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Hacer lo que nos falta…

El discípulo le dijo al maestro:

-Maestro, estoy muy desanimado, ¿qué puedo hacer?

Y el maestro respondió:

-Anima a otros.

Vale la pena paladearlo.

Por supuesto, este breve y poderoso relato admite muchas derivadas, como por ejemplo:

El discípulo le dijo al maestro:

-Maestro, estoy sin apenas alegría, ¿qué puedo hacer?

Y el maestro respondió:

-Regala la poca que tienes a los demás.

Sí, en muchas ocasiones, la mejor manera de salir de nuestro pozo o laberinto es dando lo que tenemos, por poco que consideremos que sea, a quien lo necesita. No me refiero solo a lo material. Esencialmente cuando hablamos de valores, de principios, de actitudes lo que damos a los demás nos lo estamos dando a nosotros mismos, y lo que no estamos dando a los demás nos lo estamos quitando a nosotros mismos. Lo que das, te lo das, lo que no das, te lo quitas, reza el dicho.

Al hacer y dar lo que sentimos que nos falta lo cultivamos, lo regamos, lo hacemos crecer. El ejercicio activo y consciente de nuestras habilidades de la naturaleza que sean (intelectuales, emocionales, físicas o espirituales) pasa por una entrega que actúa, a su vez, como factor de multiplicación.

Finalmente somos lo que hacemos mucho más que lo que decimos, y como atinadamente le indica el maestro a su discípulo en el relato, la solución a buena parte de nuestros malestares pasa por la conjugación de dos verbos: amar y hacer.

Porque el AMOR, no es solo querer, es esencialmente CUIDAR (a través de la acción), COMPRENDER (a través del pensamiento) e INSPIRAR (a través de la emoción).

Álex Rovira

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Seis sabios ciegos y un elefante…

Seis sabios, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto.

El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: “Ya veo, es como una pared”.

El segundo, palpando el colmillo, gritó: “Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza”.

El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: “¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente”.

El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: “Está claro, el elefante, es como una columna”.

El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: “Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico”.

El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: “El elefante es muy parecido a una soga”.

Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, todos estaban estaban equivocados.

Es difícil encontrar la verdad a partir de visiones parciales de la realidad.

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FUENTE: PSINERGIA

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El caballo en el pozo…

Cuenta la historia que un campesino, que se enfrentaba a grandes dificultades para salir adelante, tenía algunos caballos para los trabajos de su pequeña propiedad. Un día, para su pesar, su capataz descubrió a uno de los animales en un pozo muy profundo del que era casi imposible sacarlo. Aunque el caballo no estaba herido, el campesino evaluó la situación y concluyó que la operación de rescate suponía una inversión demasiado alta. Poco dado a la compasión, decidió entonces que era preferible ordenar al capataz que sacrificase al caballo lanzando tierra en el pozo hasta enterrarlo.

Y así lo hicieron, comenzaron a rellenar el pozo con tierra pero, a medida que ésta caía sobre el animal, se la sacudía, la pisoteaba y quedaba acumulada en el fondo del pozo, lo que posibilitaba al caballo subir y subir lentamente hacia la superficie. Así, la tierra que le fue tirada encima para enterrarlo en el pozo, se convirtió, una vez bien sacudida, en el suelo firme que pisar para poder salir del mismo.

Hacia una dirección similar a la del cuento apunta este aforismo: “Con las piedras que me arrojaron, construí mi bello hogar”.

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FUENTE: Alex Rovira

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Vivir como las flores…

– “Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto?. Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.”

– “¡Pues, vive como las flores!”, advirtió el maestro.

– “Y… ¿cómo es vivir como las flores?”, preguntó el discípulo.

– “Pon atención a esas flores”, continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín.

– “Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.”

– “Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse… Ejercita pues, la virtud de rechazar todo el mal que viene desde afuera y perfuma la vida de los demás haciendo el bien.”

– “Esto, es vivir como las flores”

Artículo: http://www.universonature.com/index.php/blog/item/1700-vivir-como-las-flores

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Las piedras grandes…

El maestro puso encima de la mesa un jarrón de cristal.

   A continuación, sacó de una bolsa una decena de piedras del tamaño de una naranja, y empezó a meterlas una a una dentro del recipiente.

   Cuando el jarrón ya tenía piedras hasta el borde, les preguntó a sus alumnos:

¿Está lleno?

   Todos respondieron que sí. El maestro, sin embargo, echó mano de otra bolsa que contenía grava y, sacudiendo las piedras grandes de dentro del jarrón, logró meter bastante grava en los espacios vacíos.

¿Está lleno? –preguntó de nuevo. Los alumnos dijeron que ahora sí que estaba lleno. Entonces fue cuando el maestro usó el contenido de una tercera bolsa, que contenía fina arena, derramándola en el interior del jarrón.

La arena fue rellenando todos los intersticios entre las piedras y la grava, hasta completar todo el recipiente.

De acuerdo –dijo el maestro-, ahora el jarrón está lleno. ¿Cuál es la enseñanza que he querido demostrar?

Que no importa lo ocupado que estés, pues siempre habrá espacio para hacer algo más– dijo un alumno.

Nada de eso. En realidad, esta pequeña demostración nos permite darnos cuenta de lo siguiente: si no ponemos las piedras grandes al principio, no podremos meterlas después.

   A partir de eso, pensemos: ¿cuáles son las cosas importantes de nuestra vida? ¿Le estás dando prioridad a aquello que de verdad es primero para ti? ¿Qué proyectos dejamos para más adelante, qué aventuras nos negamos a vivir, por qué amores no luchamos?

   Reflexionemos sobre cuáles son las piedras grandes y sólidas que mantienen encendida en nosotros la llama de la vida. Puedo elegir ponerlas en ese jarrón, dentro de mi, de forma prioritaria, como dicta mi corazón. O poner todas mi energías en aquellas cosas que no tienen que ver conmigo o que me restan vitalidad.

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FUENTE: PSINERGIA

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El guijarro correcto…

Un hombre oyó decir que cierto alquimista había perdido, en un desierto muy cercano, el resultado de años de trabajo: la famosa piedra filosofal, que transformaba en oro cualquier metal que tocase.

Impulsado por el deseo de encontrarla y hacerse rico, el hombre se dirigió al desierto. Como no sabía exactamente qué aspecto tenía la piedra filosofal, comenzó a recoger todos los guijarros que encontraba, poniéndolos en contacto con la hebilla de su cinturón, y observando si ocurría algo.

Transcurrió un año, y otro más, y nada. El hombre, no obstante, conservaba con terquedad su deseo de recuperar la piedra mágica. Por ello, ya automáticamente, caminaba por los diversos valles y montañas del desierto, restregando un guijarro tras otro contra su cinturón.

Cierta noche, antes de dormir, ¡se dio cuenta de que su hebilla se había transformado en oro!

Pero, ¿cuál de las piedras había obrado el prodigio? ¿Acaso el milagro había ocurrido por la mañana, o ya de noche? ¿Hace cuánto tiempo, realmente, no se fijaba en el resultado de su esfuerzo? Lo que antes era la búsqueda de algo concreto se había transformado en un ejercicio mecánico, al que no prestaba ninguna atención ni le proporcionaba el menor placer. Lo que era una aventura, se había transformado en una obligación odiosa.

Ahora ya no había manera de descubrir la piedra exacta, pues la hebilla ya era de oro, y ya no podría ser nuevamente transformada. Había recorrido el camino correcto, pero había dejado de prestar atención al milagro que lo aguardaba.

Publicado por: M. Angeles Molin

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FUENTE: PSINERGIA

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El patito…

El santón sufi Shams-e Tabrizi cuenta acerca de sí mismo la siguiente historia:

Desde que era niño se me ha considerado un inadaptado. Nadie parecía entenderme.

Mi propio padre me dijo en cierta ocasión: “No estás lo suficientemente loco como para encerrarte en un manicomio ni eres lo bastante introvertido como para meterte en un monasterio. No sé qué hacer contigo”.

Yo le respondí: “Una vez pusieron un huevo de pata a que lo incubara una gallina. Cuando rompió el cascarón, el patito se pasó a caminar junto a la gallina madre, hasta que llegaron a un estanque. El patito se fue derecho al agua, mientras la gallina se quedaba en la orilla cloqueando angustiadamente. Pues bien, querido padre, yo me he metido en el océano y he encontrado en él mi hogar. Pero tú no puedes echarme la culpa de haberte quedado en la orilla”.

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FUENTE: PSINERGIA

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La c??rcel del odio…

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones.

Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

– ¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?

– No, gracias a Dios ya lo olvidé todo – contestó
– ¿Y tú?

– Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas – respondió el otro

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

– Lo siento por ti.
– Si eso es así, significa que aún te tienen preso.

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FUENTE: Contarcuentos

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La lib??lula…

En el fondo de un viejo estanque vivía un grupo de larvas que no comprendían por qué cuando alguna de ellas ascendía por los largos tallos de lirio hasta la superficie del agua, nunca más volvía a descender donde ellas estaban.

Se prometieron una a otra, que la próxima de ellas que subiera hasta la superficie, volvería para decirles a las demás lo que le había ocurrido.

Poco después, una de dichas larvas sintió un deseo irresistible de ascender hasta la superficie. Comenzó a caminar hacia arriba por uno de los finos tallos verticales y cuando finalmente estuvo fuera, se puso a descansar sobre una hoja de lirio. Entonces experimentó una transformación magnifica que la convirtió en una hermosa libélula con unas alas bellísimas. Trató de cumplir su promesa, pero fue en vano. Volando de un extremo al otro de la charca podía ver a sus amigas sobre el fondo. Entonces comprendió que incluso si ellas a su vez hubieran podido verla, nunca habrían reconocido en esta criatura radiante a una de sus compañeras.

El hecho de que después de esa transformación que llamamos muerte no podamos ver a nuestros amigos ni comunicarnos con ellos no significa que hayan dejado de existir.

 

Walter Dudley Cavert

Libelula

FUENTE: PSINERGIA

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YO SOY PETER…

 Era un bar de mala muerte, en uno de los barrios más turbios de la ciudad..El ambiente sórdido parecía extraído de una novela policial de la serie negra.

Un pianista borracho y ojeroso golpeaba un blues aburrido, en un rincón que apenas se divisaba entre la escasa luz y el humo de cigarrillos apestosos.

De repente, la puerta se abrió de una patada. El pianista cesó de tocar y todas las miradas se dirigieron a la puerta.

Era una especie de gigante lleno de músculos que se escapaban de su remera, con tatuajes en sus brazos de herrero.

Una terrible cicatriz en la mejilla le daba aun más fiereza a su cara de expresión terrible.

Con una voz que helaba la sangre, gritó:

—¿Quién es Peter?

Un silencio denso y terrorífico se instaló en el bar. El gigante avanzó dos pasos y agarró una silla y la arrojó contra un espejo.

—¿Quién es Peter? –volvió a preguntar.

De una mesa lateral, un pequeño hombrecito de anteojos corrió su silla, sin hacer ruido caminó hacia el gigantón; con voz casi inaudible, susurró:

—Yo… yo soy Peter.

—Ah, tú eres Peter, yo soy Jack, ¡hijo de ****!

Con una sola mano lo levantó en el aire y lo arrojó contra un espejo. Lo levantó y le pegó dos cachetadas que parecía que le arrancarían la cabeza. Después le aplastó las gafas. Le destrozó la ropa y por último, lo tiró al piso y le saltó sobre el estómago.

Un pequeño hilo de sangre empezó a brotar de la comisura de la boca del hombrecito, que quedó tirado en el piso semiinconsciente.

El gigantón se acercó a la puerta de salida y antes de irse, dijo:

—¡Nadie se burla de mí, nadie! –y se fue.

Apenas la puerta se cerró, dos o tres hombres se acercaron levantar a la víctima de la paliza. Lo sentaron y le acercaron un whisky.

El hombrecito se limpió la sangre de la boca y empezó a reírse. Primero suavemente y después, a carcajadas.

La gente lo miró sorprendida..¿Los golpes lo habían dejado loco?

—Ustedes no entienden –dijo, y siguió riéndose— yo sí me burlé de ese idiota…

Los otros no podían evitar la curiosidad y lo llenaron de preguntas:

¿Cuándo?

¿Cómo?

¿Con una mujer?

¿Por dinero?

¿Qué le hiciste?

¿Lo mandaste preso?

El hombrecito siguió riendo.

—No, no. ¡Yo me burlé de ese estúpido ahora, delante de todos. Porque yo… ja, ja, ja… yo…

…¡Yo no soy Peter!

Me fui del consultorio riéndome a carcajadas. Tenía la imagen del maltrecho hombrecito creyendo que se había burlado del grandote.

A medida que caminaba algunas manzanas, la risa se me fue pasando y me inundó una extraña sensación de autocompasión…

Jorge Bucay

Si lo prefieres puedes escuchar el cuento.

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