Archivo de la categoría: Psicología

Sueño y silencio…

Vivimos en un mundo donde lujos, caprichos y fantasías son transformados en necesidades por la maquinaria mediática-económica. Creemos que necesitamos el nuevo iPhone, el cuerpo de una modelo de Victoria’s Secret o la vida estereotípicamente feliz de una familia moderna. Mientras esto sucede cosas que realmente sí son necesarias, como el silencio y el sueño, se convierten en carísimos lujos que sólo algunos pueden pagar o que sólo algunos tienen la estabilidad mental necesaria para recordar su importancia, inmersos en el frenesí de estímulos y estrés de la realidad actual.

La confusión en la que estamos envueltos puede apreciarse por el hecho de que hasta hace algunos años dormir poco era considerado un signo de éxito y admiración, ya que significaba que una persona estaba muy ocupada, era importante y estaba mayormente transformando su tiempo en dinero. Esto todavía puede apreciarse en ciertos ambientes urbanos competitivos, como en Tokio, donde se practica el extraño fenómeno del inemuri, dormir en el trabajo como símbolo de que la persona está entregada a su labor y está permanentemente disponible, por lo cual amerita mayor responsabilidad, promoción y salario.

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Soy mediocre…

En nuestra sociedad existe la creencia absurda de que para considerarnos valiosos hay que tener y demostrar habilidades o talentos específicos y tener éxito. Parece que por arte de magia eso nos convierte en seres superiores a los demás. Nada más lejos de la realidad. Por supuesto que si nos sucede es mejor aprovecharlo y disfrutar a tope con esas aptitudes, pero no nos engañemos: esas aptitudes con el tiempo nos irán desafiando, porque somos seres humanos que envejecemos y vamos perdiendo facultades; además, si pensamos en una persona con alguna genialidad y la imaginamos en la cola del supermercado, o en otro escenario que no pueda exhibir sus talentos, no vemos que destaque tanto, o mejor dicho nada.

Por lo tanto, está en el grupo de los mediocres, ¡como todos! Argumentos como estos, basados en la realidad, nos permiten ver que podemos disfrutar del éxito si lo alcanzamos en algún grado, o de nuestros talentos en ciertos momentos, pero no podemos creer, no hay evidencias, que demuestren que esas personas valen más, son superiores, a los demás mortales; la realidad es simple: tienen talentos en ciertos momentos, punto.

El valor de la persona no hay nada que lo defina en estos términos, por lo que tengo la libertad de sentirme maravilloso y disfrutar de mi mediocridad. No necesito el éxito ni la genialidad para ser valioso, sólo me irá de fábula aceptarme incondicionalmente con todas mis mediocridades y errores humanos, que tampoco definen mi valor, al revés, me definen como ser humano. ¡Disfrutemos de nuestra mediocridad!

Marta Verdet

Aquí y ahora según la terapia Gestalt…

La actitud de estar “Aquí y Ahora” constituye uno de los pilares básicos de la Gestalt, Se trata de una actitud que se desarrolla a través del entrenamiento y te permitirá darte cuenta de lo que te está pasando en el momento presente. Por tanto el “Aquí y el Ahora” y el “Darse cuenta” van de la mano, uno no puede producirse sin el otro.

Estar en el “Aquí y Ahora” no hace referencia a una dimensión temporal, sino a un estado de conciencia, de conciencia de uno/a mismo/a. Es decir estar en el “Aquí y Ahora” no quiere decir que estás conectado/a sólo con el presente olvidándote del pasado y del futuro. Significa que estás en contacto contigo mismo/a, dándote cuenta de lo que te pasa, de lo que estás sintiendo, de lo que estás notando o de lo que estás imaginando.

Por ejemplo, puedes comenzar cerrando los ojos, atendiendo a tu respiración y observar lo que te está pasando “aquí y ahora”. Y, podría ser que te dieras cuenta de que notas tu respiración acelerada, tu corazón late deprisa, sientes calor y un poco de angustia. Y, si te pregunto, ¿cómo es que sientes angustia? quizás me respondas que te preocupa algo que aún no ha pasado y, estaríamos hablando de un hecho futuro.

También podría ser que al entrar en contacto contigo te entren ganas de llorar, que llores, que sientas tristeza y, al cabo de un rato te des cuenta de que estás llorando por algo que sucedió en el pasado y aún está presente dentro de tí.

Por lo tanto, el “Aquí y Ahora” me permite también actualizar lo que me está pasando respecto a un hecho futuro o pasado. Y, por supuesto, es un camino directo que facilita el darme cuenta de lo que estoy notando en mi cuerpo, de la emoción que estoy sintiendo así como de los pensamientos que se cruzan por mi mente. Es decir estoy presente con lo que hay aquí y ahora, que podría estar relacionado con mi momento presente, mi pasado o mi futuro.

Gracias a la Terapia Gestalt podemos dar un paso hacia adelante profundizando a partir del “darse cuenta”, relacionando lo que está pasándote con tu historia, con algún suceso de tu vida presente o con una proyección futura. De esta forma contextualizamos lo que te pasa, dándole un significado para, a partir de ahí, poder elaborarlo ayudándote en tu proceso de descubrimiento personal.

El “Aquí y Ahora” es el camino de encuentro contigo mismo/a.

Mayte Saavedra

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8 hábitos para una mente fuerte…

Una de las condiciones paradójicas de haber desarrollado la conciencia de sí, la conciencia de sabernos existentes, la conciencia del ser y el estar, es que ésta puede ser nuestro mejor recurso o nuestro mayor obstáculo, una forma de conseguir lo que buscamos y nos proponemos o nuestro principal freno. La expresión “todo está en la mente” puede sonar un tanto exagerada, pero tiene cierto germen de verdad, pues, en efecto, una parte del éxito o fracaso en nuestras búsquedas personales depende de aquello que llevamos en nuestro interior, de nuestros temores o nuestra valentía, de la fuerza con que deseamos algo y el empeño que ponemos en obtenerlo o, por el contrario, de la displicencia a la que nos abandonamos porque, por ejemplo, pensamos que no lo merecemos. Eso vive en la mente, pero se manifiesta en la realidad, para beneficio o perjuicio nuestro.

Con todo, otra de las características de la mente que juega a nuestro favor es que es sumamente maleable. O programable, podríamos decir, para usar un símil contemporáneo. La mente no es una ni indivisa, sino que es una especie de suma de elementos que admite el cambio y la transformación, como si se tratara de un sistema complejo pero que, ante un cambio, encuentra la forma de adaptarse y volver a funcionar.

A continuación compartimos 8 características que comparten mentes fuertes, perseverantes en aquello que desean de verdad, y que quizá podrías hacer parte de tu vida como hábitos que te acerquen al encuentro de tu propio grial.

1) Usa tu energía mental con sabiduría

Tal vez llegue el día en que historiadores o antropólogos calificarán a nuestra época como la era de la distracción. Como si se tratara de una consigna, por todos lados se multiplican los estímulos que rivalizan por nuestra atención, lo cual es otra forma de decir que nos la restan, nos la quitan para ponerla en otro lugar y otros intereses. Si nos damos cuenta de eso, quizá podamos entrar en el camino de poner atención en lo que de verdad importa. ¿Qué tanto necesitas esa media hora que dedicas a Facebook todas las mañanas? ¿No sería mejor reconsiderar dicho gasto y tomar conciencia de qué se está llevando tu tiempo, atención y energía?

2) Recanaliza tus pensamientos negativos

Todos tenemos pensamientos negativos, es inevitable, pero la diferencia entre una mente fuerte y otra que tiende a la debilidad está en aquello que se busca hacer con ellos. Si, por ejemplo, sucede que un descuido en el trabajo acarrea una reprimenda, el escenario será muy distinto si tu reacción es admitir tu error, analizarlo y sobreponerte a, en contraste, no hacer más que darle vueltas a un soliloquio derrotista en el que no haces más que lamentarte por lo sucedido.

3) Trabaja en función de objetivos

Establecer un objetivo claro, real y asequible es una capacidad que, cuando se desarrolla y se tiene, conduce a varias satisfacciones. No es lo mismo soñar con ser rico que, por ejemplo, establecer un plan para tener un negocio propio, independizarse de la casa familiar o tener un trabajo bien remunerado. Cada cual según su deseo. En todos los casos, la idea es ponerse en el camino que conduce al logro del objetivo planteado, con la consecución intermedia de otras metas que también otorgan satisfacción y, por lo mismo, nos estimulan a seguir en nuestra búsqueda.

4) Apóyate en tu progreso

De la mano del punto anterior, en los momentos de duda siempre es bueno echar una ojeada a aquello que ya hemos logrado. A veces puede parecer que perdimos nuestro tiempo en un proyecto malogrado o que el trabajo que hacemos no se desarrolla con la velocidad con que nos gustaría vivirlo, pero incluso ahí, en el aparente fracaso o en la insatisfacción, hay aprendizajes que podemos reconocer e incorporar para volverlos parte de nuestro progreso.

5) Tolera la incomodidad a cambio de conseguir lo que quieres

En la historia, muchos poetas, pintores y músicos han vivido casi en la mendicidad a pesar de su talento. Otros personajes ejemplares conocieron la pobreza o la dificultad antes de la celebridad y el respeto generalizado. Varios han vivido en el anonimato antes de figurar en portadas de revistas o ser entrevistados para la televisión. Y más allá de la vanidad que a veces se atribuye a la fama, el hecho importante está en que jamás abandonaron lo que deseaban hacer, sin importar las aparentes carencias que esa elección de vida implicaba. Porque, después de todo, eso era lo que amaban hacer, y ese era su propósito superior.

6) Agradece lo que consigues

Agradecer es quizá la forma más refinada del reconocimiento. Cuando agradecemos damos un lugar, nos damos cuenta del esfuerzo que pusimos en una labor, del tiempo que le dedicamos, de las circunstancias que nos favorecieron y las personas que nos ayudaron, y ello en todos los niveles, desde el más mínimo hasta el más decisivo.

7) Equilibra tus emociones y tu racionalidad

Las emociones y la razón son dos cualidades que conviven en lo que somos y que, en el mejor de los casos, es mejor mantener en su justa medida (si tal cosa existe). A veces las emociones nos pueden llevar por caminos arrebatados e intempestivos y para eso está la razón, para contenerlas. A veces la razón, en la medida en que está moldeada por una ideología dominante, nos hace tomar decisiones frías y calculadoras, egoístas incluso, y ahí es donde las emociones podrían otorgarle su cariz humano.

8) Sé congruente

La congruencia es una cualidad escasa, pero de sumo valor. Sin caer en la rigidez que inmoviliza, si crees en algo, ¡vive en función de ello! Nada te dará mayores satisfacciones ni te hará conseguir mejores éxitos.

FUENTE: PIJAMASURF

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Photo Credit: [ changó ] Flickr via Compfight cc

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¿Cómo el mar puede cambiar tu cerebro?…

¿Alguna vez has sentido una paz increíble mientras caminabas a lo largo del mar, o quizá de repente has notado que tienes más energía y que tu estado de ánimo ha mejorado? Lo cierto es que la mayoría de las personas experimenta una agradable sensación de calma, relajación y bienestar cuando está cerca del agua. ¿Por qué? Los neurocientíficos piensan que la explicación radica en nuestro cerebro.

El mar ejerce un efecto maravilloso sobre nuestra mente

Básicamente, el efecto relajante del mar se debe a que le da una especie de vacaciones a nuestro cerebro de la sobreestimulación a la que nos exponemos continuamente. De hecho, vivimos en un entorno sobrecargado de estímulos, estos nos bombardean provocando una sobrestimulación que termina pasándonos factura ya que genera un estado de tensión constante que nos impide relajarnos.

Sin embargo, ver el mar y escuchar el sonido de las olas nos permite desconectarnos de ese entorno caótico, es como si creara una burbuja a nuestro alrededor. De hecho, el movimiento del mar y su inmensidad tienen un efecto casi hipnótico, el cual genera esa sensación de tranquilidad y bienestar que nos permite recargar energía.

– Induce un estado meditativo

El sonido de las olas del mar estimula un estado meditativo y potencia una actitud mindulness. De hecho, no es casualidad que este sonido se utilice a menudo en las sesiones de relajación pues se ha demostrado que genera cambios en las ondas cerebrales. Específicamente, promueve las ondas alfa, las cuales se han vinculado con un estado de atención sin esfuerzo. Estas ondas aparecen cuando estamos tranquilos y relajados pero también tan concentrados que todo a nuestro alrededor desaparece, incluso el tiempo. Curiosamente, estas ondas también promueven un estado de claridad mental y estimulan el pensamiento creativo.

– Estimula la creatividad

Cuando estamos cerca del mar, nuestro cerebro cambia su modo de funcionamiento, pasa del modo “ocupado” al modo “relajado”. Lo interesante es que en este modo se activa la red neural por defecto, que es precisamente la que se ha vinculado con el insight y la aparición de las ideas más originales y creativas. Lo que sucede es que el mar nos permite dejar de lado nuestras preocupaciones y hace que la zona prefontral de nuestro cerebro ceda el control, dejando que fluya libremente la creatividad. En este estado nos mostramos más abiertos a las experiencias y somos menos críticos.

– Genera un poderoso estado de asombro y admiración

No hay nada como contemplar la inmensidad del mar para experimentar esa sensación mezcla de asombro y admiración ante la inmensidad. En este sentido, psicólogos de la universidades de Stanford y Minnesota han descubierto que esta experiencia puede potenciar una profunda sensación de bienestar. Este tipo de experiencias “expansivas” nos obligan a cambiar nuestro esquema mental para poder procesar lo que estamos viviendo, de manera que se produce un cambio drástico en nuestra manera de pensar e incluso influye en la toma de decisiones, haciendo que pensemos más en los demás y seamos más generosos. También se ha demostrado que esas experiencias alteran nuestra percepción del tiempo, como si estuviéramos inmersos, literalmente, en una gran burbuja.

– Mejora el desempeño cognitivo

El entorno en el que nos desenvolvemos está cargado de iones, tanto negativos como positivos. Se ha descubierto que los iones positivos, como los que emiten la mayoría de los equipos electrónicos, drenan nuestra energía. Al contrario, los iones negativos, que son comunes en el mar, generan un estado de activación. De hecho, un estudio realizado en el Mount Carmel College de Bangalore desveló que los iones negativos tienen un efecto positivo en nuestro desempeño cognitivo. Estos psicólogos sometieron a los participantes a diferentes test de memoria, atención y toma de decisiones y apreciaron que su desempeño disminuía cuando la atmósfera estaba cargada de iones positivos y aumentaba cuando habían más iones negativos. Otro estudio realizado en la Universidad de California desveló que los iones negativos también estimulan la producción de serotonina en el cerebro, lo cual contribuye a que nos sintamos más relajados y a la vez llenos de energía.

FUENTE: Rincón de la Psicología

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Photo Credit: wang-lu via Compfight cc

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El poder de lo pequeño…

El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes que son los que marcan la diferencia

Los arrebatos no conducen a nada; la constancia es la que lleva a todas partes

Un avión parte de Moscú con destino a Madrid, pero sufre una avería inadvertida en su sistema de navegación que crea una mínima desviación del rumbo de menos de un grado. El avión acaba aterrizando en Mallorca. ¿Cómo se desvió tanto? Un grado es muy poco, sin embargo, ese pequeño desajuste durante cinco horas de vuelo crea una enorme diferencia en el resultado. Cuando hablamos de comportamientos humanos durante… ¡toda una vida!, las desviaciones son aún mayores. En realidad, lo que determina lo que conseguimos no son las grandes decisiones, sino las menores y los actos cotidianos. En este artículo trataremos sobre cómo las personas pueden alejarse de sus deseos y objetivos si no disponen de un plan de vuelo y un sistema de navegación perfectamente ajustados.

Dos hermanos comparten la misma familia, genética, posibilidades y educación, entorno…, y, sin embargo, con el paso de los años, sus vidas se hacen cada vez más diferentes. Básicamente hay tres factores que influyen en esa divergencia: sus elecciones, sus acciones y sus relaciones.

Lo cierto es que no podemos “no elegir”. No tomar una decisión es, en realidad, tomar una: demorarla. De modo que estamos decidiendo o dejando de hacerlo, cada día. Y lo que acaba ocurriendo es que la vida es el resumen de todas ellas, sean menores o mayores. Cualquier cosa que acaba entrando en nuestras vidas es la consecuencia de una cadena de actos y caminos que elegimos o no.

Las decisiones mayores son aquellas que se toman conscientemente y suelen requerir a veces ayuda de terceros en forma de consejo, pero siempre tiempo de reflexión. Las menores son las que se deciden casi sin pensarlo y acaban creando un efecto compuesto. De las dos, son las pequeñas elecciones las que se acumulan día tras día y marcan una gran diferencia.

Tomar decisiones sabias es más sencillo cuando se tienen claros cuáles son los valores prioritarios y adónde se va. Para no equivocarse conviene hacerse esta sencilla pregunta: ¿la dirección que voy a tomar concuerda con lo que me importa prioritariamente en la vida?

Para conseguir grandes resultados no es preciso llevar a cabo grandes acciones, sino pequeñas repetidamente a lo largo del tiempo. El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes. Y el truco está en insistir en un comportamiento positivo el tiempo suficiente como para que marque una distinción significativa a medio plazo. Es el poder de las pequeñeces acumuladas.

Ganar es el resultado de una suma de costumbres; perder, también. Es algo que saben muy bien los deportistas. Por ejemplo, Michael Phelps es un brillante modelo del poder multiplicativo del hábito. Sus rutinas de entrenamiento son muy estrictas, previsibles, sistemáticas. Es obvio que su anatomía estaba diseñada para ganar, pero su enorme éxito es fruto de su persistencia.

A menudo, para implementar una rutina, las personas recurren a la fuerza de voluntad. Es un error. Están luchando consigo mismas, y, a la larga, abandonarán, porque la lucha desgasta. ¿Cuál es la alternativa? La mo­­tivación. Establecer un hábito nuevo solo tiene futuro cuando concuerda con los valores principales de la persona. El poder de algo que nos estimula disuelve las luchas internas y proporciona combustible mental para pasar a la acción.

Sin tener en cuenta en cualquier elección esos valores básicos, las personas caen víctimas de sus contradicciones internas y dejan de perseguir sus deseos y sus sueños.

Por suerte, todo lo que se aprende en la vida puede reaprenderse. Los hábitos no son una excepción a esta regla y se pueden cambiar. El mejor modo de terminar con uno negativo es empezar uno nuevo y positivo que lo sustituya, y que esté propulsado por la fuerza imbatible de la motivación.

No hay una mejor estrategia para conseguir lo que se desea en la vida que crear hábitos positivos que conduzcan a lograrlo, y después, delegar el trabajo en el poder de la costumbre, seguir el flujo del tiempo, y dejar de esforzarse una vez puesto en marcha el impulso de la inercia.

Las personas que nos rodean: familia, amistades, compañeros de trabajo… crean una gran influencia en cada uno de nosotros. En psicología se conoce este efecto como la influencia del “grupo de referencia”. Es una información silenciosa, inconsciente y que se acumula con el paso del tiempo. Y se traduce en una imitación inconsciente de lo que el “grupo” dice, piensa, hace, siente, come, viste, se comporta…

Se podría decir que una persona es la suma de las influencias personales que ha recibido a lo largo de su vida, que, como es de imaginar, pueden ser positivas o negativas, y acabará pareciéndose mucho a la gente con la que tiene más trato. La pregunta que nos deberíamos formular es: ¿quién o quienes ejercen ese poder sobre mí?.

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El materialismo nos convierte en pesimistas crónicos…

Todos sabemos que el materialismo no es buen consejero, sobre todo si estamos buscando la felicidad. De hecho, numerosos estudios han demostrado los efectos negativos del materialismo sobre nuestro bienestar. Sin embargo, ahora una investigación realizada en la Universidad Estatal de Michigan ha desvelado que el materialismo también incide en nuestra percepción de los sucesos negativos.
Estos psicólogos han descubierto que el materialismo no solo es la antítesis del bienestar individual sino que además tiene un efecto secundario que deberíamos evitar: amplifica los eventos traumáticos, ya sea una enfermedad o un accidente de tráfico. En otras palabras, hace que la vida parezca mucho peor de lo que es en realidad.

El materialismo hace que veamos la vida gris

Estos investigadores analizaron a antiguos soldados que sufrían trastorno de estrés posttraumático y descubrieron que quienes tenían una visión más materialista del mundo no solo presentaban síntomas más intensos sino que reaccionaban peor ante supuestas amenazas terroristas, mostrando un nivel más elevado de angustia.
En práctica, si eres una persona materialista y de repente la vida toma un giro inesperado, tardarás más en recuperarte de ese revés. Todo parece indicar que los problemas tienen un impacto más fuerte en las personas que tienen valores materialistas, estos ejercen una especie de efecto multiplicador de los aspectos negativos de la situación.

¿Por qué el materialismo no es un buen consejero para lidiar con los problemas?

1. Promueve estrategias de afrontamiento ineficaces. En la base del materialismo se esconde una baja autoestima. Las personas que no se valoran tienen miedo a mirar dentro de sí, por eso prefieren centrarse en las cosas materiales. Obviamente, muchas de estas personas no tienen herramientas psicológicas eficaces para lidiar con el estrés, por lo que terminan recurriendo a estrategias materialistas que no resuelven el problema de raíz.
El ejemplo típico es el de una persona que tiene una discusión de pareja y, para aliviar el estrés, decide irse de compras o se refugia en la comida. Estas estrategias proporcionan distracción durante algún tiempo pero no resuelven el problema sino que tan solo lo ocultan. Como resultado, cuando el problema reaparece, suele tener mayor envergadura pues a menudo viene acompañado de otras dificultades.
2. Crea una sensación de una inseguridad permanente. Si creemos que el éxito y la felicidad dependen exclusivamente de factores externos, estaremos siempre a merced de que las situaciones, lo cual genera una gran incertidumbre. Por eso, el materialismo se ha asociado con una gran sensación de inseguridad. De hecho, una investigación realizada en la Universidad Estatal de Ohio desveló que las personas más inseguras también son aquellas que tienen mayor tendencia al materialismo.
Obviamente, si crees que la solución de los problemas no depende de ti y no confías en tus capacidades, es difícil ver la vida con optimismo. Por eso, las personas materialistas suelen sentirse más agobiadas ante los problemas. Es simplemente una cuestión de perspectiva.
3. Genera depresión e intensifica el sentimiento de soledad. Centrarse en las posesiones materiales y el estatus social puede conducir a la depresión e intensifica la sensación de soledad. Un estudio realizado en la Northwestern University desveló que, independientemente de las características de personalidad, asumir un estilo de vida materialista termina generando problemas y afecta negativamente nuestras relaciones interpersonales, aumentando el nivel de depresión.
Sin duda, la depresión no nos ayuda a asumir una visión más positiva de la vida ni nos motiva a encontrar las enseñanzas en los sucesos negativos que nos ocurren. Al contrario, se conoce que quienes cultivan sus relaciones interpersonales y se preocupan por su crecimiento personal, priorizando las experiencias sobre las posesiones materiales, reportan un mayor grado de satisfacción con su vida.

En cualquier caso, ten siempre en mente que “no es rico quien más tiene, sino quien menos necesita“.

Dinero

 

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La inmadurez sentimental del hombre…

Los sentimientos son una base importante de nuestra existencia. Nuestra primera aproximación a la realidad es afectiva: esto no me gusta, aquello no me cae bien, me dio mala impresión… son frases que decimos en el lenguaje coloquial. Tengo que hacer la siguiente afirmación antes de seguir adelante: la mujer sabe mucho más de la afectividad que el hombre, conoce ese campo, lo cultiva y lo sabe expresar de forma más clara y eficaz. El hombre está en otros temas (la actualidad política y/o económica, su trabajo profesional, lo deportivo y un largo etcétera), de tal manera que se ha ido produciendo en los últimos años una marcada socialización de la inmadurez sentimental del hombre, que es casi un escándalo en la falda de este siglo XXI, hombres que solo quieren pasar el rato con una mujer, divertirse, pero que huyen ante cualquier cosa que huela a compromiso.

Enrique Rojas

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No alimentes las palomas..

Todos tenemos pensamientos negativos. No tenerlos sería como esperar nunca tener fiebre, no estar nunca resfriado o que no nos duela nada. Es imposible, forma parte de la naturaleza del ser humano. ¿Pero cómo podemos controlar esos pensamientos negativos?

Alberto Soler, psicólogo en Valencia

Como llegar a ser completamente infeliz…

El ser humano es el único ser vivo que solo con pensarlo es capaz de amargarse la vida. Paul Watzlawick, autor de “el arte de amargarse la vida” explica como nuestra mente es capaz de entrar en conflicto cuando nos proyectamos hacia lo que creemos que otros piensan de nosotros. La infelicidad viene al no ser capaces de gestionar nuestros conflictos y las emociones negativas que nos embargan.

¿Qué actitudes son garantía de infelicidad?

1- Focalizarnos en la parte de nuestra vida que no nos llena o consideramos que lleva la etiqueta de fracaso.  Magnificar los sucesos que consideramos traumáticos o negativos de nuestra biografía. Hay que diferenciar evento negativo o bache de trauma o drama fuerte. No ser capaz de cerrar una herida del pasado es perjudicial. Una persona resentida no puede ser feliz. Los psiquiatras buceamos a través de los eventos del pasado ayudando a aliviar las heridas producidas, intentando reconstruir a la persona que viene dañada, herida o atrapada en recuerdos o pensamientos negativos. A veces hay que acompañar a nuestros pacientes a hallar el sentido más profundo del sufrimiento. Las desilusiones y frustraciones de la vida muestran y enseñan lecciones que el  éxito oculta.

2- Soltar la ilusión. Practicar el pesimismo. Cada vez está más estudiado el efecto que tiene el pesimismo sobre nuestro organismo, no solo a nivel psicológico sino también físico. Las personas con tendencia a la negatividad y desesperanza tienen más posibilidad de caer en enfermedades de tipo cardiovascular, neurológico o reumático. El optimismo está relacionado con una mejor conexión neuronal, con aumento de creatividad, con poder encontrar soluciones a cuestiones del día a día o incluso con la creación de nuevas neuronas en zonas específicas del cerebro (en el hipocampo: zona de aprendizaje y memoria).

3- Fomentar los pensamientos negativos. Modificando pensamientos sanamos emociones y modificamos síntomas físicos y psicológicos. Practicar el sentido del humor es de las mejores terapias que existen. Incluso el sonreír de manera forzada está relacionado con una disminución de los efectos tóxicos de las situaciones de estrés o conflicto.

4- Pensar constantemente lo que piensan o creen otros de nosotros y practicar la envidia.  Obsesionarse con “El qué dirán” es tóxico y nos inunda de angustia y miedo. El envidioso coteja superficies, no profundidades. Aceptarse, conocerse, comprenderse y conocer las limitaciones y oportunidades de nuestra personalidad es el primer paso para  alcanzar seguridad en uno mismo y ser inmunes, al menos parcialmente, a las opiniones o críticas de los demás.

5- Ser autocríticos y exigentes con nosotros mismos hasta un grado patológico o practicar el perfeccionismo enfermizo. El perfeccionista es el eterno insatisfecho, nunca está contento o conforme con los resultados de sus actos. Ser incapaces de perdonar nuestros errores o equivocaciones es una postura que nos conduce a la infelicidad. Un individuo con rencor (incluso hacia uno mismo) no consigue alcanzar la paz. No hay un acontecimiento o emoción por muy negativo que sea que no pueda ser diseccionado de forma analítica y racional  en pequeñas partes. Siempre será más fácil encontrar una solución a cada uno de esos fragmentos que a un problema global grave.

No hay que olvidar que las emociones negativas (ira, desesperanza, ansiedad, angustia, miedo…) se originan en nuestros pensamientos. El conseguir un manejo de estos, un autocontrol mental para gestionar los pensamientos negativos es clave, para el equilibrio interno y la paz interior.

Marian Rojas-Estape

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FUENTE: Comprender es aliviar

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