Archivo de la categoría: Reflexiones

¿Preocupado?…

Le dijo: “si quieres combatir la preocupación ponte manos a la obra y pasa a la acción.|

Aquello que nos preocupa es, desde una perspectiva positiva, una oportunidad para cambiar y seguir creciendo.”-Pero es que en la vida suceden cosas muy graves -respondió.

No es tanto lo que nos sucede, como lo que hacemos con aquello que nos sucede. En última instancia depende de cómo nos tomemos la vida. Por ese motivo cuando nos hemos quedado paralizados o bloqueados por el miedo bajo cualquiera de sus formas uno de los mejores antídotos es la acción.

FUENTE: PLANO SIN FIN


Photo Credit: ruurmo Flickr via Compfight cc

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Las personas fuertes…

Las personas fuertes están hechas de cicatrices, que a menudo cuentan historias difíciles.

Las personas fuertes lloran y mucho, porque saben que el dolor hay que sacarlo fuera.

Las personas fuertes no son de roca, más bien son de arcilla. Saben que para aguantar la presión sin romperse, es imprescindible que la fuerza les moldee.

Las personas fuertes cambian de piel constantemente y así aprenden a dejar atrás lo que les hizo daño.

Las personas fuertes no son rencorosas pero tienen muy buena memoria. Aprendieron pronto la diferencia entre perdonar y recordar.

Las personas fuertes saben ponerse en el lugar del otro, porque comprenden que mirarse a los ojos es como mirarse al espejo.

Las personas fuertes saben decir lo siento cuando se equivocan, porque lo echaron en falta todas las veces que se equivocaron con ellas.

Las personas fuertes se convierten en submarinos cuando intentan hundirlas y son las flores de los cactus.

Las personas fuertes no siempre tienen la razón porque saben escuchar las razones ajenas y entienden que la verdad es tan sólo un punto de vista.

Las personas fuertes son sólo personas que han construido un castillo con sus defectos, sus miedos y sus debilidades, al que sólo dejan acceder a los limpios de corazón.

Cuando estés frente a una persona fuerte no cometas el error de olvidar que los paisajes más hermosos son el fruto de la erosión.

Paz Castelló


Photo Credit: Pricenfees Flickr via Compfight cc

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Qué es la sabiduría…

“¿Qué es la sabiduría? El arte de vivir, no el arte de hacer cosas; el arte de vivir… ¿Para qué estamos vivos? Estamos vivos para vivir”. Nos seguimos emocionando al oir la voz sabia y profunda del gran Jose Luis Sampedro, gran humanista de nuestro tiempo, símbolo del compromiso intelectual y excepcional ser de luz

Qué es la sabiduría

El arte de vivir. No el arte de hacer cosas, el arte de vivir… Se puede vivir sin hacer muchas cosas, y se puede hacer muchas cosas sin saber vivir. La mayoría de la gente que ahora uno ve por la calle sabe hacer muchas cosas, se mueve todo el día, está agitada todo el día, y no sabe vivir.

Hoy, en gran parte, el hombre de una ciudad civilizada y urbanizada es un servidor del sistema y de las máquinas, porque cuando tiene que ocuparse del coche, de la lavadora, de lo otro y de lo de más allá, se pasa el día alimentando cosas y sosteniendo cosas, cuando sencillamente podría vivir mejor. Porque lo que no está claro son los fines. ¿Cuáles son los fines de la vida?, ¿para qué vivimos?, ¿para qué estamos vivos?

Estamos vivos para vivir, para hacernos, para realizarnos, para dar de cada uno de nosotros todo lo que puede dar, porque así tendrá todo lo que pueda recibir. Pero para que esto empiece hace falta libertad. Y para tener libertad, no libertad de expresión, lo que hay que tener es libertad de pensamiento, porque si usted no tiene libertad de pensamiento, da igual que hable o diga lo que quiera.

El poder se asegura de que no tengamos libertad de pensamiento, para eso nos educa, para que pensemos lo que él quiere que pensemos. Y entonces, cuando consigue que nosotros pensemos lo que él quiere que pensemos, y eso lo consigue en la infancia, cuando enseña la doctrina, cuando enseña los principios; lo consigue en la sociedad con el ambiente general, con los principios, la publicidad, el mercado, etc.

Cuando consigue que la gente piense lo que el poder quiere que piense, resulta que, si no tenemos libertad de pensamiento, no tenemos libertad de expresión, y no nos educan para tener libertad de pensamiento. Y cuando tengamos eso, podremos pensar en los fines de la vida, porque los fines de la vida no son aumentar en dinero y en gasto y en diversión, no es eso. Es ganar en satisfacción personal, ser más lo que uno es.

El tiempo no es oro, el tiempo es vida.

José Luis Sampedro

 

 

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EL niño anarquista…

El niño anarquista que con su discurso deja sin respuesta a un adulto…

El sombrero lila…

A los 3 años: Se mira en el espejo y ve una Reina.|

A los 8: Se mira y ve a Cenicienta.
A los 15: Se mira y ve una hermanastra fea (de Cenicienta)
Mamá, no puedo ir a la escuela con este aspecto.
A los 20: Se mira y ve “demasiado gorda/demasiado delgada, demasiado baja/demasiado alta. Pelo demasiado rizado, demasiado liso.
Pero decide que va a salir detodas formas.
A los 30: Se mira y ve “demasiado gorda/demasiado delgada, demasiado baja/demasiado alta. Pelo demasiado rizado, demasiado liso.
Pero decide que no tiene tiempo para arreglarlo y va a salir de todas formas.

A los 40: Se mira y ve “demasiado gorda/demasiado delgada, demasiado baja/demasiado alta. Pelo demasiado rizado, demasiado liso.

Pero dice “por lo menos estoy limpia”. Y sale de todas formas

A los 50: Se mira y ve “Yo soy”

Y va a por todo donde quiere ir.
A los 60: Se mira y se acuerda de todas las personas que ya no se pueden ver en el espejo.
Sale y conquista el mundo.

A los 70: Se mira y ve sabiduría, risas y capacidad, sale y disfruta de la vida.

A los 80: ni se preocupa de mirar.

Simplemente se pone un sobrero lila y sale a divertirse con el mundo.

PD: Deberíamos usar el sombrero lila mucho antes ¿no crees?

No tengo prisa…

No tengo prisa. ¿Prisa de qué? No tiene prisa el sol y la luna: están seguros. Tener prisa es creer que la gente pasa delante de las piernas, o que, dando un brinco, salta por encima de la sombra.

No, no sé tener prisa. Si extiendo el brazo, llego exactamente a donde mi brazo llega, ni un centímetro más allá.

Toco sólo donde toco, no donde pienso. Sólo me puedo sentar donde estoy.

Fernando Pessoa


Photo Credit: Luis Marina Flickr via Compfight cc

Atados sin cuerda…

Una caravana que iba por el desierto se detuvo cuando empezaba a caer la noche.

Un muchacho, encargado de atar a los camellos, se dirigió al guía y le dijo:

-Señor, tenemos un problema. Hay que atar a veinte camellos y sólo tengo diecinueve cuerdas. ¿Qué hago?

-Bueno -dijo el guía-, en realidad los camellos no son muy lúcidos. Ve donde está el camello sin cuerda y haz como que lo atas. El se va a creer que lo estás atando y se va a quedar quieto.

El muchacho así lo hizo. A la mañana siguiente, cuando la caravana se puso en marcha, todos los camellos avanzaron en fila. Todos menos uno.

-Señor, hay un camello que no sigue a la caravana.

-¿Es el que no atastes ayer porque no tenías soga?

-Sí ¿cómo lo sabe?

-No importa. Ve y haz como que lo desatas, si no va a creer que siguen atado. Y si lo sigue creyendo no caminará.

Tomemos conciencia de que muchas veces nosotros también somos como el camello, atados sin cuerda.

El cuerpo…

En la sociedad capitalista, el cuerpo es para las mujeres lo que la fábrica es para los trabajadores asalariados varones: el principal terreno de su explotación y resistencia, en la misma medida en que el cuerpo femenino ha sido apropiado por el Estado y los hombres, forzado a funcionar como un medio para la reproducción y la acumulación de trabajo.

En este sentido, es bien merecida la importancia que ha adquirido el cuerpo, en todos sus aspectos —maternidad, parto, sexualidad—, tanto dentro de la teoría feminista como en la historia de las mujeres.

Silvia Federici


Photo Credit: espaciosparaelarte Flickr via Compfight cc

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Ganadores y perdedores…

Cuando un ganador comete un error, dice: “Me equivoqué y aprendí la lección”.

Cuando un perdedor comete un error, dice: “No fue mi culpa”, y se la atribuye a otros.

Un ganador sabe que el infortunio es el mejor de los maestros. Un perdedor se siente víctima de la adversidad.

Un ganador sabe que el resultado de las cosas depende de él. Un perdedor cree que la mala suerte existe.

Un ganador trabaja muy fuerte y se permite más tiempo para sí mismo. Un perdedor está siempre muy ocupado, y no tiene tiempo ni para los suyos.

Un ganador enfrenta los retos uno a uno.

Un perdedor les da vueltas y vueltas y no se atreve a intentarlo.

Un ganador se compromete, da su palabra y la cumple. Un perdedor hace promesas, no asegura nada y, cuando falla, sólo se
justifica.

Un ganador dice: “Soy bueno, pero voy a ser mejor”. Un perdedor dice: “No soy tan malo como mucha otra gente”.

Un ganador escucha, comprende y responde.

Un perdedor sólo espera hasta que le toque su turno para hablar.

Un ganador respeta a los que saben más que él y trata de aprender de ellos. Un perdedor se resiste ante los que saben más que él y
sólo se fija en sus defectos.

Un ganador se siente responsable por algo más que su trabajo.


Photo Credit: [Paturo] Flickr via Compfight cc