Archivo de la categoría: Cultura

Estrategia budista para lidiar con el miedo y el enojo…

En el budismo ciertas emociones son consideradas literalmente como venenos psicofísicos. Es por ello que aprender a lidiar con las emociones es una de las tareas más básicas que cualquier budista debe aprender, pero que en general cualquier persona debe intentar amaestrar. El Dalái Lama ha dicho que la causa de nuestra infelicidad suelen ser nuestras emociones.

Recientemente el monje Phap Dung, uno de los responsables del monasterio de Plum Village en Francia, fundado por el maestro zen vietnamita Thich Nhat Hanh, contó a Vox la forma en la que el budismo lidia con momentos de mucha angustia y miedo paralizante.

“Vemos la mente como una casa, así que si tu casa está incendiándose, debes primero ocuparte del fuego, no ir a buscar a la persona que causó el fuego”. Esto es algo que también es expresado en la famosa parábola de la flecha, donde un hombre herido por una flecha retarda su atención médica preguntando detalles por su agresor. El Buda enseña que de alguna manera todos estamos heridos por la flecha de las emociones negativas y debemos atendernos urgentemente.

“Primero ocúpate de esas emociones, porque todo lo que viene de un lugar de miedo y ansiedad y enojo sólo hará peor el incendio. Regresa y encuentra un lugar de calma y paz para apaciguar la flama de las emociones”, dice Phap Dung.

Para hacer esto el budismo tiene una serie de técnicas, algunas de las cuales han sido incorporadas de manera secular bajo el mindfulness, también traducido como “atención plena”. La más sencilla es simplemente observar las sensaciones táctiles que produce la respiración, incluso contando cada una de ellas.

Lo esencial es buscar calmar la mente como prioridad y evitar incrementar con nuestro propio fuego emocional el incendio en el que estamos metidos.

FUENTE: HARMONIA.LA


Photo Credit: homethods Flickr via Compfight cc

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Los insultos son como regalos…

En una ocasión cuando Buda estaba predicando su doctrina, un hombre se le acercó y comenzó a insultarlo e intentar agredirlo pero Buda se mantuvo en un estado de imperturbable serenidad y silencio. Cuando hubo terminado su acción, se retiró.

Un discípulo que se sintió indignado por los insultos que el hombre lanzó contra Buda le preguntó porqué dejó que lo maltratara y lo agrediera.

A lo que Buda respondió con segura tranquilidad: -“Si yo te regalo un caballo pero tú no lo aceptas ¿de quién es el regalo?”

El discípulo contestó: -“Si no lo acepto, sería tuyo todavía”.

Entonces Buda respondió: -“Bueno. Estas personas emplean parte de su tiempo en regalarme sus insultos, pero al igual que un regalo, yo elijo si quiero aceptarlo o no. Los insultos son como regalos: si lo recoges, lo aceptas; si no lo recoges, quien te insulta se lo queda en sus manos. No podemos culpar al que insulta de nuestra decisión de aceptar su regalo. Por esa misma razón, esos insultos son para mí como un regalo que elijo no recoger. Simplemente los dejo en los mismos labios de donde salen.”

Magdalena Saenz

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Sin tiempo que perder…

Sólo nos queda esta noche y lo sé. Lo sabemos. Con el primer rayo del alba colándose por la ventana te irás para siempre; desaparecerás; te perderé. Lo sé. Lo sabemos.

Esta amarga medianoche de tintos escasos y humos espesos, somos melancólicos condenados, en espera del inclemente verdugo que es el sol. No tengo tiempo que perder, pero me atrevo a gastar un segundo en imaginar si será posible juntar todo el amor del mundo, toda la pasión de los tiempos, todos los besos de la imaginación; comprimirlos en un segundo intenso y explosivo y dártelo las pocas miles de veces que podría en los pocos miles de segundos que me quedan hasta que te mueras de amor, o te mueras de pasión, o te mueras de besos o, mejor aún: te mueras de mí. Rápidamente vuelvo a la realidad etérea; me doy cuenta de que no es posible y, como no tengo tiempo que perder, te beso. Tus labios perfectos, como dibujados por Cortázar, me saben a fruta madura y al tic-tac del reloj impaciente y, sobre todo, me saben al recelo del tiempo más sincero, temeroso y frustrado que puedo imaginar. Sin embargo, como siempre, tus labios me saben a fresa.
Temeroso, miro de nuevo el reloj; con la garganta hecha un nudo y colgando de la misma mano que pronto voy a usar para acariciar tu cabello, miro de nuevo el reloj. Sólo ha pasado un minuto, pero es un minuto que me suena a que me arrancan los huesos.

Ingenuo, aventurado y con tonta esperanza, me atrevo a pedirle en mi mente al reloj que se detenga un instante. Que me regale un segundo, que nos fíe un momento. Al abrir los ojos, entiendo que el reloj no me ha escuchado y nos ha clavado en el alma otro par de pares de segundos. Como no tengo tiempo que perder, paso mi mano entre tu cabello áureo; deslizo mis dedos entre tu cabello y acaricio tu cuello. Te mato como puedo con la mirada, te revivo como quiero con caricias y me suicido como jamás habría imaginado con un abrazo surreal, largo, cálido y que me sabe a ansiedad y al rítmico pasar de los segundos pero, sobre todo, me sabe al frío y asustado sudor de poeta resignado que ha visto un futuro donde se queda mudo. Sin embargo, como siempre, tu abrazo me sabe a azúcar.

Exaltado y como viendo sin ver, le dedico una mirada al reloj y se me vuelven de vidrio todos los músculos del cuerpo. Han pasado ya diez minutos y el infeliz e inexorable segundero no parece dispuesto a retrasar su carrera.

Enrique Ocampo

FUENTE: Cultura Colectiva

San Borondón…

San Borondón es la historia real de una expedición pionera en las Islas Canarias que se embarcó en la loca búsqueda de olas gigantes, únicas, inalcanzables y perdidas en los lugares más paradisiácos de las islas. Ellos son la verdadera “Non Trubada”, escondidos entre la maresía que asciende por los acantilados volcánicos que rodean las costas isleñas.

Representan a la perfección la leyenda de San Borondón, sus vidas y su entorno, y giran en una búsqueda para muchos irreal. En cada sesión de grandes olas escriben un trozo de su propia historia, haciendo lo inaccesible, en algo alcanzable, encontrando los rincones que jamás te pudieses imaginar. “Una leyenda relatada de experiencias”.

 

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La risa…

La alegría de un hombre es su rasgo más revelador, juntamente con los pies y las manos. Hay caracteres que uno no llega a penetrar, pero un día ese hombre estalla en una risa bien franca, y he aquí de golpe todo su carácter desplegado delante de uno. Tan sólo las personas que gozan del desarrollo más elevado y más feliz pueden tener una alegría comunicativa, es decir, irresistible y buena. No quiero hablar del desarrollo intelectual, sino del carácter, del conjunto del hombre. Por eso si quieren ustedes estudiar a un hombre y conocer su alma, no presten atención a la forma que tenga de callarse, de hablar, de llorar, o a la forma en que se conmueva por las más nobles ideas. Miradlo más bien cuando ríe. Si ríe bien, es que es bueno. Y observad con atención todos los matices: hace falta por ejemplo que su risa no os parezca idiota en ningún caso, por alegre e ingenua que sea. En cuanto notéis el menor rasgo de estupidez en su risa, seguramente es que ese hombre es de espíritu limitado, aunque esté hormigueando de ideas.

Si su risa no es idiota, pero el hombre, al reír, os ha parecido de pronto ridículo, aunque no sea más que un poquitín, sabed que ese hombre no posee el verdadero respeto de sí mismo o por lo menos no lo posee perfectamente. En fin, si esa risa, por comunicativa que sea, os parece sin embargo vulgar, sabed que ese hombre tiene una naturaleza vulgar, que todo lo que hayáis observado en él de noble y de elevado era o contrahecho y ficticio o tomado a préstamo inconscientemente, y de manera fatal tomará un mal camino más tarde, se ocupará de cosas “provechosas” y rechazará sin piedad sus ideas generosas como errores y tonterías de la juventud.

Fiódor Dostoievski

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Photo Credit: Isabel Cortés Úbeda via Compfight cc

Problemas femeninos ilustrados…

Cassandra Calin es una artista rumana que comparte con nosotros en estas simpáticas ilustraciones de sus problemas diarios.

Esta dibujante y diseñadora gráfica de 21 años vive actualmente en Montreal, Canadá, e ilustra todo tipo de problemas, mayormente femeninos: “Dibujo cómics inspirados en mi vida y mis experiencias. Disfruto riéndome de mis rarezas y despotricando sobre mis bobas desgracias, como la haber nacido con el pelo rizado.”

FUENTE: Cultura Inquieta

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Bodas de sangre…

-¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Aparta!
Que si matarte pudiera,
te pondría una mortaja
con los filos de violetas.
¡Ay, qué lamento, qué fuego
me sube por la cabeza!

-¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
Porque yo quise olvidar
y puse un muro de piedra
entre tu casa y la mía.
Es verdad. ¿No lo recuerdas?
Y cuando te vi de lejos
me eché en los ojos arena.
Pero montaba a caballo
y el caballo iba a tu puerta.
Con alfileres de plata
mi sangre se puso negra,
y el sueño me fue llenando
las carnes de mala hierba.
Que yo no tengo la culpa,
que la culpa es de la tierra
y de ese olor que te sale
de los pechos y las trenzas.

-¡Ay qué sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro
ya toda su descendencia
en la mitad de la boda
y con la corona puesta.
Para ti será el castigo
y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda.

-Pájaros de la mañana
por los árboles se quiebran.
La noche se está muriendo
en el filo de la piedra.
Vamos al rincón oscuro,
donde yo siempre te quiera,
que no me importa la gente,
ni el veneno que nos echa.

-Y yo dormiré a tus pies
para guardar lo que sueñas.
Desnuda, mirando al campo,
como si fuera una perra,
¡porque eso soy! Que te miro
y tu hermosura me quema.

-Se abrasa lumbre con lumbre.
La misma llama pequeña
mata dos espigas juntas.
¡Vamos!

-¿ Adónde me llevas ?

-A donde no puedan ir
estos hombres que nos cercan.
¡Donde yo pueda mirarte!

-Llévame de feria en feria,
dolor de mujer honrada,
a que las gentes me vean
con las sábanas de boda
al aire como banderas.

-También yo quiero dejarte
si pienso como se piensa.
pero voy donde tú vas.
Tú también. Da un paso. Prueba.
clavos de luna nos funden
mi cintura y tus caderas.

Fragmento de “Bodas de sangre”

Federico García Lorca

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Antonio Machado…

Sevillano y ciudadano de varias localidades españolas y europeas en su vida, Antonio está considerado uno de los mejores poetas en lengua castellana, incluido en la llamada Generación del 98. Su familia, numerosa, era de inquietudes culturales intensas. A los ocho años, se trasladaron a Madrid y las ideas familiares empujaron al joven poeta a formarse en la Institución Libre de Enseñanza, donde le influyen las visiones de Giner de los Ríos, Cossío o Sela. Pasa también por la Universidad.

Cuando fallece su abuelo, la familia sufre un revés económico y Antonio y su hermano Manuel se integran en la vida bohemia madrileña: tertulias, cafés, tablaos… les acercan a los intelectuales y a las obras de la época, desde Valle-Inclán a Villaespesa. Incluso, Antonio forma parte de compañías teatrales, como la de María Guerrero, sin ninguna trascendencia.

Con su hermano Manuel, también visitaría dos veces París, y trabajarían para la Editorial Garnier, a la par de conocer a otros artistas, como Pío Baroja o Juan Ramón Jiménez. En la capital francesa, se empapó de los idearios modernista y simbolista, presentes en su poesía. Así, colaboró asiduamente en revistas como Helios, Blanco y Negro o La República de las Letras, y publicó “Soledades. Galerías. Otros poemas”, una ampliación de su primer libro de poemas, en 1907. Por esa época, se muda a Soria para enseñar francés en el instituto de esa ciudad. Es allí donde el profundo sentir castellano se cuela en la siguiente obra del poeta, “Campos de Castilla”. También, contrae matrimonio con la joven Leonor, el amor de su vida, quien, por desgracia, muere de tuberculosis dejando a Machado en pena máxima.

Pasa por el instituto de Baeza (Jaén) y después por el de Segovia. Pese a ser elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua, nunca tomó posesión de su sillón. En los albores de la Guerra Civil, él y su familia fueron acogidos primero en Valencia y después en Barcelona, para partir hacia el exilio en Francia. Con todo, Antonio Machado, enfermo, no aguantó el viaje y murió apenas llegar a Colliure, en 1939.
Machado hablaba así:

Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar

Poned atención: un corazón solitario no es un corazón.

Ni el pasado ha muerto 
ni está el mañana,
 ni el ayer escrito.

Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.

Hoy es siempre todavía.

Todo lo que se ignora, se desprecia.

Para dialogar,
 preguntad primero; 
después… escuchad.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Los conceptos son de todos y se nos imponen desde fuera; las intuiciones siempre son nuestras.

El ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve.

Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas.

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FUENTE: Blog de Alex Rovira

¿Qué tal si deliramos por un ratito?…

Mi pequeño homenaje a uno de los grandes…

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