Archivo de la categoría: Psicología

¿Y si dejas de buscar la felicidad en el lugar equivocado?…

Es más que probable que la felicidad no esté ni en lo que tienes ni en lo que haces ni en otra persona sino en la conexión con quien realmente somos. Una conexión que es el inicio de la conexión con otras personas y con la vida. Una conexión que aún y ser un camino propio puede incluir a muchas otras personas. Se parece a lo que ocurre cuando caminamos, es algo que solamente tú puedes hacer, el camino puede hacer bajada o subida, ser oscuro o claro, lleno de personas o solitario pero independientemente de las circunstancias sigue siendo tu camino.

Hemos caído en la trampa de que necesitamos a otra persona para ser felices, parejas e hijos son los más afectados. Es demasiado peso cargar con la felicidad de alguien, y cuando llevamos peso perdemos la perspectiva. Así es como justificamos las peleas, las faltas de respeto y los sueños sin cumplir, porque nuestra felicidad está en juego.

La felicidad no proviene de un amor condicionado, es más, tal vez es exactamente eso lo que nos separa de ella. Derrochamos energía buscando, hacemos cosas para conseguir cosas, en lugar de hacerlas por el placer de hacerlas, queremos controlar para obtener resultados esperados, y siempre nos damos cuenta de que seguimos sintiéndonos como antes.

Quizá es momento de reflexionar si de verdad amamos a esa persona, eso que hacemos o eso que tenemos, o por el contrario solamente amamos mientras nos haga felices, ahí es donde está la condición, así es como queremos a las personas, en lugar de cambiarnos a nosotras. Cuando amas de verdad y sin condiciones, la vida es maravillosa y tanto lo que compartes, como lo que haces, como lo que tienes se impregna de plenitud.

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Eva Sandoval


Photo Credit: Juanedc Flickr via Compfight cc

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Decálogo del autoengaño…

Según el psicólogo y escritor Daniel Goleman “Lo único que puede librarnos del poder hipnótico del autoengaño es el valor para buscar y afirmar la verdad”. Dejemos de vivir en la mentira y destapemos la verdad, dejemos de confundir lo que es con lo que nos gustaría que fuera.  Demóstenes dejó escrito “No hay nada más fácil que el autoengaño. Ya que lo que desea cada hombre es lo primero que cree” y empecemos por nosotros mismos. Aquí presentamos diez mentiras frecuentes, ¿te reconoces en alguna de ellas?

1-Decir “comenzaré mañana”, cuando en realidad podrías hacerlo hoy.

2-Ilusionarse con una suerte de iluminación que llegue de repente, sin constancia ni trabajo personal profundo.

3-Definirte por un sólo aspecto de lo que eres, cuando en realidad cada ser contiene multitudes.

4-Prometerte que “es la última vez que lo hago”, cuando ya lo has intentado dejar de hacer otras veces sin éxito.

5-Esperar que algo externo te dará la felicidad, mientras repites cada día las mismas rutinas insatisfactorias.

6-Dudar de si estás a gusto en una relación. Sencillamente, si se duda, la respuesta es que “no”.

7-Creer que la sabiduría se alcanza por un solo camino, descartando otras vías por pura ignorancia.

8-Aparentar una vida en pareja cuando en realidad esa relación se acabó hace tiempo.

9-Poner toda la esperanza y atención en lo seremos o tendremos mañana, viviendo disociados de lo que somos y tenemos en el presente.

10-Asegurar que amas a una persona, mientras esperas que cambie para demostrarle tu amor.

Carmen Guerrero

FUENTE: PLANO SIN FIN


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Sincericidio…

Oscar Wilde dijo que un poco de sinceridad es algo peligroso pero demasiada sinceridad es absolutamente fatal. Sin duda, existen grandes diferencias entre ser sinceros y cometer un “sincericidio”, una palabra que no está aprobada por la Real Academia de la Lengua Española pero que recoge perfectamente la manera de comportarse de quienes podríamos catalogar como “kamikazes de la verdad”. Y es que existe una gran diferencia entre hablar con la verdad y usarla para causar daño, ya sea a uno mismo o a los demás.

Una leyenda sobre los límites entre la sinceridad y el sincericidio

Corría el siglo de oro español cuando en un mesón madrileño, al calor de las copas, surgió una interesante apuesta entre varios caballeros. Alguien debía atreverse a decirle a la reina en su cara que era tullida.
Doña Isabel, la reina de España, era famosa por su belleza pero una afección infantil le había dejado semi inmovilizada la pierna izquierda. Aquel defecto se notaba al caminar, y la reina odiaba que se hiciera mención al mismo.
Se cuenta que Francisco de Quevedo, caballero de la corte y famoso tanto por sus versos como por sus querellas y aventuras, aceptó la apuesta. Ante la atónita mirada de todos, se presentó ante la reina con dos ramos de flores y le dijo con gran aplomo: Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad es-coja…” 
No sé si la anécdota es auténtica, pero lo cierto es que nos muestra la diferencia entre decir la verdad y cometer un sincericidio, nos habla de la importancia de elegir las palabras. Sin embargo, en la vida no siempre tenemos esa sutileza e ingenio, por lo que cuando blandimos la espada de la verdad podemos causar mucho daño.

Photo Credit: CakekicocuPhoto Flickr via Compfight cc

5 características de las personas que nunca sufren enfermedades mentales…

Los trastornos psicológicos son cada vez más frecuentes. La depresión y la ansiedad se han convertido en auténticas epidemias a nivel mundial, hasta tal punto que se estima que la mitad de las personas sufrirá una psicopatología en algún momento de su vida y que el 25% desarrollará un trastorno crónico.

Por eso, un grupo de psicólogos de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, se ha preguntado cuáles son las características comunes de las personas que no desarrollan enfermedades mentales. Para descubrirlo, siguieron a un grupo de personas a lo largo de gran parte de su vida, desde su infancia hasta la madurez, realizando tests psicológicos cada ciertos años para evaluar su salud mental.


Los pilares de una buena salud mental

Estos psicólogos descubrieron que el 83% de las personas habían sufrido un trastorno mental en alguna etapa de sus vidas. También constataron que algunos participantes tenían una salud mental muy estable, por lo que no desarrollaron trastornos psicológicos. ¿Qué los diferenciaba?

  1. No contaban con un historial de trastornos mentales en su familia. Algunas psicopatologías tienen un componente genético y otras se pueden “transmitir” a través de los patrones de afrontamiento que aprendemos de nuestros padres. Por eso, crecer en una familia funcional donde los miembros tengan una buena salud mental actúa como un factor protector.
  1. Presencia de menos emociones negativas. A la temprana edad de 5 años, las personas con buena salud mental ya mostraban menos emociones “negativas”. Sin duda, la prevalencia de emociones positivas contribuye a mirar la vida desde una perspectiva más optimista que mantiene alejados los trastornos mentales.
  1. Mayor autocontrol. El autocontrol es una capacidad que nos permite gestionar de manera más eficaz nuestras primeras reacciones, sobre todo desde el punto de vista emocional. Por una parte, nos ayuda a adaptarnos mejor a las circunstancias para poder elegir la respuesta más adecuada y, por otra parte, nos permite gestionar mejor nuestras emociones, de manera que estas no tomen el mando.
  1. Buenas relaciones interpersonales. Las relaciones interpersonales pueden convertirse en una inestimable red de apoyo o, al contrario, en fuente de conflictos y problemas. Las personas con una buena salud mental son capaces de mantener buenas relaciones con los demás y saben evitar los conflictos construyendo relaciones sólidas.5. Son resilientes. La resiliencia es una capacidad que se desarrolla desde la infancia y que nos permite enfrentar los problemas sin desmoronarnos e incluso salir fortalecidos, por lo que actúa como un factor protector del equilibrio psicológico. Un estudio realizado con niños víctimas de la guerra en Bosnia descubrió que quienes tenían menos cicatrices emocionales fueron aquellos que eran capaces de pedir ayuda, no en búsqueda de compasión sino del apoyo emocional que necesitaban.

Otro detalle muy interesante de este estudio es que las personas que tenían una mejor salud mental no eran precisamente aquellas que tenían una mejor salud física, tampoco habían nacido en familias ricas ni eran las más inteligentes en términos de C.I. Sin embargo, no hay dudas de que contaban con una buena Inteligencia Emocional.

Al llegar a la adultez, estas personas no solo habían logrado un mayor éxito en el campo profesional sino que también reportaban una mayor satisfacción con la vida y contaban con una sólida red de apoyo social.

Esto nos indica que, a pesar de que puede existir una predisposición a desarrollar determinados trastornos psicológicos, el estilo de vida y nuestra manera de afrontar los acontecimientos es decisiva para la salud mental. Por eso, si queremos proteger nuestro equilibrio psicológico, debemos asegurarnos de tener una mochila llena de buenas herramientas para la vida.

FUENTE: RINCÓN DE LA PSICOLOGÍA


Photo Credit: Izaias Buson Flickr via Compfight cc

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Sueño y silencio…

Vivimos en un mundo donde lujos, caprichos y fantasías son transformados en necesidades por la maquinaria mediática-económica. Creemos que necesitamos el nuevo iPhone, el cuerpo de una modelo de Victoria’s Secret o la vida estereotípicamente feliz de una familia moderna. Mientras esto sucede cosas que realmente sí son necesarias, como el silencio y el sueño, se convierten en carísimos lujos que sólo algunos pueden pagar o que sólo algunos tienen la estabilidad mental necesaria para recordar su importancia, inmersos en el frenesí de estímulos y estrés de la realidad actual.

La confusión en la que estamos envueltos puede apreciarse por el hecho de que hasta hace algunos años dormir poco era considerado un signo de éxito y admiración, ya que significaba que una persona estaba muy ocupada, era importante y estaba mayormente transformando su tiempo en dinero. Esto todavía puede apreciarse en ciertos ambientes urbanos competitivos, como en Tokio, donde se practica el extraño fenómeno del inemuri, dormir en el trabajo como símbolo de que la persona está entregada a su labor y está permanentemente disponible, por lo cual amerita mayor responsabilidad, promoción y salario.

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Soy mediocre…

En nuestra sociedad existe la creencia absurda de que para considerarnos valiosos hay que tener y demostrar habilidades o talentos específicos y tener éxito. Parece que por arte de magia eso nos convierte en seres superiores a los demás. Nada más lejos de la realidad. Por supuesto que si nos sucede es mejor aprovecharlo y disfrutar a tope con esas aptitudes, pero no nos engañemos: esas aptitudes con el tiempo nos irán desafiando, porque somos seres humanos que envejecemos y vamos perdiendo facultades; además, si pensamos en una persona con alguna genialidad y la imaginamos en la cola del supermercado, o en otro escenario que no pueda exhibir sus talentos, no vemos que destaque tanto, o mejor dicho nada.

Por lo tanto, está en el grupo de los mediocres, ¡como todos! Argumentos como estos, basados en la realidad, nos permiten ver que podemos disfrutar del éxito si lo alcanzamos en algún grado, o de nuestros talentos en ciertos momentos, pero no podemos creer, no hay evidencias, que demuestren que esas personas valen más, son superiores, a los demás mortales; la realidad es simple: tienen talentos en ciertos momentos, punto.

El valor de la persona no hay nada que lo defina en estos términos, por lo que tengo la libertad de sentirme maravilloso y disfrutar de mi mediocridad. No necesito el éxito ni la genialidad para ser valioso, sólo me irá de fábula aceptarme incondicionalmente con todas mis mediocridades y errores humanos, que tampoco definen mi valor, al revés, me definen como ser humano. ¡Disfrutemos de nuestra mediocridad!

Marta Verdet

Aquí y ahora según la terapia Gestalt…

La actitud de estar “Aquí y Ahora” constituye uno de los pilares básicos de la Gestalt, Se trata de una actitud que se desarrolla a través del entrenamiento y te permitirá darte cuenta de lo que te está pasando en el momento presente. Por tanto el “Aquí y el Ahora” y el “Darse cuenta” van de la mano, uno no puede producirse sin el otro.

Estar en el “Aquí y Ahora” no hace referencia a una dimensión temporal, sino a un estado de conciencia, de conciencia de uno/a mismo/a. Es decir estar en el “Aquí y Ahora” no quiere decir que estás conectado/a sólo con el presente olvidándote del pasado y del futuro. Significa que estás en contacto contigo mismo/a, dándote cuenta de lo que te pasa, de lo que estás sintiendo, de lo que estás notando o de lo que estás imaginando.

Por ejemplo, puedes comenzar cerrando los ojos, atendiendo a tu respiración y observar lo que te está pasando “aquí y ahora”. Y, podría ser que te dieras cuenta de que notas tu respiración acelerada, tu corazón late deprisa, sientes calor y un poco de angustia. Y, si te pregunto, ¿cómo es que sientes angustia? quizás me respondas que te preocupa algo que aún no ha pasado y, estaríamos hablando de un hecho futuro.

También podría ser que al entrar en contacto contigo te entren ganas de llorar, que llores, que sientas tristeza y, al cabo de un rato te des cuenta de que estás llorando por algo que sucedió en el pasado y aún está presente dentro de tí.

Por lo tanto, el “Aquí y Ahora” me permite también actualizar lo que me está pasando respecto a un hecho futuro o pasado. Y, por supuesto, es un camino directo que facilita el darme cuenta de lo que estoy notando en mi cuerpo, de la emoción que estoy sintiendo así como de los pensamientos que se cruzan por mi mente. Es decir estoy presente con lo que hay aquí y ahora, que podría estar relacionado con mi momento presente, mi pasado o mi futuro.

Gracias a la Terapia Gestalt podemos dar un paso hacia adelante profundizando a partir del “darse cuenta”, relacionando lo que está pasándote con tu historia, con algún suceso de tu vida presente o con una proyección futura. De esta forma contextualizamos lo que te pasa, dándole un significado para, a partir de ahí, poder elaborarlo ayudándote en tu proceso de descubrimiento personal.

El “Aquí y Ahora” es el camino de encuentro contigo mismo/a.

Mayte Saavedra

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8 hábitos para una mente fuerte…

Una de las condiciones paradójicas de haber desarrollado la conciencia de sí, la conciencia de sabernos existentes, la conciencia del ser y el estar, es que ésta puede ser nuestro mejor recurso o nuestro mayor obstáculo, una forma de conseguir lo que buscamos y nos proponemos o nuestro principal freno. La expresión “todo está en la mente” puede sonar un tanto exagerada, pero tiene cierto germen de verdad, pues, en efecto, una parte del éxito o fracaso en nuestras búsquedas personales depende de aquello que llevamos en nuestro interior, de nuestros temores o nuestra valentía, de la fuerza con que deseamos algo y el empeño que ponemos en obtenerlo o, por el contrario, de la displicencia a la que nos abandonamos porque, por ejemplo, pensamos que no lo merecemos. Eso vive en la mente, pero se manifiesta en la realidad, para beneficio o perjuicio nuestro.

Con todo, otra de las características de la mente que juega a nuestro favor es que es sumamente maleable. O programable, podríamos decir, para usar un símil contemporáneo. La mente no es una ni indivisa, sino que es una especie de suma de elementos que admite el cambio y la transformación, como si se tratara de un sistema complejo pero que, ante un cambio, encuentra la forma de adaptarse y volver a funcionar.

A continuación compartimos 8 características que comparten mentes fuertes, perseverantes en aquello que desean de verdad, y que quizá podrías hacer parte de tu vida como hábitos que te acerquen al encuentro de tu propio grial.

1) Usa tu energía mental con sabiduría

Tal vez llegue el día en que historiadores o antropólogos calificarán a nuestra época como la era de la distracción. Como si se tratara de una consigna, por todos lados se multiplican los estímulos que rivalizan por nuestra atención, lo cual es otra forma de decir que nos la restan, nos la quitan para ponerla en otro lugar y otros intereses. Si nos damos cuenta de eso, quizá podamos entrar en el camino de poner atención en lo que de verdad importa. ¿Qué tanto necesitas esa media hora que dedicas a Facebook todas las mañanas? ¿No sería mejor reconsiderar dicho gasto y tomar conciencia de qué se está llevando tu tiempo, atención y energía?

2) Recanaliza tus pensamientos negativos

Todos tenemos pensamientos negativos, es inevitable, pero la diferencia entre una mente fuerte y otra que tiende a la debilidad está en aquello que se busca hacer con ellos. Si, por ejemplo, sucede que un descuido en el trabajo acarrea una reprimenda, el escenario será muy distinto si tu reacción es admitir tu error, analizarlo y sobreponerte a, en contraste, no hacer más que darle vueltas a un soliloquio derrotista en el que no haces más que lamentarte por lo sucedido.

3) Trabaja en función de objetivos

Establecer un objetivo claro, real y asequible es una capacidad que, cuando se desarrolla y se tiene, conduce a varias satisfacciones. No es lo mismo soñar con ser rico que, por ejemplo, establecer un plan para tener un negocio propio, independizarse de la casa familiar o tener un trabajo bien remunerado. Cada cual según su deseo. En todos los casos, la idea es ponerse en el camino que conduce al logro del objetivo planteado, con la consecución intermedia de otras metas que también otorgan satisfacción y, por lo mismo, nos estimulan a seguir en nuestra búsqueda.

4) Apóyate en tu progreso

De la mano del punto anterior, en los momentos de duda siempre es bueno echar una ojeada a aquello que ya hemos logrado. A veces puede parecer que perdimos nuestro tiempo en un proyecto malogrado o que el trabajo que hacemos no se desarrolla con la velocidad con que nos gustaría vivirlo, pero incluso ahí, en el aparente fracaso o en la insatisfacción, hay aprendizajes que podemos reconocer e incorporar para volverlos parte de nuestro progreso.

5) Tolera la incomodidad a cambio de conseguir lo que quieres

En la historia, muchos poetas, pintores y músicos han vivido casi en la mendicidad a pesar de su talento. Otros personajes ejemplares conocieron la pobreza o la dificultad antes de la celebridad y el respeto generalizado. Varios han vivido en el anonimato antes de figurar en portadas de revistas o ser entrevistados para la televisión. Y más allá de la vanidad que a veces se atribuye a la fama, el hecho importante está en que jamás abandonaron lo que deseaban hacer, sin importar las aparentes carencias que esa elección de vida implicaba. Porque, después de todo, eso era lo que amaban hacer, y ese era su propósito superior.

6) Agradece lo que consigues

Agradecer es quizá la forma más refinada del reconocimiento. Cuando agradecemos damos un lugar, nos damos cuenta del esfuerzo que pusimos en una labor, del tiempo que le dedicamos, de las circunstancias que nos favorecieron y las personas que nos ayudaron, y ello en todos los niveles, desde el más mínimo hasta el más decisivo.

7) Equilibra tus emociones y tu racionalidad

Las emociones y la razón son dos cualidades que conviven en lo que somos y que, en el mejor de los casos, es mejor mantener en su justa medida (si tal cosa existe). A veces las emociones nos pueden llevar por caminos arrebatados e intempestivos y para eso está la razón, para contenerlas. A veces la razón, en la medida en que está moldeada por una ideología dominante, nos hace tomar decisiones frías y calculadoras, egoístas incluso, y ahí es donde las emociones podrían otorgarle su cariz humano.

8) Sé congruente

La congruencia es una cualidad escasa, pero de sumo valor. Sin caer en la rigidez que inmoviliza, si crees en algo, ¡vive en función de ello! Nada te dará mayores satisfacciones ni te hará conseguir mejores éxitos.

FUENTE: PIJAMASURF

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¿Cómo el mar puede cambiar tu cerebro?…

¿Alguna vez has sentido una paz increíble mientras caminabas a lo largo del mar, o quizá de repente has notado que tienes más energía y que tu estado de ánimo ha mejorado? Lo cierto es que la mayoría de las personas experimenta una agradable sensación de calma, relajación y bienestar cuando está cerca del agua. ¿Por qué? Los neurocientíficos piensan que la explicación radica en nuestro cerebro.

El mar ejerce un efecto maravilloso sobre nuestra mente

Básicamente, el efecto relajante del mar se debe a que le da una especie de vacaciones a nuestro cerebro de la sobreestimulación a la que nos exponemos continuamente. De hecho, vivimos en un entorno sobrecargado de estímulos, estos nos bombardean provocando una sobrestimulación que termina pasándonos factura ya que genera un estado de tensión constante que nos impide relajarnos.

Sin embargo, ver el mar y escuchar el sonido de las olas nos permite desconectarnos de ese entorno caótico, es como si creara una burbuja a nuestro alrededor. De hecho, el movimiento del mar y su inmensidad tienen un efecto casi hipnótico, el cual genera esa sensación de tranquilidad y bienestar que nos permite recargar energía.

– Induce un estado meditativo

El sonido de las olas del mar estimula un estado meditativo y potencia una actitud mindulness. De hecho, no es casualidad que este sonido se utilice a menudo en las sesiones de relajación pues se ha demostrado que genera cambios en las ondas cerebrales. Específicamente, promueve las ondas alfa, las cuales se han vinculado con un estado de atención sin esfuerzo. Estas ondas aparecen cuando estamos tranquilos y relajados pero también tan concentrados que todo a nuestro alrededor desaparece, incluso el tiempo. Curiosamente, estas ondas también promueven un estado de claridad mental y estimulan el pensamiento creativo.

– Estimula la creatividad

Cuando estamos cerca del mar, nuestro cerebro cambia su modo de funcionamiento, pasa del modo “ocupado” al modo “relajado”. Lo interesante es que en este modo se activa la red neural por defecto, que es precisamente la que se ha vinculado con el insight y la aparición de las ideas más originales y creativas. Lo que sucede es que el mar nos permite dejar de lado nuestras preocupaciones y hace que la zona prefontral de nuestro cerebro ceda el control, dejando que fluya libremente la creatividad. En este estado nos mostramos más abiertos a las experiencias y somos menos críticos.

– Genera un poderoso estado de asombro y admiración

No hay nada como contemplar la inmensidad del mar para experimentar esa sensación mezcla de asombro y admiración ante la inmensidad. En este sentido, psicólogos de la universidades de Stanford y Minnesota han descubierto que esta experiencia puede potenciar una profunda sensación de bienestar. Este tipo de experiencias “expansivas” nos obligan a cambiar nuestro esquema mental para poder procesar lo que estamos viviendo, de manera que se produce un cambio drástico en nuestra manera de pensar e incluso influye en la toma de decisiones, haciendo que pensemos más en los demás y seamos más generosos. También se ha demostrado que esas experiencias alteran nuestra percepción del tiempo, como si estuviéramos inmersos, literalmente, en una gran burbuja.

– Mejora el desempeño cognitivo

El entorno en el que nos desenvolvemos está cargado de iones, tanto negativos como positivos. Se ha descubierto que los iones positivos, como los que emiten la mayoría de los equipos electrónicos, drenan nuestra energía. Al contrario, los iones negativos, que son comunes en el mar, generan un estado de activación. De hecho, un estudio realizado en el Mount Carmel College de Bangalore desveló que los iones negativos tienen un efecto positivo en nuestro desempeño cognitivo. Estos psicólogos sometieron a los participantes a diferentes test de memoria, atención y toma de decisiones y apreciaron que su desempeño disminuía cuando la atmósfera estaba cargada de iones positivos y aumentaba cuando habían más iones negativos. Otro estudio realizado en la Universidad de California desveló que los iones negativos también estimulan la producción de serotonina en el cerebro, lo cual contribuye a que nos sintamos más relajados y a la vez llenos de energía.

FUENTE: Rincón de la Psicología

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El poder de lo pequeño…

El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes que son los que marcan la diferencia

Los arrebatos no conducen a nada; la constancia es la que lleva a todas partes

Un avión parte de Moscú con destino a Madrid, pero sufre una avería inadvertida en su sistema de navegación que crea una mínima desviación del rumbo de menos de un grado. El avión acaba aterrizando en Mallorca. ¿Cómo se desvió tanto? Un grado es muy poco, sin embargo, ese pequeño desajuste durante cinco horas de vuelo crea una enorme diferencia en el resultado. Cuando hablamos de comportamientos humanos durante… ¡toda una vida!, las desviaciones son aún mayores. En realidad, lo que determina lo que conseguimos no son las grandes decisiones, sino las menores y los actos cotidianos. En este artículo trataremos sobre cómo las personas pueden alejarse de sus deseos y objetivos si no disponen de un plan de vuelo y un sistema de navegación perfectamente ajustados.

Dos hermanos comparten la misma familia, genética, posibilidades y educación, entorno…, y, sin embargo, con el paso de los años, sus vidas se hacen cada vez más diferentes. Básicamente hay tres factores que influyen en esa divergencia: sus elecciones, sus acciones y sus relaciones.

Lo cierto es que no podemos “no elegir”. No tomar una decisión es, en realidad, tomar una: demorarla. De modo que estamos decidiendo o dejando de hacerlo, cada día. Y lo que acaba ocurriendo es que la vida es el resumen de todas ellas, sean menores o mayores. Cualquier cosa que acaba entrando en nuestras vidas es la consecuencia de una cadena de actos y caminos que elegimos o no.

Las decisiones mayores son aquellas que se toman conscientemente y suelen requerir a veces ayuda de terceros en forma de consejo, pero siempre tiempo de reflexión. Las menores son las que se deciden casi sin pensarlo y acaban creando un efecto compuesto. De las dos, son las pequeñas elecciones las que se acumulan día tras día y marcan una gran diferencia.

Tomar decisiones sabias es más sencillo cuando se tienen claros cuáles son los valores prioritarios y adónde se va. Para no equivocarse conviene hacerse esta sencilla pregunta: ¿la dirección que voy a tomar concuerda con lo que me importa prioritariamente en la vida?

Para conseguir grandes resultados no es preciso llevar a cabo grandes acciones, sino pequeñas repetidamente a lo largo del tiempo. El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes. Y el truco está en insistir en un comportamiento positivo el tiempo suficiente como para que marque una distinción significativa a medio plazo. Es el poder de las pequeñeces acumuladas.

Ganar es el resultado de una suma de costumbres; perder, también. Es algo que saben muy bien los deportistas. Por ejemplo, Michael Phelps es un brillante modelo del poder multiplicativo del hábito. Sus rutinas de entrenamiento son muy estrictas, previsibles, sistemáticas. Es obvio que su anatomía estaba diseñada para ganar, pero su enorme éxito es fruto de su persistencia.

A menudo, para implementar una rutina, las personas recurren a la fuerza de voluntad. Es un error. Están luchando consigo mismas, y, a la larga, abandonarán, porque la lucha desgasta. ¿Cuál es la alternativa? La mo­­tivación. Establecer un hábito nuevo solo tiene futuro cuando concuerda con los valores principales de la persona. El poder de algo que nos estimula disuelve las luchas internas y proporciona combustible mental para pasar a la acción.

Sin tener en cuenta en cualquier elección esos valores básicos, las personas caen víctimas de sus contradicciones internas y dejan de perseguir sus deseos y sus sueños.

Por suerte, todo lo que se aprende en la vida puede reaprenderse. Los hábitos no son una excepción a esta regla y se pueden cambiar. El mejor modo de terminar con uno negativo es empezar uno nuevo y positivo que lo sustituya, y que esté propulsado por la fuerza imbatible de la motivación.

No hay una mejor estrategia para conseguir lo que se desea en la vida que crear hábitos positivos que conduzcan a lograrlo, y después, delegar el trabajo en el poder de la costumbre, seguir el flujo del tiempo, y dejar de esforzarse una vez puesto en marcha el impulso de la inercia.

Las personas que nos rodean: familia, amistades, compañeros de trabajo… crean una gran influencia en cada uno de nosotros. En psicología se conoce este efecto como la influencia del “grupo de referencia”. Es una información silenciosa, inconsciente y que se acumula con el paso del tiempo. Y se traduce en una imitación inconsciente de lo que el “grupo” dice, piensa, hace, siente, come, viste, se comporta…

Se podría decir que una persona es la suma de las influencias personales que ha recibido a lo largo de su vida, que, como es de imaginar, pueden ser positivas o negativas, y acabará pareciéndose mucho a la gente con la que tiene más trato. La pregunta que nos deberíamos formular es: ¿quién o quienes ejercen ese poder sobre mí?.

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