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Hacerse infeliz…

Dice el economista, abogado y divulgador científico Eduard Punset que la gente “tiene una capacidad infinita para hacerse infeliz“, pese a que vivimos “un momento idílico” y que alcanzar la felicidad personal puede resultar tan sencillo como dominar una habilidad, aprender a controlarla y arriesgar.

El secreto para estar bien, prosperar en la vida y sentirse realizado”, ha explicado, es elegir muy bien “el elemento”, que es aquella habilidad o capacidad que tiene cada persona, que ha de tratar de dominar y que ha de hacernos vibrar.

Lo segundo que hay que hacer es llegar a controlar este elemento, lo que sólo se consigue con esfuerzo, trabajando y con muchas horas de dedicación. “Lo siento, pero no hay otra manera”, ha comentado entre risas de los asistentes.

La tercera pieza del puzzle de la felicidad, según Punset, es arriesgar. “No digo a todo riesgo, pero algo hay que arriesgar”, ha apuntado con su ironía y sentido del humor habitual.

El director y presentador del programa de divulgación científica Redes, que tras quince años en antena se ha hecho un hueco en el horario de máxima audiencia de La 2, no entiende la “capacidad infinita” que tiene la gente para ser infeliz, lo que explica básicamente por dos motivos: la negativa “congénita” a cambiar de opinión, “y ya no digamos de partido”, y lo que ha denominado como el “código de los muertos”, que es la restricción que a veces nos imponemos a la hora de conocer a otras personas y establecer relaciones con ellas.

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FUENTE: La Vanguardia

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Lo que nos pasa por dentro…

Eduard Punset (Barcelona, 1936) es un fenómeno sin precedentes en España. Haber vendido más de un millón de libros de no-ficción, sobre todo de temas científicos, y dirigir a la vez un programa de televisión, “Redes”, en antena desde hace 16 años, una revista mensual (del mismo nombre) y una fundación dedicada a la investigación social lo convierten en un caso único en el ecosistema cultural. Reinventándose continuamente (fue ministro de Suárez, conseller de Tarradellas, cargo del FMI…), basta citar tres muestras de su enorme popularidad: tiene un imitador en ‘Polònia’, anuncia pan de molde en la tele, como si fuera un futbolista, y le siguen más de 800.000 personas en facebook. Ahora acaba de publicar “Lo que nos pasa por dentro” (Destino), un libro en el que pasa revista al estado emocional de la gente basándose, como siempre, en los avances científicos más recientes. Nos recibió en su casa de Madrid, mientras se recupera de una fractura de tibia y peroné.

Parece que no somos muy buenos gestionando nuestras emociones…
Es impresionante darse cuenta de que un 30% de la gente vive en la soledad, la tristeza, o el estrés. Al menos diez millones de personas en España se sienten así, y nadie se ocupa de ellas. Mi fundación tiene un grupo de una docena de psicólogos clínicos que contesta por Internet a las preguntas de la gente, e intercalo eso en mi libro. Nos hemos involucrado con las redes sociales. El gran vacío de nuestra sociedad es que no aprovechamos los descubrimientos científicos en el ámbito psicológico. Ya hay soluciones para acabar con todo este sufrimiento y nadie se preocupa de ello.

Es la paradoja que experimenta el lector de su libro: si ya se sabe cómo arreglarlo, ¿por qué no se hace?
Es tremendo, me produce una inmensa tristeza. Yo voy a los laboratorios, me explican, por ejemplo, cómo a través de la epigenética se pueden detectar en el vientre de la madre determinadas cosas; o el gran descubrimiento, consensuado universalmente, de la gestión emocional, y nadie hace ni puto caso, no se explica que con tu experiencia individual puedes incidir en tu estructura cerebral genética. Usted y yo hemos crecido en un mundo en que nos decían que la genética era la dada al nacer y ya está, y esto ha cambiado. Ser feliz es cuestión de voluntad.

Cuéntenos otro descubrimiento importante.
Dos grupos de ratones: en uno de ellos, la madre lame a sus crías; en el otro, la madre pasa de ellos. Resultado: los primeros viven más años.

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5 cumplidos por 1 insulto…

Científicamente se ha demostrado que son necesarios cinco cumplidos seguidos para borrar las huellas perversas de un insulto. Los que tienen la manía de contradecir siempre al que está delante no gozan de tiempo material para paliar el efecto perverso de su ánimo contradictor.

¿Cómo podemos aplicar en la vida cotidiana los resultados de este hallazgo experimental? ¿Cómo podemos coadyuvar a que la ciencia penetre en la cultura popular? Es evidente que los experimentos efectuados sobre los méritos relativos del cumplido y de la anatema del contrario pueden ayudar a mejorar la vida en común de la pareja. O, simplemente, a sacar las conclusiones pertinentes que pongan fin a la ansiedad generada en el contexto de esa convivencia.

La primera conclusión que se desprende de los experimentos sobre los efectos de la contrariedad provocada por el discurso agresivo se aplica a la pareja y a todas las demás situaciones que puedan contemplarse como la vida en sociedad o la política. Antes de decirle a alguien «Te equivocas de cabo a rabo, como siempre», habría que pensárselo dos veces.

El efecto de la palabra desabrida es más perverso que la propia sucesión de hechos. El impacto del lenguaje es sorprendentemente duradero. Es muy fácil constatar con los niños de tres o cuatro años los efectos indelebles de aprehender una palabra por escrito, de captar su significado plasmado mediante letras. Una actitud perversa la pueden imaginar con un dibujo sencillo —de un chimpancé empujando a otro al río o de una persona soltando una piel de plátano en la baldosa que está a punto de pisar un anciano—, pero en cuanto un niño ha aprendido a escribir «perverso» le quedará grabada para siempre esa palabra. El poder de la palabra escrita en los humanos supera todo lo imaginable. No me pregunten por qué.

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La cebras no tienen ??lcera…

Parecer claro que la imaginación hace estragos y si no lean este extracto de El viaje a la felicidad, de Eduard Punset:

Sin embargo, seguimos sin entender por qué a los homínidos, a diferencia de los otros animales, les basta con imaginar que lo van a pasar mal para pasarlo mal y desencadenar idénticos impactos a los provocados por una amenaza real.

Como explica el propio Sapolsky en su libro ¿Porqué las cebras no tienen úlcera?, cuando una cebra es atacada por una leona, pueden ocurrir dos cosas: que sea devorada o, por el contrario, que a base de correr y con suerte, salve su vida.

En el segundo caso, el impacto de los flujos hormonales durará el tiempo necesario para que la cebra se reponga del susto y recupere su condición de animal libre y feliz. En cambio, a los humanos les basta imaginar una leona y, aunque estén en plena Quinta Avenida de Nueva York, el proceso de descargas hormonales les causará idénticos estragos físicos que si fuera real.

Versión completa de la conversación de Eduard Punset con Robert Sapolsky.

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Life before death…

¿ Que es lo mas importante que se puede hacer en esta vida ?

 

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Para no ser infeliz…

Cualquier momento puede ser bueno para repasar lo aprendido sobre la felicidad. Ahí van los diez mandamientos para no ser infeliz.

Primero. No intente ser feliz todo el rato. La felicidad es una emoción positiva universal y,como todas las emociones básicas, efímera. Ahora bien, cuando sienta ese gusanillo en su interior que le dice que se siente bien, dígaselo en voz alta a sí mismo: «¡Estoy bien!».

Segundo. Intente disfrutar la preparación y la búsqueda de sus metas y objetivos. Haga como mi perra, que es más feliz cuando está esperando la comida que cuando pone el hocico en el plato de cereales.

Tercero. La felicidad es, primordialmente, la ausencia del miedo. Aparte de su imaginación, todo lo que le puede generar miedo e intranquilidad. Cabe una cierta ansiedad provocada por los preparativos, pero elimine los grandes miedos de su vida, por lo menos durante una temporada. Para perder el miedo a las cosas pequeñas hay que habérselo perdido a las cosas grandes, como la perspectiva de la muerte o la falta de trabajo.

Cuarto. Cuide los detalles y las cosas pequeñas en lugar de seguir obsesionándose por los grandes proyectos. Lo mejor que le puede ocurrir es que le echen en cara que el árbol no le deja ver el bosque. Pues muy bien, olvídese del bosque y disfrute del árbol.

Quinto. Las investigaciones más recientes demuestran que el nivel de felicidad aumenta con la edad. Sabíamos que nunca se es más feliz que durante los nueve meses de vida fetal. Lo que acabamos de descubrir es que el segundo periodo más feliz viene con la edad. Los recuerdos son más numerosos y la consiguiente ampliación de la capacidad metafórica y de la creatividad compensa largamente los procesos de pérdida neuronal.

Sexto. Concentre todos sus esfuerzos en disfrutar de aquello que más le guste: leer, jugar al tenis o al golf, hasta trabajar si le apetece. Todo, salvo aburrirse delante de la tele o en conversaciones sin sentido. Es importante sentir que le absorbe lo que está haciendo.

Séptimo. No desprecie a nadie. La antítesis del amor no es el odio, sino el desprecio hacia los demás. El sentimiento de desprecio implicaba la muerte en los tiempos primitivos y tendemos a subvalorar su impacto nefasto sobre nuestra vida emocional.

Octavo. Cuide sus relaciones personales. De todos los factores externos de la felicidad — como el dinero, la salud, la educación, la pertenencia a un grupo—, el que mayor impacto tiene sobre la felicidad son las relaciones personales. Procure no malograrlas.

Noveno. Aproveche la capacidad que tenemos de imaginar —lo único que realmente nos diferencia de los chimpancés— para pensar en cosas bellas, en lugar de en desgracias. No tiene sentido la capacidad de la mayoría de la gente para hacerse infeliz imaginando.

Décimo. Durante el invierno no paramos de invertir en nuestro futuro o en el de los seres queridos. No nos queda tiempo para gastar en nuestro propio mantenimiento. Hay un exceso de inversión y un déficit de mantenimiento. Aproveche las vacaciones y el tiempo libre para invertir
menos y colmar el déficit de mantenimiento de uno mismo.

Eduardo Punset, Excusas para no pensar.

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Los motivos de la infidelidad…

Cuentan las malas lenguas que en los años veinte el presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge, estaba de visita oficial con su esposa en una granja. A cada uno se le asignó un itinerario distinto, de manera que cuando el guía le estaba explicando al presidente los secretos de un gallinero, le dijo: «Su esposa me ha recalcado que le recordara que el gallo que vive en el corral rodeado de gallinas hace el amor todos los días». A lo que el presidente Coolidge contestó con una pregunta: «¿Con una sola de ellas?». «No, no, no», fue la respuesta inmediata del guía. «Pues dígaselo así a mi esposa», fue la réplica presidencial.

Parecería evidente que Coolidge compartía, no obstante, con los biólogos del futuro la opinión de que la monogamia en la pareja no es una situación tan natural como todavía hoy muchos siguen pensando. La realidad de las últimas investigaciones es contundente, y podría resumirse diciendo que entre los mamíferos y, particularmente, entre los primates sociales, no es fácil constatar la monogamia como práctica habitual.

Los datos que nos ofrece un estudio de la naturaleza humana y animal sobre la monogamia: de las 4.000 especies de mamíferos que existen en la Tierra, sólo unas docenas viven en pareja, un porcentaje muy bajo; igual que en los humanos, ya que de las 185 sociedades humanas que hay en el mundo y han sido estudiadas, sólo 29 practican la monogamia.

Creo que cada uno es libre de tomar sus propias decisiones, pero si alguien opta por la monogamia, por los motivos que sea (religiosos, éticos u otros), si la elige, debería ser consciente de que tendrá que luchar contra parte de su biología. ¡Pero no es imposible! ¡Las personas luchan con su biología todo el rato!.

Eduardo Punset, Educados para no pensar.

Infidelidad

 

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Tato monta, monta tanto la empat??a como la sed…

A veces tenemos hambre o sed, o nos molesta el ruido de una excavadora; estoy pensando en aquellas alertas que nos da el organismo cuando echa de menos una necesidad física y concreta como comer para sobrevivir, beber para calmar la sed o el silencio para que no le rompan a uno los tímpanos. Eso lo sabíamos desde hace mucho tiempo.

La única manera que tiene el cerebro para que sobrevivamos a las distintas adversidades consiste en que sintamos de manera imperiosa la necesidad física de comer, beber o cerrar la puerta. Lo que no sabíamos, lo que acabamos de descubrir, es que idéntica presión ejerce el cerebro cuando se trata no de carencias físicas y concretas, sino también de alertas psicológicas y abstractas, como la de poner remedio al dolor de los demás.

Resulta que el cerebro no distingue entre el hambre y el dolor de los demás a la hora de hacernos saber que algo no funciona y que deberíamos actuar en consecuencia.

Es sorprendente el paralelismo con otro hecho reciente. Es la primera vez en la historia de toda la evolución que, sin apenas saberlo, estamos terminando con la pugna cruel y avasalladora entre los que no tenían nada, por una parte, y los que tenían algo y estaban dispuestos a defenderlo, por otra. Lo ocurrido en Libia es un vestigio de otra época y por eso ha herido la sensibilidad del pueblo llano; aquello no tiene nada que ver con el mundo de ahora, es el simple y triste reflejo de vestigios del pasado, del empeño con el que los que tenían algo defendían lo que consideraban suyo frente a los que no tenían nada.

El final de esa pugna se la debemos a la irrupción de la ciencia y la tecnología en la cultura popular; a pesar de lo mucho que hemos subestimado el impacto de la tecnología en la vida cotidiana, ahora intuimos que debiera bastar para resolver los principales problemas que todavía constituyen una amenaza para el futuro.

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El cerebro no distingue entre la sed o el hambre y el dolor de los demás (imagen: Agencia Planetaria).

Pues bien, también a la irrupción de la ciencia en el pensamiento y la vida cotidiana debemos el hallazgo reciente de que tanto monta la emoción de la empatía o el amor como monta tanto el hambre o la sed: cuando falla una de las primeras, no es menor la fuerza experimentada por el organismo para solventarlas que cuando fallan necesidades apremiantes de orden fisiológico como el hambre o la sed. ¿Cómo y cuándo aprendió el cerebro a compartir el dolor, a saber situarse en el lugar del otro, con la misma intensidad que de siempre supo cuándo arreciaba el hambre?

Cuando el filósofo francés Descartes afirmaba “pienso, luego existo” para recalcar la dualidad supuesta de los humanos entre la mente y el cerebro, entre el alma y el cuerpo, se equivocaba. Los experimentos más recientes sugieren que esa dualidad no existe. Es más, si llego a pensar algo, es porque mi cuerpo existe; un cuerpo que no distingue entre necesidades físicas y concretas, como el hambre, y necesidades abstractas, como la empatía y el altruismo.

No es cierto que el alma sea algo distinto del cuerpo; el pensamiento, del cerebro; el dolor ajeno, de la sed; la empatía, del hambre. Se diría que nuestro organismo supo anticipar mucho antes que la moderna neurología que no estamos divididos en dos elementos separados. El cerebro reacciona ante una injusticia social o el dolor ajeno como si se tratara de una inflamación producida por una herida o de un desfallecimiento por falta de comida.

FUENTE: Eduardo Punset

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El cerebro se resiste a cambiar de opini??n…

Punset: Algunas de las semillas que esparció en una entrevista:

-Ninguna de tus neuronas sabe quien eres…ni le importa. Las neuronas toman las decisiones 10 segundos antes que tú…

Cuando nos inmovilizamos no se producen nuevas neuronas, esa es la verdadera muerte.

-A nuestro cerebro no le interesan los detalles. Preguntan a 1500 altos ejecutivos qué es lo que hacían peor ¿Cuál era su mayor defecto?

La respuesta más repetida: “soy demasiado perfeccionista”

A continuación preguntaron a los empleados de estos ejecutivos y lo que ellos decían era:

“No escucha nada, no nos hace ni caso”.

– El dinero, más allá de lo imprescindible, no cuenta para la felicidad, ni tampoco la educación. En realidad la gente tiene la capacidad infinita para hacerse infeliz…

– Confía en la intuición, el pensamiento racional no ocupa nada frente a la inmensidad del inconsciente.

– Un gran desamor…lo mejor es sustituirlo por una emocion contraria de igual intensidad…enamorarse. Un método muy útil consiste en cambiar de entorno: de pais, lengua, bares, etc.

– El ser humano es único, distinto al resto de los animales, gracias a nuestra capacidad para interconectarnos (la importancia de las redes sociales: sólo el 30% de los emparejados lo han hecho por si solos, frente al 70% que lo consiguieron a través de amigos y conocidos que presentaron a su futura pareja).

– El estado que nació para guardar los excedentes de la producción agraria va girando hacia otra cosa distinta… Nos encaminamos hacia una sociedad global…nomada otra vez -como lo era hasta hace 10.000 años-

 

Eduardo Punset

Delfines

FUENTE: PLANO CREATIVO

 

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