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Ovejas negras…

Las llamadas “ovejas negras” de la familia son en realidad Buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico.

Aquellos miembros de un árbol que no se adaptan a las normas o tradiciones del Sistema Familiar, aquellos que desde pequeños buscaban constantemente revolucionar las creencias, yendo en contravía de los caminos marcados por las tradiciones familiares, aquellos criticados, juzgados e incluso rechazados, esos, por lo general son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras.

Las llamadas “ovejas negras”, las que no se adaptan, las que gritan rebeldía, cumplen un papel básico dentro de cada sistema familiar, ellas reparan, desintoxican y crean una nueva y florecida rama en el árbol genealógico.

Gracias a estos miembros, nuestros árboles renuevan sus raíces.

Su rebeldía es tierra fértil, su locura es agua que nutre, su su terquedad es nuevo aire, su apasionamiento es fuego que vuelve a encender el corazón de los ancestros.

Incontables deseos reprimidos, sueños no realizados, talentos frustrados de nuestros ancestros se manifiestan en la rebeldía de dichas ovejas negras buscando realizarse. El árbol genealógico, por inercia querrá seguir manteniendo el curso castrador y tóxico de su tronco, lo cual hace la tarea de nuestras ovejas una labor difícil y conflictiva.

Sin embargo, ¿quién traería nuevas flores a nuestro árbol si no fuera por ellas? ¿Quien crearía nuevas ramas? Sin ellas, los sueños no realizados de quienes sostienen el árbol generaciones atrás, morirían enterrados bajo sus propias raíces. Si tu eres señalado como la oveja negra de la familia acéptalo, vívelo y disfrútalo con orgullo.

Como oveja negra de tu árbol, se valiente y mantente.

Aunque tu clan parezca estar en contra su clamor inconsciente te pide que continúes, se fuerte y lucha por contar tu propia historia.

Que nadie te haga dudar, cuida tu “rareza” como la flor más preciada de tu árbol. Eres el sueño realizado de todos tus ancestros.

Alejandro Jodorowsky


Photo Credit: manecattan Flickr via Compfight cc

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La mala suerte…

Caminando por la selva se topa con un león dormido.

Poniéndose de rodillas ante él, murmura:
– Por favor, no me comas.

La bestia sigue roncando. Esta vez grita:
– ¡Por favor, no me comaaas!

El animal no se da por enterado. Temblando, abre las mandíbulas y acerca su cara a los colmillos para
volver a gritar el ruego. Inútil. La fiera no despierta.

Histérico, comienza a darle patadas en el trasero:
– ¡No me comas! ¡No me comas! ¡No me comas!.

El león despierta, salta sobre él y, furioso, comienza a devorarlo. El hombre se queja:
– ¡Qué mala suerte tengo!.

Alejandro Jodorowsky


Photo Credit: A W Dimmick Flickr via Compfight cc

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Talento…

– Maestro, tengo un problema con mi hijo

– Me trajo las notas del colegio, una alta calificación en dibujo y una pésima calificación en matemáticas.

– ¿Qué harás? – dijo el maestro

– ¡Lo pondré de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de matemáticas!

– Necio, ponlo de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de dibujo.

– Todos servimos para algo pero no todos servimos para lo mismo.

Alejandro Jodorowsky

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Photo Credit: Cotallo-nonocot Flickr via Compfight cc

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Milagros…

Los milagros son comparables a las piedras: están por todas partes ofreciendo su belleza y casi nadie les concede valor. Vivimos en una realidad donde abundan los prodigios, pero ellos son vistos solamente por quienes han desarrollado su percepción. Sin esa sensibilidad todo se hace banal, al acontecimiento maravilloso se le llama casualidad, se avanza por el mundo sin esa llave que es la gratitud. Cuando sucede lo extraordinario se le ve como un fenómeno natural, del que, como parásitos, podemos usufructuar sin dar nada en cambio.

Mas el milagro exige un intercambio: aquello que me has dado debo hacerlo fructificar para los otros. Si no se está unido no se capta el portento. Los milagros nadie los hace ni los provoca, se descubren. Cuando aquel que se creía ciego se quita los anteojos oscuros, ve la luz. Esta oscuridad es la cárcel racional.

Alejandro Jodorowsky

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Photo Credit: Txanoduna via Compfight cc

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Reparar tristes memorias del pasado…

Cada vez que tengas un recuerdo doloroso de tu infancia, viaja por tu memoria y, con la edad que tienes hoy, dile a tu niño: “Pequeño mío, no estés triste, no estás solo . Yo estaba contigo, acompañándote todo el tiempo. Soy tu amigo. Juega conmigo”… Y así agregas a tu infancia cosas que no tenías en tu memoria y la cambias.

Puedes agregar alas invisibles a tu niño y hacerlo volar, darle belleza, darle valores, colorear las calles, llenar su casa de objetos preciosos, hacerlo conversar con los animales y las plantas, mejorar a sus padres, etc… Y si tú, hoy estás triste, puedes invocarte a ti mismo, cuando serás un/una anciano sabio que te diga: “Querido, soy tú con cien años más. Ya lo ves, no estás solo, estoy junto a ti. Tengo una inmensa sabiduría y puedo aconsejarte”.

Si agregas importantes detalles a tu memoria, tal como hace un artista cuando pinta un cuadro o filma una película, puedes cambiarla, agregarle felicidad. Si quieres liberarte del sufrimiento pasado, colorea y enriquece tu memoria. Otórgate lo que no te dieron. Haz lo que no hiciste.

Ahora mismo, elige algún recuerdo doloroso, míralo desde otra edad y dale nuevos aspectos, todos ellos positivos. Por ejemplo, si viste el cadáver de un perro podrido, hazlo integrarse a la tierra, convertirse en abono y dar origen a hermosas flores. Por otra parte, lucha para no pensar que el futuro es terrible e imagina, crea en tu mente un futuro precioso. “Sí, un día moriré, pero muy agradablemente: mi conciencia, gota divina, regresará al océano divino, que es un orgasmo eterno.”

Esta técnica de cambiar el pasado, agregando aspectos agradables a mi memoria la descubrí en la época en que Hollywood comenzó a colorear sus viejas películas filmadas en blanco y negro….

Debemos tratar a nuestra memoria como si fuera un diamante cubierto de carbón. Vamos a pulirla hasta dejar al descubierto su belleza y luego tallarle facetas para enriquecerla.

Alejandro Jodorowsky

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El tesoro de la sombra…

Estaba en un desierto.

Miró a la derecha y un árbol surgió a su izquierda.

Giró la cabeza hacia la izquierda; el árbol desapareció para crecer a su derecha.

Ojeó hacia atrás, el árbol apareció delante.

Atisbó hacia delante, el árbol brotó atrás.

Cerró los ojos para ver si lo llevaba dentro.

Se convirtió en ese árbol.

Alejandro Jodorowsky

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Photo Credit: thierry llansades via Compfight cc

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Ojos que no ven…

Un insensato, viendo a un hombre caminar en la noche alumbrando con gran dificultad el camino para no matar a las hormigas que lo atravesaban, le dijo: “¡Oh virtuoso varón, yo puedo solucionar tu problema: apaga tu vela, marcha en la oscuridad y ya no tendrás remordimientos!”

Alejandro Jodorowsky

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Photo Credit: Encespaico (Pablo Alcolea) via Compfight cc

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Valiosas lecciones de vida…

  • “Aunque creas que no te entienden, di lo mejor que piensas, y si hay algo bello en tu corazón, comunícalo: esas palabras producirán un beneficio al igual que el remedio que bebe un enfermo y que actúa sobre él aunque ignore su naturaleza”.
  • “Cuando escuches a alguien no te preocupes de que sea humilde o poderoso porque en la vía de la verdad, la pobreza o la riqueza no sirven para nada”.
  • “Un hombre sabio no es aquel que distingue el bien del mal; eso hasta los animales saben hacerlo. Un sabio es aquel que entre dos males elige el menor, y entre dos cosas buenas discierne cuál es la mejor”.
  • “Ve siempre la muerte ante tus ojos y recuerda, cuando estés acostado, que ella reposa bajo tu almohada. La vida disminuye cada día: aprovéchala”.
  • “Cuando encuentres a tu prójimo, no busques sus defectos sino mira bien en qué es superior a ti. Todo ser humano puede enseñarte algo”.*
  • “El más bello de los actos es la práctica de la sinceridad”.
  • “Modera tus deseos: si no le pides nada a los demás, todos tendrán necesidad de ti”…

Alejandro Jodorowsky

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El buey y la carreta…

Aquella flamante carreta tenía inmensas ruedas de acero con incrustaciones de oro. Sus ejes eran robustos y pesados, cubiertos de finísima grasa extraída de animales engordados especialmente para eso. Sus paredes, decoradas por por los mejores artistas de la comarca, emitían brillos diamantinos. Pero esa belleza no disminuía la fuerza extraordinaria de sus varillas. El carromato podía cargar un cerro de monedas y joyas… Le uncieron un buey. El animal, tan rápido como el peso que arrastraba se lo permitía, avanzó por el camino, silencioso y resignado. A cada metro, la emperifollada carreta lanzaba crujidos profundos. Los que la observaban decían con admiración: “¡Es una carreta noble: sufre, le cuesta transportar el tesoro, pero cumple!”…

Pasó el tiempo. Al buey comenzaron a notársele las costillas, y a su hondo resuello se mezcló una tos cavernosa. Nadie la tomó en cuenta: todos tenían ojos sólo para la carreta. “¡Qué bien pasan los años por ella, sigue brillando como siempre a pesar del enorme esfuerzo que hace! ¡Es digna de un premio!” Ignorando la miserable presencia del buey, le otorgaron un diploma al carromato. Y lo aplaudieron. El animal; desnutrido, agotado por el esfuerzo continuo, comenzó a tambalearse y tropezar. Lo apalearon por inoportuno, malagradecido y perezoso. Convertido en un anguloso paquete de huesos y pellejo, el buey murió expectorando una sangre tan pálida que parecía agua. Junto a él se quedó la carreta sin poder moverse a pesar de todos los diplomas, condecoraciones y aplausos.

Ciertos estados poderosos subsisten explotando a otros pueblos. Estos hacen todos los esfuerzos mientras el explotador recibe los honores. Cuando termina de exprimir a unos, comienza con otros. El día en que se le acaben las víctimas, a pesar de su oro, morirá por falta de energía.

Alejandro Jodorowsky

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Dibujo de Francisco Amighetti . Imagen: Museo+UCR/Laura Raabe para LN.

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Impulso a la transformación…

Cualquier tarea, por inmensa, imposible que parezca, podemos comenzarla, aunque no creamos que algún día la terminaremos.

Un día me dije: “Si me es imposible cambiar al mundo, por lo menos puedo comenzar a cambiarlo”. Cualquier tarea, por inmensa, imposible que parezca, podemos comenzarla, aunque no creamos que algún día la terminaremos. Es imposible crear un árbol, pero se puede plantar una semilla. Otros seres, otros acontecimientos, se encargarán de hacerla crecer… La inmensa, al parecer insuperable montaña actual, es el dinero. La casi totalidad de los seres humanos, tienen como meta acumular un capital. Ya no es ni la filosofía, ni la religión, ni la política la que dirige nuestras vidas: es la industria. Sumergidos en el terror económico, vivimos con miedo a perder, consumiendo y compitiendo, vendiéndonos, trabajando en lo que odiamos, creyendo que lo que produce muchos billetes es admirable. Las iglesias han convertido la Santa Trinidad en trillones, la medicina es comercio, los usureros endiosan a la bolsa, los banqueros blanquean el usufructo de los traficantes de drogas, los políticos son marionetas de los grupos económicos, la sociedad se basa en estafas legales, el dólar ha substituido a los valores espirituales.

Nuestro atroz sistema monetario, por estar asesinando al planeta, debe ser cambiado. No todas las actividades deben estar regidas por la ambición monetaria. Mi cucharita de porcelana es realizar trabajos de sanación en forma gratuita, por lo menos una vez a la semana. Los miércoles leo el Tarot gratis durante tres horas y doy consejos de psicomagia. Todos los días escribo para Plano sin fin -antiguo Plano Creativo- y Twitter, tratando de dar lo mejor de mí mismo, sembrando conciencia. Cuando realizo actividades pagadas, dedico un 10% para ayudar a quien o a lo que se sea. “Pequeños actos de bondad realizados bajo la indiferencia de un dios (de una sociedad) que no distingue el bien del mal ni la luz de su sombra.”

Cuento de la cucharita de porcelana.

En un lugar de oriente, había una montaña muy alta que con su sombra tapaba una aldea y los niños crecían raquíticos. Una vez un viejo, el más viejo de todos, salió de la aldea con una de esas cucharitas chinas de porcelana en la mano.

Los vecinos le dijeron: – ¿Adónde vas, viejito?

– Voy a la montaña. Respondió.

– ¿Y a qué vas?

– Voy a mover la montaña.

– ¿Y con qué las vas a mover?

– Con esta cucharita.

– Jajaja, nunca podrás.

– Sí, nunca podré, pero alguien tiene que comenzar a hacerlo.

Alejandro Jodorowsky

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