Archivo de la categoría: Cuentos

Es cierto…

Es cierto que tengo miedo de abrir algunas puertas. Para controlarlo empleo métodos yogas y métodos caseros, pero el miedo también tiene sus recursos. Espera que logre dominarlo. Espera que pueda abrir la puerta. Espera pacientemente del otro lado para abalanzarse sobre mí.

Ana María Shua


Photo Credit: FerPer Flickr via Compfight cc

Etiquetado

La mala suerte…

Caminando por la selva se topa con un león dormido.

Poniéndose de rodillas ante él, murmura:
– Por favor, no me comas.

La bestia sigue roncando. Esta vez grita:
– ¡Por favor, no me comaaas!

El animal no se da por enterado. Temblando, abre las mandíbulas y acerca su cara a los colmillos para
volver a gritar el ruego. Inútil. La fiera no despierta.

Histérico, comienza a darle patadas en el trasero:
– ¡No me comas! ¡No me comas! ¡No me comas!.

El león despierta, salta sobre él y, furioso, comienza a devorarlo. El hombre se queja:
– ¡Qué mala suerte tengo!.

Alejandro Jodorowsky


Photo Credit: A W Dimmick Flickr via Compfight cc

Etiquetado

La sombra…

Hola, soy tu sombra, tu compañera de toda tu vida pero me has aburrido por eso te dejo, me dijo una tarde cuando caía el crepúsculo. Ahora soy un ser humano que no tiene su sombra, creo que soy un ser  translucido.

Ella me abandonó para siempre, dobló por el camino de la derecha y se fue perdiendo entre los últimos rayos del sol, sin mirarme, sin decirme  adiós.

Inés María Cabrera


Photo Credit: oiZox Flickr via Compfight cc

Lo ciegos y el elefante…

Se hallaba el Buda en el bosque de Jeta cuando llegaron un buen número de ascetas de diferentes escuelas metafísicas y tendencias filosóficas.

Algunos sostenían que el mundo es eterno, y otros, que no lo es; unos que el mundo es finito, y otros, infinito; unos que el cuerpo y el alma son lo mismo, y otros, que son diferentes; unos, que el Buda tiene existencia tras la muerte, y otros, que no. Y así cada uno sostenía sus puntos de vista, entregándose a prolongadas polémicas. Todo ello fue oído por un grupo de monjes del Buda, que relataron luego el incidente al maestro y le pidieron aclaración. El Buda les pidió que se sentaran tranquilamente a su lado, y habló así:

– Monjes, esos disidentes son ciegos que no ven, que desconocen tanto la verdad como la no verdad, tanto lo real como lo no real. Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis relatado. Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos. Había un maharajá que mandó reunir a todos los ciegos que había en Sabathi y pidió que los pusieran ante un elefante y que contasen, al ir tocando al elefante, qué les parecía. Unos dijeron, tras tocar la cabeza: “Un elefante se parece a un cacharro”; los que tocaron la oreja, aseguraron: “Se parece a un cesto de aventar”; los que tocaron el colmillo: “Es como una reja de arado”; los que palparon el cuerpo: “Es un granero”. Y así, cada uno convencido de lo que declaraba, comenzaron a querellarse entre ellos.

El Buda hizo una pausa y rompió el silencio para concluir:

– Monjes, así son esos ascetas disidentes: ciegos, desconocedores de la verdad, que, sin embargo, sostienen sus creencias. Muchas veces una visión parcial entraña más desconocimiento que conocimiento.

historia183

Hay muchas maneras de cazar un tigre…

En la India, Nasrudín se encontró frente a frente con un tigre gigantesco. Aterrado, trepó a un árbol para ocultarse, pero el animal saltó tras él hasta las ramas. Temblando de miedo, el mulá siguió trepando cada vez más arriba. El tigre le siguió con facilidad. Cuando Nasrudín había llegado a las ramas más altas, se volvió hacia el predador y se preparó para morir. En ese momento, el tigre vio a un gran pájaro posado a un lado y saltó, pero la rama en que el pájaro se encontraba era demasiado fina para soportar el gran peso del animal. Se partió y el tigre cayó al suelo.

Varias horas después, Nasrudín reunió el valor suficiente para bajar del árbol y descubrió que el tigre se había matado en la caída. Quitándole la rayada piel, se la puso alrededor de los hombros y siguió su camino. A partir de ese día, Nasrudín fue conocido como un gran cazador.

Cuento sufí

28926425622_7a96a67def_b
Photo Credit: QConnan-Photos Flickr via Compfight cc

Guardar

Guardar

Etiquetado

El pato y la gata…

-¿Cómo es que usted se inició en la vida espiritual? –preguntó uno de los discípulos al maestro Sufi Shams Tabrizi.

-Mi madre decía que yo no estaba lo suficientemente loco como para internarme en un hospicio, ni era lo suficientemente santo para entrar en un monasterio –respondió Tabrizi.

–Entonces decidí dedicarme al sufismo, donde aprendemos a través de la meditación libre.

-¿Y cómo le explicó eso a su madre?

-Con la siguiente fábula: alguien le acercó un patito a una gata para que la gata lo tomara a su cargo. Este seguía a su madre adoptiva por todas partes, hasta que un día, ambos llegaron frente a un lago. Inmediatamente el patito entró en el agua, mientras que la gata, desde la orilla, gritaba: “¡Sal de ahí! ¡Te vas a morir ahogado!” Y el patito respondió: “No, madre, descubrí lo que es bueno para mí, y esto es que estoy en mi ambiente. Voy a continuar aquí, aunque tú no sepas lo que significa un lago.”

maxresdefault

FUENTE: Contarcuentos

Talento…

– Maestro, tengo un problema con mi hijo

– Me trajo las notas del colegio, una alta calificación en dibujo y una pésima calificación en matemáticas.

– ¿Qué harás? – dijo el maestro

– ¡Lo pondré de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de matemáticas!

– Necio, ponlo de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de dibujo.

– Todos servimos para algo pero no todos servimos para lo mismo.

Alejandro Jodorowsky

6999864289_1e85d23cf1_b
Photo Credit: Cotallo-nonocot Flickr via Compfight cc

Etiquetado

Comer lentejas…

Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular al rey.

Y le dijo Aristipo: «Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas».

A lo que replicó Diógenes: «Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey».

24338153684_629dcb8883_b
Photo Credit: luiscor Flickr via Compfight cc

Guardar

Guardar

Tener por maestro un estúpido…

Un Maestro prometió a un discípulo que le revelaría algo mucho más importante que cualquier cosa que se pudiese encontrar en todas las escrituras. Cuando el discípulo, que era muy impaciente, pidió una vez más al Maestro que cumpliese su promesa, el Maestro dijo:

– Sal fuera bajo la lluvia y permanece con los brazos abiertos y la cabeza levantada hacia el cielo.

Al día siguiente, el discípulo volvió donde el maestro y le dijo:

– Seguí tu consejo y me cale hasta los huesos… me sentí un perfecto idiota.

– Bien -replicó el maestro-, para ser el primer día es una gran revelación ¿no es cierto?

“Quienquiera que se embarque en el auto-aprendizaje no debería tener por maestro a un estúpido”

Anónimo

27371660096_133977269b_o

Photo Credit: Carlos M Gonzalez (raw) Flickr via Compfight cc

Leyenda tibetana de la gata tricolor…

Dice la leyenda que durante los años 1100 no había paz en los monasterios de los monjes tibetanos; permanentes desacuerdos, discusiones y malentendidos. Había desunión y todos sentían un profundo malestar por no poder vivir en armonía.

Los tres monjes principales del Templo más importante del norte del Tibet comenzaron un ayuno en busca de iluminación y sabiduría.

Al día siguiente de comenzado el ritual del ayuno, apareció en la puerta del Monasterio una Gata Tricolor, la cual tenía un bello manto coloreado de manchas negras, blancas y marrones. Acababa de parir a tres hembras, tricolores igual que ella.

Los monjes consideraron que ésto era una señal, la dejaron entrar y cuidaron muy bien a la Gata Tricolor y sus pequeñas crías.

Durante varios días la única conversación entre ellos era sobre la Gata Tricolor: la belleza de su manto, los adorables cuidados que le prodigaba a sus hijitas y la dulzura y agradecimiento que le demostraba a los monjes por las atenciones para con ella.

Los monjes se reunieron nuevamente para interpretar el hecho que durante esos días no se había suscitado peleas ni discusiones, todo lo contrario, fueron días de armonía y calma.

El más joven de los monjes interpretó esta señal :

“La clave está en sus tres colores: el blanco y el negro son como el Yin y el Yan, la fuerzas de lo opuesto igual que nosotros que estamos en permanente oposición.

El marrón es la tierra, nuestro lugar, y ello significa que aquí debemos conciliar nuestras diferencias, nuestras oposiciones. Si nos amalgamamos, al igual que los tres bellos colores de esta gata lograremos la paz, la armonía y la sabiduría”.

El más anciano le preguntó qué significado tenía que las crías hayan sido todas hembras, a lo que el joven monje contestó:

“Las pequeñas gatas recién nacidas traen el mensaje de lo nuevo, de la mutación, del cambio, y nos lo traen especialmente a nosotros que representamos la permanencia”

Al final del día el más anciano de los monjes dejó el Templo en manos de los más jóvenes y partió hacia las montañas, no sin antes recomendarles que siempre tuvieran una Gata Tricolor en cada templo del Tibet, como recuerdo de esta enseñanza.

Gatito 086