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Pensar y vivir con sencillez…

Como buen filósofo que era, Sócrates creía que la persona sabia viviría instintivamente de manera frugal. Él mismo ni siquiera llevaba zapatos; sin embargo, una y otra vez cedía al hechizo de la plaza del mercado y solía acudir allí a ver las mercancías que se exhibían.

Cuando un amigo le preguntó la razón, Sócrates le dijo: “Me encanta ir allí y descubrir sin cuántas cosas soy perfectamente feliz.”

La espiritualidad no consiste en saber lo que quieres, sino en comprender lo que no necesitas.

Anthony de Mello

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NOSOTROS SOMOS TRES, TÚ ERES TRES…

Cuando el barco del obispo se detuvo durante un día en una isla remota, decidió emplear la jornada del modo más provechoso posible. Deambulaba por la playa cuando se encontró con tres pescadores que estaban reparando sus redes y que, tratando de hacerse entender, le explicaron cómo habían sido evangelizados siglos atrás por los misioneros.

– “Nosotros ser cristianos” le dijeron, señalándose orgullosamente a sí mismos.

El obispo quedó impresionado. Al preguntarles si conocían la Oración del Señor, le respondieron que jamás la habían oído. El obispo sintió una auténtica conmoción.

¿Cómo podían llamarse cristianos si no sabían algo tan elemental como el Padrenuestro?

– Entonces, ¿qué decís cuando rezáis?

– Nosotros levantar los ojos al cielo. Nosotros decir: “Nosotros somos tres, Tú eres tres, ten piedad de nosotros.”

Al obispo le horrorizó el carácter primitivo y hasta herético de su oración. De manera que empleó el resto del día en enseñarles el Padrenuestro. Los pescadores tardaban en aprender, pero pusieron todo su empeño y, antes de que el obispo zarpara al día siguiente, tuvo la satisfacción de oír de sus labios toda la oración sin un solo fallo.

Meses más tarde el barco del obispo acertó a pasar por aquellas islas y, mientras el obispo paseaba por la cubierta rezando sus oraciones vespertinas, recordó con agrado que en aquella isla remota había tres hombres que, gracias a pacientes esfuerzos, podían ahora rezar como era debido. Mientras pensaba esto, sucedió que levantó los ojos y divisó un punto de luz en el este. La luz se acercaba al barco y, para su asombro, vio tres figuras que caminaban hacia él sobre el agua. El capitán detuvo el barco y todos los marineros se asomaron por la borda a observar aquel asombroso espectáculo.

Cuando se hallaban a una distancia desde donde podían hablar, el obispo reconoció a sus tres amigos, los pescadores.

– ¡Obispo! – exclamaron- nosotros alegrarnos de verte. Nosotros oír tu barco pasar cerca de la isla y correr a verte.

– ¿Qué deseáis?, les preguntó el obispo con cierto recelo.

– Obispo -le dijeron- nosotros tristes. Nosotros olvidar bonita oración. Nosotros decir: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino…”. Después olvidar. Por favor, decirnos otra vez toda la oración.

El obispo se sintió humillado.

– Volved a vuestras casas, mis buenos amigos -les dijo- y cuando recéis, decid: Nosotros somos tres, Tú eres tres, ten piedad de nosotros.

Anthony de Mello

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Acumulamos…

Cuando el gorrión hace su nido en el bosque, no usa más que una rama.

Cuando el ciervo apaga su sed en el río, no bebe más que lo que le cabe en la panza.

Nosotros acumulamos cosas porque tenemos el corazón vacío.

Anthony de Mello

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Cree en ti mismo…

Ten mucho cuidado de aquellos que te vendan sus propias creencias,
pues están obstaculizando tu propio descubrimiento de la vida.

Anthony de Mello

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La pelea del cuerpo…

En cierta ocasión, los diversos miembros y órganos del cuerpo estaban muy enfadados con el estómago. Se quejaban de que ellos tenían que buscar el alimento y dárselo al estómago, mientras que éste no hacía más que devorar el fruto del trabajo de todos ellos.

De modo que decidieron no darle más alimento al estómago. Las manos dejaron de llevarlo a la boca, los dientes dejaron de masticar y la garganta dejó de tragar. Pensaban que con ello obligarían al estómago a despabilar.

Pero lo único que consiguieron fue debilitar el cuerpo, hasta el punto de que todos ellos se vieron en auténtico peligro de muerte. De este modo fueron ellos, en definitiva, los que aprendieron la lección de que, al ayudarse unos a otros, en realidad trabajaban por su propio bienestar.

Anthony de Mello

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Photo Credit: … marta … maduixaaaa via Compfight cc

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Realmente, cree en ti mismo…

Ten mucho cuidado de aquellos
que te vendan sus propias
creencias, pues están
obstaculizando tu propio
descubrimiento de la vida.

Anthony de Mello

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Nuestros enemigos…

Nuestros enemigos no son los que nos odian., sino aquellos a quienes nosotros odiamo.

Un ex-convicto de un campo de concentración nazi fue a visitar a un amigo que había compartido con él tan penosa experiencia.

”¿Has olvidado ya a los nazis?”  le pregunto a su amigo.

“Si”, dijo este.
”Pues yo no. Aún sigo odiándolos con toda mi alma.”

Su amigo le dijo apaciblemente:

”Entonces,  aún siguen teniéndote prisionero.”

Antonio de Mello

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Photo Credit: Hindrik S via Compfight cc

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Abandona tu nada…

Pensaba que era de vital importancia ser pobre y austero. 
Jamás había caído en la cuenta de que lo vitalmente importante era renunciar a tu “ego”; que el “ego” engorda tanto con lo santo como con lo mundano, con la pobreza como con la riqueza, con la austeridad como con el lujo.

No hay nada de lo que no se sirva el “ego” para hincharse.

El discípulo:
-Vengo a ti con nada en las manos.
El maestro:
-Entonces suéltalo en seguida.
El discípulo:
-Pero ¿cómo voy a soltarlo si es nada?
El maestro:
-Entonces llévatelo contigo.
De tu nada puedes hacer una auténtica posesión.
Y llevar contigo tu renuncia como un trofeo.
No abandones tus posesiones.
Abandona tu “ego”.

Anthony de Mello

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Buscar en lugar equivocado…

 Un vecino encontró a Nasruddin cuando éste andaba buscando algo de rodillas. «¿Qué andas buscando, Mullab?».

«Mi llave. La he perdido».

Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino: «¿Dónde la perdiste?». «En casa».

«¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí?».

«Porque aquí hay más luz».

¿De qué vale buscar a Dios en lugares santos si donde lo has perdido ha sido en tu corazón?

Anthony de Mello

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