Archivo de la categoría: Poesía

El Profeta de 1826…

Atormentado por la sed espiritual,

me arrastré por un desierto sombrío.

Y un serafín de seis alas

apareció a mí en el cruce de los caminos.

Me tocó los ojos

con dedos tan ligeros como un sueño:

Y mis ojos proféticos se abrieron

como los de un águila asustada.

Me tocó los oídos

y se llenaron de ruido y de alaridos:

Y oí el estremecimiento de los cielos,

y el vuelo de los ángeles en las alturas,

y el movimiento de las bestias del mar bajo las aguas,

y el sonido de la vid que crece en el valle.

Se inclinó hacia mi boca

y arrancó mi lengua,

pecador, decente y dado a la charla inútil;

con la mano derecha empapada en sangre

él insertó la lengua de una serpiente sabia,

en mi boca adormecida.

Él clavo mi pecho con una espada,

y arrancó mi corazón tembloroso,

y empujó un carbón de fuego vivo

en mi pecho abierto.

Como un cadáver, yacía en el desierto.

Y la voz de Dios me clamó:

“Levántate, oh profeta, mira y oye,

estén llenos de mi voluntad,

ir adelante sobre la tierra y el mar,

y pon tu corazón en fuego con tu palabra”.

Aleksandr Pushkin

Queda…

Queda. ¿Qué nos queda?

Mis manos me desconocen, mi piel se extraña, te has llevado con tu tacto la esencia mía.

Y ¿qué me queda?

¿Cómo le explico a mi cuerpo que sólo me queda mi torpe roce, que tus manos expertas, tus vocablos hechos juramento, tus susurros que provocaban en mí el deseo en sí mismo te los has llevado?

No tengo las palabras para decírmelo ni la conciencia para aceptarlo.

Sin embargo, no creo que entiendas, es necesario que comprendas, es importante que lo hagas, que sepas la magnitud del daño que has causado, y que lo arregles.

¡Que hagas algo con lo que has destruido!

No sólo para reconstruirme, para renacer, sino para devolverme algo, algo de lo que te has llevado, cualquier cosa.

Dame un poco de mí misma que llevas en ti, regrésame en partes aunque sea, pero deja que vuelva a ser yo.

No sé si me guste después de unirme, de conocerme, y trabajarme de nuevo, puede que no, puede que odie el resultado final al principio.

Puede que no sea lo que era antes de ti, al ser parte de ti, e incluso lo que fui al desprenderme de ti, pero puede que incluso me guste más, y entonces ahí me queda no sólo el amor de forma pura, sino la vida misma, me quedo yo conmigo misma y entonces, en ese punto, me queda todo.

Paola Javorinshy

Pido al viento…

Pido al viento
arrancar el temblor de nuestras gargantas
para devolverlo a las nuevas ramas

Pido al viento
soltar nuestras raíces de este podrido suelo
que se traga nuestros sueños

Pido al viento
lanzar las heridas de nuestra violenta memoria
allá donde las mecerá el silencio

Mayte Saavedra

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Photo Credit: wowee Flickr via Compfight cc

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MIENTRAS TÚ EXISTAS..

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera…

Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.

Ángel González Muñiz

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Photo Credit: CA2M Flickr via Compfight cc

Fragilidad…

El miedo sobre mis párpados cuando me creo sola
Y cierro las puertas. Y bajo mi mirada
Huyo, corro, grito y culpo
En una acción desesperada por alejarme

El dolor sobre mi espalda por los golpes que me di
Y ando despacio. Y vigilo el suelo
Paro, respiro, ando y siento
En una acción amorosa por acercarme

Esperando el momento en que la bestia rompe a llorar

Mayte Saavedra

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Photo Credit: Historias Visuales Flickr via Compfight cc

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Roja por la mañana, a la tarde se pone blanca, y se deshoja por la noche…

Cuando se abre en la mañana,
roja como sangre está.
El rocío no la toca
porque se teme quemar.
Abierta en el medio día
es dura como el coral.
El sol se asoma a los vidrios
para verla relumbrar.
Cuando en las ramas empiezan
los pájaros a cantar
y se desmaya la tarde
en las violetas del mar,
se pone blanca, con blanco
de una mejilla de sal.
Y cuando toca la noche
blando cuerno de metal
y las estrellas avanzan
mientras los aires se van,
en la raya de lo oscuro,
se comienza a deshojar.

Extracto de Doña Rosita la soltera de Federico García Lorca

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Fotografía tras el estreno de «Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores».

Museo Nacional del Teatro, Almagro © Ministerio de Cultura

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“Avestruz”…

Melancolía, saca tu dulce pico ya;
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz.
Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales
la sangre que extrajera mi sanguijuela azul!

No acabes el maná de mujer que ha bajado;
Yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz,
mañana que no tenga yo a quien volver los ojos,
cuando abra su gran O de burla el ataúd.

Mi corazón es tiesto regado de amargura;
hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él…
Melancolía, deja de secarme la vida,
y desnuda tu labio de mujer…!

César Vallejo

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Yéndome a lo largo de la vida…

No te preocupes por el más allá, por lo que pasará después de que tu cuerpo se funda con la tierra, puedes dejar ese debate a un lado y observar lo que te rodea, volver al aquí y ahora y encontrar el sentido de tu vida más cercana, eso sí, haciendo caso a lo que necesite tu alma. Así lo refleja este poema de Emily Dickinson, tan sencillo como profundo:

Algunos reverencian el Sabat yendo a la Iglesia –
yo lo reverencio, quedando en casa –
con un Bobolink por coro –
y un huerto, por cúpula-

algunos reverencian el Sabat con albas –
yo uso mis alas –
y en vez de repicar las campanas de la iglesia
nuestro pequeño sacristán – canta.

Un notable sacerdote predica a Dios –
y el sermón nunca es demasiado largo,
de modo que en vez de ir al cielo, por fin –
estoy yéndome a lo largo de la vida. 

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Photo Credit: Javi Sánchez Photography via Compfight cc

Te amé sin amarme…

Cuánto miedo he podido sentir por dentro.

Lo he sentido como si fuera un jersey de cuello vuelto que me atrapaba , su cuello me ahogaba, no me dejaba respirar y su lana me picaba.

Lo he sentido en mis piernas , al caminar, he sentido mis tobillos girar de fragilidad, he pensado necesitar bastón para andar, he sentido mi cuerpo ser flan.

Lo he sentido también en mis labios ,al hablar, al no saber decir, al no saber saber, al no saber qué hacer.

Lo he sentido como si fuera hielo que congelaba mis sueños, despertándome en las noches llena de sudores fríos y lágrimas calientes…

No sabía que todo aquello era miedo, no sabía que mi forma era miedo, no sabía que mi vida era miedo….

Me tenía que enfrentar a él, era una lucha o yo le vencía a él o él me vencería a mi.

Camino a la batalla, a lo oscuro, pienso que yo no sé luchar, que yo no tengo fuerzas, pienso en mi debilidad…

Siento el jersey, el bastón,el hielo y el temblor. No me voy a poder a enfrentar, no voy a saber luchar… yo sólo sé amar!!

Te amé sin amarme, te amé sin amarme…. te amé sin amarme….

No fui a la batalla, no fui a lo oscuro, cogí el primer desvío y caminé a la luz, caminé al calor, caminé al amor, al amor hacía mí. Tiré el bastón, el jersey, el hielo y el temblor, y empecé a correr , a correr hacía mi…

No recuerdo el día ni el lugar, no recuerdo con quién estaba ni por qué fue, pero lo que si recuerdo es esa gran luz que desprendió mi corazón hacía mi y que desde ese momento … el miedo se fue.

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FUENTE: La más feliz del mundo