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Divinas palabras…

La palabra es el arma más poderosa.
Ramón LLull

Las palabras son el vehículo de contacto de nuestra alma con la realidad. Gracias a ellas tomamos conciencia y simbolizamos lo vivido. Las palabras nos brindan además la posibilidad de significar toda experiencia, desde lo aparentemente banal hasta lo trascendente: las palabras nos ayudan a dar un sentido a la vida.

Gracias a las palabras percibimos las diferencias, los contrastes y nos acercamos al mundo. Con ellas creamos y exploramos universos reales e imaginarios. Son puente y camino para conocer y reconocer al ser próximo, descubrir sus matices, su humanidad y, cómo no, son también el vehículo para llegar hasta nosotros mismos.

Paradójicamente también las palabras nos ayudan a tomar distancia, a ganar perspectiva, a desahogarnos. Nos permiten acercarnos y alejarnos, gestionar distancias, entregarnos o partir.

«La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha», dejó escrito Michel de Montaigne. Las palabras nos pertenecen a ambas partes en diálogo cuando éste es sincero, cuando la escucha es atenta, cuando hay voluntad de encuentro. En ellas nos encontramos y por eso nos unen, nos llevan al intercambio, a la relación, al encuentro y así es como nos hacen ver, sentir y crecer.

Existen palabras que condensan experiencias, sentimientos, anhelos, incluso una vida: el nombre de la persona amada, el de los lugares de nuestra infancia, la canción que evoca el recuerdo, la poesía que siempre nos acompaña, la voz de nuestros afectos. En ocasiones, al escuchar palabras como hijo, amigo, padre, madre o especialmente el nombre propio del ser amado, se evoca y recrea un universo de recuerdos y emociones a veces más rico e intenso que la propia realidad cotidiana.

Hay palabras sencillas, inmediatas, adecuadas, amables, que son un regalo. Expresadas desde la espontaneidad, un «adiós», un «gracias», un «porfavor», un «te quiero» pueden iluminar un momento, y en según qué circunstancias, ser el recuerdo que da también sentido a una vida.

Alex Rovira

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Pequeño Yo…

Sucede que la belleza de lo que Es borra ese supuesto y pequeño yo que todo lo interfiere.

Adoramos a dioses que no vemos y paradójicamente destruimos algo tan real como la tierra que nos da la vida, el agua, el aire.

Si hay algo que merezca el nombre de divino es aquello no contaminado por la mano del hombre necio y ambicioso.

Álex Rovira

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Photo Credit: FerPer via Compfight cc

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10 años, 10 reglas de la buena suerte…

David le preguntó a Víctor:

—De acuerdo, dime: ¿Cuál es la diferencia entre la suerte y la Buena Suerte?

Víctor meditó antes de contestar:

—Cuando a vuestra familia os tocó una herencia, tuvisteis suerte. Pero esa suerte no depende de uno, por eso tampoco dura demasiado. Solo tuviste algo de suerte, por eso ahora no tienes nada. Yo, en cambio, me dediqué a crear suerte. La suerte, a secas, no depende de ti. La Buena Suerte, solo depende de ti. La verdadera, es esta última. La primera, sencillamente, no existe.

David no podía dar crédito a lo que estaba oyendo.

—¿Me estás diciendo que la suerte no existe?

—Bueno… Si quieres digamos que sí que existe, pero es demasiado improbable como para esperar que te ocurra a ti. Y, en ese caso, no dura demasiado, es efímera. ¿Sabías que casi el 90% de las personas a las que les ha tocado la lotería, no han tardado más de diez años en arruinarse o en volver a estar como antes estaban? En cambio, la Buena Suerte es posible siempre que te lo propongas. Por eso se llama la Buena Suerte, porque es la Buena, la de verdad.

Un fragmento de una historia que publiqué ya hace diez años a cuatro manos con mi amigo Fernando Trías de Bes; un libro que me ha reportado muchas satisfacciones. En especial, haber conectado con tantísimos lectoras y lectores en todo el mundo, en más de 40 idiomas y en multitud de países. Un libro que aún hoy seguís compartiendo y manteniendo vivo, algo que no puedo dejar de agradecer.

En esta entrada, avanzo las diez reglas sobre las que se fundamenta la historia, y que iré comentando en sucesivos posts.
Para empezar, os invito a reflexionar sobre un binomio interesante:

PREPARACIÓN + OPORTUNIDAD

Es decir, disponer de un conjunto de actitudes y de aptitudes con las saber aprovechar las opciones que se nos presenten. ¿El resultado de esta suma? Nada más y nada menos que LA BUENA SUERTE.

FUENTE: Blog de Alex Rovira

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Longanimidad…

¿Conoces el significado del concepto longanimidad? Es una palabra muy poco conocida y cuyo significado, según el Diccionario de la Real Academia, es: “Grandeza y constancia de ánimo en las adversidades. Benignidad, clemencia y generosidad”.

Si olvidamos las palabras que nombran los conceptos esenciales, no podemos convocarlos. Pero si sabemos que existen y qué camino nos indican, nuestra vida puede cambiar.

Ilustraré esté principio con un caso real:

Dick Hoyt es un ex militar estadounidense de nacido en 1940 (luego, hoy tiene 72 años), hoy reciclado en profesor. Dick protagoniza junto a su hijo Rick, nacido en 1962, una de las demostraciones de superación más increíbles de la historia.

Rick es un discapacitado con parálisis cerebral de nacimiento, lo que le impide hablar, andar, manipular, moverse libremente, coordinar de manera adecuada manos y brazos. Se comunica a través de un programa informático especial que interpreta los movimientos de la cabeza y los traduce en palabras con las que construye frases.

Fue a los 12 años cuando Rick pudo expresarse por primera vez de esta manera. Gracias a que sus padres no renunciaron a que tuviera un papel activo y autónomo en su vida y a que ignoraron el diagnóstico de los médicos que indicaron que se mantendría en un estado vegetal permanente se produjo el milagro que ahora te contaré.

También fue mérito de los ingenieros de la Universidad Tufts, que reconocieron que el sentido del humor que manifestaba Rick indicaba inteligencia. A sus 12 años Rick fue capaz de aprender a usar ese ordenador especial para comunicarse mediante los movimientos de la cabeza. Las primeras palabras que logró escribir fueron “¡Vamos, Bruins!”, un grito de ánimo para su equipo local, por lo que su padre comprendió que era un amante del deporte y decidió embarcarse con él en una peculiar aventura para realizar los sueños de su hijo: entrenar y competir juntos en maratones, triatlones y grandes desafíos físicos, llevándolo como un adulto lleva a un bebé en su carrito.

Con el ejemplo de su padre Rick ha visto de primera mano cómo es posible lo aparentemente imposible, cómo la fuerza del amor y la voluntad de mejorar ganan la partida por goleada a la resignación y a la apatía.

Conocidos como el “Equipo Hoyt”, Dick y Rick hicieron juntos su primera carrera en 1977. Desde entonces y hasta hoy han participado en más de mil competiciones, incluyendo más de doscientas cuarenta triatlones (seis de los cuales fueron competiciones Ironman, que consisten en completar una maratón completa —es decir, cerca de 44 kilómetros de carrera—, junto con 180 kilómetros en bicicleta, a los que hay que añadir cuatro kilómetros a nado; todo seguido, una prueba tras otra). A su palmarés se añaden veinte duatlones y más de setenta maratones, incluyendo veinticuatro maratones de Boston consecutivas.

Es impresionante ver cómo el padre, Dick, lleva a Rick, con cerca de setenta kilos de peso, en una silla especial acoplada a su bicicleta, lo arrastra en un bote cuando nada o lo empuja en una silla de ruedas adaptada cuando corre.

Uno no puede llegar a entender cómo un hombre a tal edad tiene la energía para culminar una competición más que durísima como es la Ironman mientras carga con el peso de su hijo y de los dispositivos necesarios para ello; además ha obtenido unos registros asombrosos.

Gracias al ejemplo de su padre, Rick estudió, acabó el bachillerato y se licenció en educación especial por la Universidad de Boston. Actualmente vive una vida autónoma en su propio apartamento y es un profesional que trabaja en el Boston College.

Los milagros existen. La crisis los propicia, si queremos, si creemos que podemos. Y aunque nada nos garantice que todo tenga un final feliz, ejemplos como éste nos brindan, sin duda, nuevas perspectivas. Te aconsejo vivamente que inviertas cuatro minutos de tu vida en contemplar este vídeo adjunto.

Al ver tal historia de vida y de sobreesfuerzo de este equipo padre-hijo uno no puede más que conmoverse profundamente y pensar que hay crisis que parecen insuperables pero que, como humanos, nuestra batería de recursos para gestionarlas y superarlas es mucho mayor de lo que imaginamos.

¿Podemos lograr todo lo que deseamos? No. Pero sí que podemos lograr más de lo que imaginamos si movilizamos la fuerza de nuestro amor con altas dosis de longanimidad y voluntad.

Ya lo dijo el poeta latino Publio Virgilio: el amor todo lo vence. Y aunque no siempre sea así, lo que tengo muy claro es que si algo da sentido a esta vida, por encima de todo, es el amor. Y esta historia es una muestra de ello.

Alex Rovira

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Observar y escuchar…

“Vosotros, los blancos, siempre estáis haciendo preguntas. Nunca os limitáis a observar y escuchar. Suele ser posible aprender todo lo que realmente importa saber sólo observando y escuchando.”

ANCIANO INDIO NORTEAMERICANO

Escuchamos poco, y observamos menos. Esa es mi sensación. Salvo honrosas excepciones, personas que de verdad están atentas a lo que sucede, pareciera que la humanidad va cada vez más acelerada tras tuits, titulares, estímulos breves e intensos, continuos, que caducan rápidamente. Mucha intensidad, poca profundidad.

Es cierto, tal y como decía el anciano indio norteamericano, que podemos aprender lo que realmente importa observando y escuchando, si lo hacemos bien, a consciencia.

La diferencia entre oír y escuchar puede marcar, incluso en un acto en apariencia intrascendente, una enorme diferencia en el resultado final, tal y como nos muestra en esta breve fábula:

“El herrero del pueblo contrató a un aprendiz dispuesto a trabajar duro por poco dinero. El muchacho era joven, alto y muy fuerte, aunque un poco despistado. Era obediente y hacía las tareas que le encomendaban, pero se equivocaba a menudo y tenía que repetirlas porque prestaba muy poca atención a las instrucciones que el herrero le daba.

Al herrero esto le molestaba un poco, pero pensaba: ‘Lo que yo quiero no es que me escuche cuando le doy una explicación, sino que acabe haciendo el trabajo y que me cueste muy poco dinero’.

Un día, el herrero dijo al muchacho: ‘Cuando yo saque la pieza del fuego, la pondré sobre el yunque; y cuando te haga una señal con la cabeza, golpéala con todas tus fuerzas con el martillo’.

El muchacho se limitó a hacer exactamente lo que había entendido, lo que creía que el herrero le había dicho. Y ese día el pueblo se quedó sin herrero, fallecido por accidente a causa de un espectacular martillazo en la cabeza…”.

Es lo que tiene oír sin escuchar.

Luego vale la pena estar atento y saber escuchar, a nosotros mismos y a los demás.

Álex Rovira

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La felicidad según Martin Seligman…

¿Por qué la gente feliz es feliz? El padre de la Psicología positiva se ha ganado esta calificación por ser pionero en el desarrollo de un método científico que responde a esta pregunta. Este psicólogo y escritor (Albany, Nueva York, 1942) dirige el Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania (EEUU) en la actualidad, habiéndose licenciado en la de Princeton con summa cum laude y habiendo sido el presidente durante una década de la Asociación Estadounidense de Psicología.

Su trabajo está concentrado en varios best sellers como ‘The Optimistic Child’, ‘Learned Optimism’, ‘Authentic Happiness’ y ‘What You Can Change and What You Can’t’. En sus experimentos, basados en el uso exhaustivo de cuestionarios para los participantes, Seligman ha mostrado nuevas consideraciones sobre la depresión y la satisfacción entendida como el cultivo de nuestro potencial personal –‘signature strenghts’, en inglés–: nuestra empatía, moderación y perseverancia.

Este psicólogo toma nociones de la felicidad según Confucio, Mencio y Aristóteles, junto a teorías modernas sobre la motivación, para concluir que la felicidad se alcanza trabajando en tres dimensiones, esto es, la Vida Gratificante (cubrir nuestras necesidades básicas), la Buena Vida (descubrir nuestro potencial y desarrollarlo para sentirnos plenos) y la Vida con Sentido (dedicar nuestro potencial, virtudes y fortalezas, a contribuir a la felicidad de los demás). Esta teoría logra diluir el conflicto entre felicidad individual y altruismo, abogando por la búsqueda de las emociones positivas frente al abandono personal en las negativas. Se trata de pensar y actuar de una manera constructiva para entender y gestionar nuestro pasado, crecer en optimismo en el presente y mirar al futuro con esperanza.

En el campo de la Psicología positiva, las emociones constructivas nos conducen a situaciones agradables, gratificantes, por lo que se ofrecen estrategias terapéuticas que nos libren de la frustración y de la negatividad, dirigidas a destacar nuestras seis virtudes esenciales: el conocimiento y la sabiduría, el coraje, el amor y la humanidad, la justicia, la moderación y la espiritualidad y trascendencia, apoyándonos en nuestras fortalezas. Finalmente, Seligman describe que una vida sin sentido (carente de estas virtudes y fortalezas) se traduce en depresión, vacío existencial, falta de autoestima y de empatía.

Hoy, y gracias a Martin Seligman, nos acercamos a una definición de felicidad más tangible y humana, como apuntan estas frases:

Una de las cosas que los psicólogos solían decir es que si estás deprimido, ansioso o enfadado no podías ser feliz. Creo que puedes sufrir o tener una enfermedad mental y ser feliz, aunque no en el mismo momento en que estás triste.

En cuanto a las relaciones, si se enseña a la gente a responder activamente y de manera constructiva cuando alguien está motivado, alcanza su objetivo, aumenta el amor y la amistad y disminuye la probabilidad de depresión.

La vida causa los mismos contratiempos y las mismas tragedias tanto a los optimistas como a los pesimistas, pero los primeros saben afrontarlos mejor.

Creo que es posible que para el año 2051 el 51 por ciento de la población humana se sienta más feliz. Esa es mi meta.

Llegar más allá de donde estás es realmente importante.

El bienestar no puede existir solo en tu propia cabeza. El bienestar es una combinación entre sentirse bien y realmente tener una vida con sentido, buenas relaciones y autorrealización.

No me importa estar equivocado, y no me importa cambiar de opinión.

Un compositor puede tener todo el talento de Mozart y un apasionado deseo de tener éxito, pero si cree que no puede componer música, no conseguirá nada. No se está esforzando lo suficiente. Se dará por vencido demasiado pronto, cuando la melodía no acaba de surgir y tarda demasiado en materializarse.

Privamos a nuestros hijos, a quienes cuidamos, del valor de la persistencia. Lo que quiero decir es que necesitamos fallar, los niños necesitan fallar, necesitamos sentirnos tristes, ansiosos y angustiados. Si nos protegemos, a nosotros mismos y a nuestros hijos, como afirman los que dicen que siempre hay que sentirse bien, nos privamos de las habilidades que nos proporciona el aprendizaje del esfuerzo.

No somos prisioneros del pasado.

Los pensamientos aprendidos no son imposibles de reaprender. Uno de los hallazgos más significativos de la psicología en los últimos veinte años es que los individuos pueden elegir su forma de pensar.

Mediante la activación de una mentalidad expansiva, tolerante y creativa, los sentimientos positivos maximizan los beneficios sociales, intelectuales y físicos que buscamos.

Alex Rovira

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Puedes…

Puedes obligar a comer,
Pero no puedes obligar a sentir hambre;

Puedes obligar a alguien a acostarse,
Pero no puedes obligarle a dormir;

Puedes obligar a que te oigan,
Pero no puedes obligar a que te escuchen;

Puedes obligar a que te besen,
Pero no puedes obligar a que te deseen;

Puedes obligar a que te aplaudan,
pero no a que te emocionen;

Puedes obligar a que te elogien,
pero no a que te admiren;

Puedes obligar a que fuercen un gesto de sonrisa,
Pero no puedes obligar a reír;

Puedes obligar a que te sirvan,
Pero no puedes obligar a que te amen.

Puedes obligar a que te cuenten un secreto,
pero no a que confíen en tí.

Alex Rovira (La brújula interior)

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Photo Credit: victor_nuno via Compfight cc

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Saber…

Saber callar para poder oír.

Saber oír para poder escuchar.

Saber escuchar para poder comprender.

Saber comprender para poder amar.

Saber amar para poder acoger.

Saber acoger para poder callar.

Y volver a comenzar.

Alex Rovira

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En el amor…

Uno de los textos que forma parte de uno de mis libros de cabecera, una obra extraordinaria: “El hombre en busca de Sentido” escrito por el Dr. Viktor Frankl, y debemos contextualizarlo en la narración de su terrible experiencia como preso en el campo nazi de exterminio de Auschwitz. Dice así:

“Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el ser humano. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humanos intentan comunicar: la salvación del ser humano está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el ser humano, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad -aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido. Cuando el ser humano se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente – con dignidad – ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido.”

Alex Rovira

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