivo está en invertir ese modo de actuar. Para que cambie nuestra realidad, el primer paso lo debemos dar nosotros.

Es el momento de cambiar el pensamiento a positivo a través de la creación de unos hábitos en la forma de pensar, de percibir, de valorar nuestra vida, entorno y a nosotros mismos. La realización de pequeños ejercicios que debemos aplicar en nuestra vida cotidiana para reprogramar nuestro subconsciente de forma gradual y la perseverancia en el tiempo es la base sobre la que el pensamiento positivo actúa.

Estar centrado en el momento en el que se está viviendo, no estar atento al pasado echándolo de menos o culpándolo de nuestra situación, ni centrado en el futuro, temiendo o intentando controlar lo que pueda suceder. Al menos al principio, este cambio supone un ejercicio de voluntad. Aceptar la experiencia presente, sin juzgar, criticar o estar a disgusto. Aceptación que nada tiene que ver con resignación o pasividad, sino con apertura, curiosidad no crítica ante cada experiencia.

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FUENTE: Lo mejor de mí

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Gasta el dinero en experiencias no en cosas materiales…

Tu dinero no es infinito, así que gástalo en lo que esta investigación dice que te hace feliz.

Sabemos que el dinero puede hacernos felices, pero cuando ya podemos solventar nuestras necesidades básicas, no nos hace mucho más felices. Una de las grandes preguntas que nos hacemos es cómo podemos distribuir nuestro dinero, ya que para la mayoría de nosotros es un recurso limitado.

Hay una suposición que suena muy lógica cuando la gente gasta su dinero: Un objeto material me durará más tiempo, por lo que me hará sentir una felicidad más duradera que ir a un concierto o disfrutar de unas vacaciones por ciertos días. Pero este estudio nos recalca que ese pensamiento es totalmente errado.

Thomas Gilovich es un profesor de psicología que ha estado estudiando estos cuestionamientos por más de dos décadas y ha dicho que uno de los enemigos de la felicidad es la adaptación. ¿por qué? Según él, nosotros nos compramos ciertas cosas para hacernos felices, y lo logramos. Pero, solo por un tiempo porque nos emocionamos solo cuando las cosas son nuevas, pero después nos acostumbramos y dejamos de sentir esa felicidad.

Por lo que Gilovich nos recomienda que gastemos nuestro dinero en experiencias como ir a exposiciones de arte, hacer actividades al aire libre, aprender nuevas habilidades o viajar en vez de comprarnos el último iPhone o un auto último modelo.

El profesional asegura que estos estudios psicológicos lo llevó a deducir que el dinero compra la felicidad, pero hasta cierto punto. Gilovich cuenta que se le hizo un estudio a ciertas personas y se les preguntó su nivel de felicidad al momento de gastar su dinero en cosas materiales o experiencias. Quienes compraron cosas, experimentaron un nivel de felicidad igual al que tenían antes y con el tiempo esta disminuyó aún más. Por otro lado, quienes decidieron vivir experiencias, demostraron tener una felicidad mucho mayor.

Suena contradictorio decir que un objeto físico que sí permanece en el tiempo, no te hace feliz como sí lo hacen las experiencias. Pueden pensar que es irónico, pero esto se explica nuevamente con el fenómeno de adaptación porque nos acostumbramos a tener esa cosa por lo que pasa a ser algo normal en nuestras vidas. En cambio las experiencias se arraigan en nuestra identidad y memoria.

“Nuestras experiencias nos completan mucho más que las cosas materiales. Te pueden gustar mucho tus nuevas adquisiciones e incluso puedes pensar que parte de tu identidad está conectado con estas cosas, no obstante, las separarás de ti cuando ya te acostumbres a tenerlas. En cambio, tus experiencias realmente son parte de tu identidad porque nosotros somos la suma de todas nuestras vivencias”, comenta Gilovich.

Otro estudio realizado por el psicólogo, nos muestra que incluso si tenemos una experiencia negativa que impacta en nuestra felicidad, ésta nos hará más felices después de que hablemos sobre ese tema y hasta nos riamos del mal momento que vivimos, ya que nos fortaleció y dio más experiencia en esta vida.

Otra razón es que cuando compartimos experiencias con los demás, nos conectamos mucho más con las personas que compartiendo nuestras nuevas adquisiciones materiales. Te unirás mucho más con alguien que compartiste unas vacaciones en algún lugar, que con alguien que también se compró la televisión más moderna.

“Consumimos experiencias directamente con las otras personas. Después de que las experimentamos, pasan a ser parte de nuestras historias para contar”, explica Gilovich.

Si la sociedad pusiera en práctica los resultados de este estudio, no solo los individuos se tendrían que preocupar de cómo manejar sus ingresos para ser más felices, si no que quienes gobiernan, por ejemplo, se deberían preocupar del cuidado de los espacios recreativos. Como sociedad deberíamos facilitar el hecho de que las personas puedan vivir muchas más experiencias.

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FUENTE: UPSOCL

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¿ Eres feliz con lo que haces?…

¿Eres feliz con lo qué estas haciendo en este momento? Piénsalo. Puede que te estés dedicando a un trabajo que no te guste, que te encuentres acompañado de la persona equivocada o que incluso, no estés disfrutando de todas aquellas cosas que tanto te gustan hacer poniéndote como excusa que no tienes tiempo.

Solemos vivir en automático, cargados de obligaciones y responsabilidades sin tener en cuenta nuestro bienestar personal, como el protagonista de nuestro corto. Lo único que sabemos hacer es olvidarnos de nosotros mismos. Nos hacemos invisibles y ni siquiera nos cuestionamos si estamos donde queremos estar, haciendo lo que queremos hacer, acompañados de la persona que deseamos a nuestro lado.

Espantapájaros triste

Puede que te hayas acostumbrado tanto a tu rutina, a tu día a día, que ni siquiera barajes la posibilidad de cambio. ¿Lo habías pensado? La costumbre puede ser una buena compañera por su tranquilidad, pero también tiene la capacidad de limitarnos e impedir nuestro crecimiento, tanto laboral como social o personal.

La diferencia entre costumbre y pasión

No es lo mismo dedicarte a algo por lo que sientes verdadera vocación y pasión, que a una labor impuesta, por la que no sientas el más mínimo interés. No es lo mismo estar con la persona que te hace feliz que con alguien a quien te has acostumbrado y con el que la indiferencia se ha instalado. Tampoco es lo mismo hacer las cosas por hacer, que llevarlas a cabo porque aportan un toque de sabor y color a tu vida.

Hay una diferencia entre hacer las cosas por costumbre y hacerlas por pasión. La costumbre conlleva automatismo, inercia, un no darse cuenta. La pasión conlleva vida, ganas, ilusión y color. La emoción está en la pasión y no en la costumbre. La felicidad es crear tu actitud, tu vida y tus oportunidades.

Quizás, el mundo necesite urgentemente gente que ame lo que hace, pero sobre todo tú necesitas hacer cosas que te encanten, estar con personas a las que ames y dedicarte a aquello que te apasiona. No se disfruta lo mismo, no se vive de la misma manera ni se siente lo mismo o ¿no es cierto? Ser feliz también requiere de esfuerzos.

Necesitas amar lo que haces

Necesitas que vuelva a relucir ese brillo intenso en tus ojos, necesitas que la emoción y la intensidad vuelvan a tu vida. Que la esperanza aparezca y la ilusión se una a su compañía. Necesitas amar tu día a día y todo lo que ello conlleva. Necesitas ser el motor de tu vida y poder dirigirla hacia donde tú quieras, con las personas que quieras y de la manera que mejor te parezca.

A riesgo de parecer utópicos, puedo decirte que esto es posible. Se necesitan muchas ganas, mucho coraje y valentía, y una gran cantidad de pasión, curiosidad e ilusiones. Las oportunidades no llegan de la nada, tienes que salir a buscarlas y no se me ocurre otra manera que con muchas ganas de cambiar y abundantes dosis de esfuerzo para luchar por nuestros sueños.

Los resultados llegarán pero con el tiempo. Tan solo tienes que decidir querer llevar el volante de tu vida y comenzar a plantar semillas para que poco a poco den sus frutos. No te digo que será una tarea sencilla, no te digo que será una tarea sin obstáculos pero sí puedo decirte que será una de las cosas más bonitas y placenteras que llevaras a cabo en tu vida. El valor de luchar por lo que uno quiere no tiene precio.

Haz lo que amas y serás feliz

Puede que en estos momentos te suceda como al protagonista de este cortometraje en su inicio, que estés cansado y envuelto en una atmósfera de desidia e inercia, siendo infeliz y que tengas un sueño en la lista de espera, aguardando el momento perfecto para que se cumpla. Pero no existe el momento perfecto, tú creas el momento perfecto para hacer realidad tus sueños.

¿Por qué no haces como el protagonista de este corto, que cansado de su situación decide luchar por su sueño poco a poco y consigue al fin ser feliz? Cansado de trabajar para una fábrica de alimentos prefabricados decidió dar un giro a su vida comenzando a cocinar alimentos naturales con el objetivo de cultivar un mundo mejor.

Tú también puedes hacerlo, tan solo tienes que buscar aquello que amas e ir en su busca. Con paciencia, con esfuerzo, con coraje y valentía, pero sobre todo dejando amor en cada paso. La gente más feliz con la que me he cruzado han sido aquellas que encontraron lo qué querían hacer y decidieron ir a buscarlo.

¡Que disfrutéis del corto!

FUENTE: La mente es maravillosa

The Scarecrow from Goodvertising on Vimeo.

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La verdadera felicidad…

Hace tiempo vino a verme una chica que estaba deprimida porque su novio la había dejado. Estuvimos revisando el diálogo interno que la estaba perturbando y, rápidamente, admitió que se decía algo así como: <<¡La vida es un asco sin pareja!>>, además de <<un fracaso personal>>.

Y a partir de ahí mantuvimos un diálogo sobre la verdadera fuente de la felicidad.

Le dije que la pareja nunca a dado la felicidad a nadie, que ella misma ya estaba bien antes de conocerle.

La vida está llena de posibilidades de disfrute, si no nos apegamos a ninguna de ellas. Tener una mente saludable implica no apegarse a nada ni a nadie.

La FELICIDAD la da no crearse necesidades y disfrutar de lo que se tiene en cada momento.

Rafael Santandreu

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