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La realidad de los delfinarios…

…la calidad de vida de un animal encerrado y exhibido nunca puede ser la misma que la de uno en libertad. Claro que ellos no pueden expresarse, sólo pueden sufrir y aún en esas condiciones podrían parecer divertidos y alegres, en especial si se trata de un delfín con su clásica sonrisa dibujada en la comisura de su boca. La gente se olvida o simplemente no sabe que aún muerto el delfín mantiene esa sonrisa.

Extracto del libro: “Orcas, entre el mito y la realidad”

La vida en libertad

Los cetáceos pueden vivir en una gran variedad de habitats acuáticos, desde los profundos océanos polares a ríos y estuarios ecuatoriales. El tamaño de los grupos varía de individuos casi aislados, a grandes bandos de miles de animales.

Las orcas permanecen con sus madres de por vida. Cada orca es el miembro de una manada, grupo con dialecto propio formado por una madre, sus hijas y las crías de éstas. Por su parte, la mayoría de los delfines también nadan en grupos familiares, formados generalmente por 3 a 10 animales. Las hembras navegan con sus crías, mientras que los machos forman grupos de 2 ó 3 individuos, para permanecer juntos durante años. Las manadas pueden interactuar, formando bandos.

En la vida de todos los días, tienen 3 prioridades importantes: la alimentación (individual o grupal), la reproducción, y la defensa contra los predadores. Otras actividades son las comunicaciones (físicas y sonoras), la alimentación y educación de las crías, los juegos, las migraciones, los cortejos, la gestación, y la interacción con otros grupos.

La vida en cautiverio

Los parques marinos son como prisiones para estos mamíferos marinos. Mientras que en libertad pueden viajar varios kilómetros diarios en el mar abierto, en cautiverio son instalados en piletas de hormigón, muy pequeñas en proporción con su tamaño y velocidad de desplazamiento. Conclusión: para no chocar contra las paredes, se ven obligadas a nadar constantemente en círculos.

Además, no encuentran los estímulos constantes de su entorno, no pueden desarrollar su comportamiento natural, ni interactuar con otros miembros de su grupo. Como consecuencia de todo esto, muchos desarrollan comportamientos estereotipados, volviéndose agresivos contra otros cetáceos y entrenadores (golpes, mordeduras e intentos de mantenerlos en el fondo, a veces provocando la muerte del otro), aburridos o deprimidos.

En libertad, los cetáceos utilizan un sistema de ecolocalización, el cual consiste en la emisión de un haz intenso de sonido, de alta frecuencia, que rebota en un objeto y regresa en forma de eco, ayudando al animal a determinar su distancia, posición y tamaño. En los estanques, estas ondas sonoras rebotan contra las paredes todo el tiempo, enloqueciéndolos.

FUENTE; PLANETA CONSCIENTE.

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