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ANNIE MARQUIER…

Nacida en Francia en 1940 y residente en Quebec, Canadá, desde los 28 años, estamos ante una de las autoras más importantes sobre crecimiento interior y espiritualidad.

Quizá sorprenda que comenzara su vida académica como licenciada en Ciencias Exactas (Matemáticas), investigadora de Economía, profesora en la Sorbona de París, además de licenciada en Música y docente de canto y órgano clásico y electrónico. Con todo, a principios de los años 70 se trasladó a la India y participó en la creación de la comunidad internacional de Auroville, en contacto con maestros espirituales como Sri Aurobindo y Jiddu Krishnamurti.

Del estudio del yoga y la espiritualidad oriental se dirigió a la psicología holística y el desarrollo personal, ámbito en el que es una autoridad desde su Instituto para el Desarrollo de la Persona, fundado en 1982.

Autora de libros como “El poder de elegir”, “La libertad de ser”, “El maestro del corazón”, imparte talleres, conferencias y cursos uniendo lo creativo con el rigor científico y su conocimiento de la psique humana.

Para que la conozcais un poco mejor, os invito a leer estos extractos de su pensamiento:

  • Las ondas cerebrales se sincronizan con las variaciones del ritmo cardiaco; es decir, que el corazón arrastra a la cabeza. La conclusión es que el amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente.

 El cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad. Está demostrado que cuando el ser humano utiliza el cerebro del corazón crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente, es una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas.
  • Cultive el silencio, contacte con la naturaleza, viva periodos de soledad, medite, contemple, cuide su entorno vibratorio, trabaje en grupo, viva con sencillez. Y pregunte a su corazón cuando no sepa qué hacer.
  • Somos la fuente de todo lo que nos sucede y de todo lo que se nos presenta en nuestra vida,
 el azar no existe.
  • Nada puede presentársenos en nuestro universo sin que hayamos dado nuestro permiso.
  • El primero y más profundo origen de la situación actual del mundo se encuentra en el nivel de conciencia de la Humanidad actual, en los valores que subyacen en las acciones y decisiones de los seres humanos.
  • El amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente que nos permite vivir desde el corazón, en unión con nuestra naturaleza divina en la profunda unidad con todo lo que existe.
  • No es lo que sucede lo que determina nuestra vida, sino más bien la forma que elegimos de reaccionar interiormente frente a lo que sucede.
  • Confiar en la vida es una forma positiva de apego.
  • Soy capaz de hacer mucho. Cuando permanezco abierto a las más bellas cualidades de mi alma, realizo tareas enormes con facilidad y éxito.

FUENTE: Blog de Alex Rovira

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SRI NISSARGADATTA MAHARAJ…

Descubre todo lo que no eres —cuerpo, sentimientos, pensamientos, tiempo, espacio, esto o aquello— nada, concreto o abstracto, de lo que percibes puede ser tú. El mismo acto de percepción te demuestra que tú no eres lo que percibes.

Fluir con la vida quiere decir aceptación; dejar llegar lo que viene y dejar ir lo que se va.

Tú no eres lo que sucede, eres a quien le sucede.

Una de las obras espirituales imprescindibles, de una riqueza y profundidad que trasciende formas culturales de Oriente y Occidente, es la del gurú o iluminado Sri Nissargadatta Maharaj (1897-1981).

De su Mumbay natal y durante su infancia, acompañó a su padre, sirviente y después granjero en un pequeño pueblo rural de Majarastra, India, para regresar a la gran ciudad a sus 18 años y convertirse en vendedor de cigarrillos con negocio propio. Casado y padre de tres niñas y un niño, Sri Nissargadatta llevaba una vida sencilla pero tranquila cuando, a los 35 años, comenzó a interesarse por temas de cariz espiritual. La razón está en su visita, gracias a la influencia de un amigo, al gurú Siddha Rameshuar Maharash, un hombre cuya visión y esencia le marcaron intensamente. Tras morir su gurú, Sri Nissargadatta se marchó al Himalaya, y a su vuelta se concentró en impartir sus enseñanzas (a través de cantos, meditación y discursos), como maestro de la corriente Advaita.

La filosofía Advaita promueve el autoconocimiento como la vía directa para saber cuál es la Realidad Final: nos hacemos conscientes de nuestra propia naturaleza, de nuestra esencia, a partir de la discriminación mental, de apartarnos de aquello que no somos. Es decir, de percibir que nuestros pensamientos están guiados por nuestro ego, y no por nuestro Ser. Este método también se conoce como el del Pájaro, puesto que es mejor conocernos volando de rama en rama que subiendo poco a poco al árbol como una hormiga. La consciencia existe antes que la mente y el cuerpo, esferas ambas que nos suelen impedir estar en conexión con nuestra “esencia original”.

La obra de Sri Nissargadatta recoge estos principios, en especial su sublime “Yo soy eso”, “La experiencia de la nada”, “Ser” o “El buscador es lo buscado”. En sus libros, encontramos enseñanzas que merece la pena destacar para poder aplicarlas a nuestra vida:

¿Merece usted lo que desea? De un modo u otro usted tiene que trabajar por el cumplimiento de sus deseos. Invierta energía y espere los resultados. Cuando su deseo no es claro ni fuerte, no puede tomar forma. Además, si sus deseos son personales, para su propio disfrute, la energía que usted les da es necesariamente limitada; no puede ser más que la que usted tiene. Cuando usted desea el bien común, el mundo entero quiere con usted. Haga suyo propio el deseo de la humanidad y trabaje usted por él. Ahí usted no puede fracasar.

Sea sincero con su propio ser real. Ámese a usted mismo absolutamente. No finja que usted ama a los demás como a usted mismo. A menos que usted se haya dado cuenta de que los demás son uno con usted mismo, no podrá amarlos. No pretenda ser lo que usted no es, no se niegue a ser lo que usted es. Su amor por los demás es el resultado del autoconocimiento, no su causa.

Abandone su apego a lo irreal y lo real surgirá por sí mismo, rápida y suavemente. Deje de imaginarse lo que es o que hace esto o lo otro, y la comprensión de que usted es la fuente y el corazón de todo surgirá en usted. Con ello llegará un gran amor que no es elección o predilección, ni apego, sino un poder que hace todas las cosas dignas de amor y adorables.

Las reacciones emocionales de la ignorancia o la inadvertencia nunca están justificadas. Busque una mente clara y un corazón limpio. Lo único que necesita es permanecer tranquilamente alerta, investigando la auténtica naturaleza de sí mismo. Éste es el único camino hacia la paz.

Lo que usted es, ya lo es. Conociendo lo que no es se libra de ello y permanece en su propio estado natural. Todo ocurre de forma espontánea y sin esfuerzo.

Poner palabras unas detrás de otras no le llevará lejos. Vaya a su interior y descubra lo que usted no es. Ninguna otra cosa importa. 

Blog de Alex Rovira

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Diez frases de José Saramago…

Un 16 de noviembre nació José de Sousa Saramago, escritor portugués y Premio Nobel de Literatura en 1998. Escribió, entre otras novelas, El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004) y El viaje del elefante (2009). Estas son algunas de sus mejores frases:

“La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva”.

“Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”.

“Los escritores viven de la infelicidad del mundo. En un mundo feliz, no sería escritor”.

“Siempre acabamos llegando a donde nos esperan”.

“Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio, que es bueno para mi salud. Pero nunca he oído a nadie decirle a un deportista: tienes que leer”.

“Ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe”.

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”.

“La historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Y se escribe, fatalmente, desde un punto de vista masculino”.

“Solo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes”.

“En verdad aún está por nacer el primer humano desprovisto de esa segunda piel que llamamos egoísmo”.

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FUENTE: MUY INTERESANTE

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Sé un bambú hueco…

Un bambú: completamente hueco por dentro. Cuando descansas, sólo sientes que eres como un bambú: completamente hueco y vacío por dentro. Y, de hecho, éste es el caso: tu cuerpo es simplemente como un bambú, y por dentro está vacío. Tu piel, tus huesos, tu sangre, son todos parte del bambú, y dentro hay espacio, vacuidad.

Cuando estás sentado con la boca completamente silenciosa, inactiva; con la lengua tocando el paladar superior y en silencio, sin temblar con los pensamientos, la mente observando pasivamente, sin esperar algo en particular, siéntete como un bambú hueco. De repente, una infinidad de energía comienza a verterse dentro de ti. Estás lleno de lo desconocido, de lo misterioso, de lo divino. Un bambú hueco se convierte en una flauta y lo divino comienza a tocarla. Una vez que estás vacío, entonces no hay barrera para que lo divino entre en ti.

Osho

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Photo Credit: GraceOda via Compfight cc

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Declaración de principios…

1) Todos los hombres son diferentes. Y deben hacer lo posible para continuar siéndolo.

2) A todo ser humano le fueron concedidas dos formas de actuar: la acción y la contemplación. Ambas conducen al mismo lugar.

3) A todo ser humano le fueron concedidas dos cualidades: el poder y el don. El poder dirige al hombre al encuentro con su destino, el don le obliga a compartir con los otros lo que hay de mejor en sí mismo. Un hombre debe saber cuando usar el poder y cuando usar el don.

4) A todo ser humano le fue dada una virtud: la capacidad de escoger. Quien no utiliza esta virtud la transforma en una maldición, y los otros siempre escogerán por él.

5) Todo ser humano tiene derecho a dos bendiciones, a saber: la bendición de acertar y la bendición de equivocarse. En el segundo caso, siempre existe un aprendizaje que lo conducirá al camino correcto.

6) Todo ser humano tiene un perfil sexual propio, y debe ejercerlo sin culpa – siempre que no obligue a los otros a ejercerlo con él.

7) Todo ser humano tiene una Leyenda Personal a ser cumplida, y ésta es su razón de estar en este mundo. La Leyenda Personal se manifiesta a través del entusiasmo con lo que hace.
Parágrafo único: se puede abandonar por un cierto tiempo la Leyenda Personal, siempre que no se la olvide y se vuelva a ella tan pronto como sea posible.

8) Todo hombre tiene su lado femenino, y toda mujer tiene su lado masculino. Es necesario usar la disciplina con intuición, y usar la intuición con objetividad.

9) Todo ser humano tiene que conocer dos lenguajes: el lenguaje de la sociedad y el lenguaje de las señales. Uno sirve para la comunicación con los demás. El otro sirve para entender los mensajes de Dios.

10) Todo ser humano tiene derecho a buscar la alegría, y se entiende por alegría algo que lo deja contento, no necesariamente aquello que deja contentos a los otros.

11) Todo ser humano debe mantener viva dentro de sí la sagrada llama de la locura. Y debe comportarse como una persona normal.

12) Solamente los siguientes puntos son considerados faltas graves: no respetar el derecho del prójimo, dejarse paralizar por el miedo, sentirse culpable, creer que no merece lo bueno o lo malo que le sucede en la vida, y ser cobarde.

13) Queda decretado el fin del muro que separa lo sagrado de lo profano: a partir de ahora, todo es sagrado.

14) Todo cuanto es hecho en el presente afecta al futuro como consecuencia, y al pasado como redención.

15) Lo imposible es posible.

Paulo Coelho

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Photo Credit: Silvio Tanaka via Compfight cc

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La mosca que vivió en un arcoíris…

Había una vez una mosca que nació libre, alborotadora y aventurera, como todas las moscas del mundo. Consciente de que su vida sería breve, apenas veinticuatro horas de aleteo despreocupado, decidió buscar un lugar bonito en el que  poder vivir.

Primero pensó que estaría bien poder husmear allí donde le apeteciera, jugar divertida a hacer cosquillas a los humanos, o tal vez, por qué no, dejarse mecer por el viento hasta sucumbir a los aromas más suculentos para su olfato.

Pero como el tiempo le era escaso y la aventura incierta, decidió finalmente que lo más sensato era vivir su corta vida tranquila y a salvo, sin demasiados sobresaltos.

Buscó entonces un refugio tras el cristal de una ventana de una casita de campo, donde se colaba la primavera en casa de una familia. No le sobraba el tiempo para planificarlo todo al detalle y esa opción que le presentó el destino, le pareció de lo más acertada. Podría entrar y salir a su antojo, y en el caso de que las cosas se pusieran feas, contaba con un lugar seguro en el que refugiarse.

Pero entonces se desató una terrible tormenta. El viento se enfureció de lo lindo en tan solo un segundo  y agitó con rabia los árboles. Unas luces puntiagudas brotaron de las negras nubes y un ensordecedor estruendo, rasgó el cielo como si fuera a quebrarse en mil pedazos de un momento a otro. La mosca se sintió aliviada por haberse colado en esa casa en el momento justo y estando allí, refugiada en una esquina del frío cristal, uno de los humanos cerró la ventana, dejando a la mosca dentro, feliz por su suerte.

No tardaron ni cinco segundos en precipitarse las gotas de lluvia contra el cristal. Primero eran pequeñas y apenas hacían ruido al estamparse. Simplemente languidecían dibujando curvas en la ventana. Pero pronto se volvieron violentas y gordas, y repiquetearon como si quisieran que le abrieran para entrar.

La mosca se acordó de las otras moscas y se sintió privilegiada por estar al otro lado del cristal. ¡Qué suerte había tenido!

La tormenta de primavera apenas duró unos minutos y el sol, insolente y triunfante, apartó a las nubes para hacerse hueco y dibujar un bello arcoíris en el cielo. A la mosca le pareció que aquel dibujo multicolor era lo más hermoso que nadie podría ver en este mundo y entendió entonces que el propósito de su vida era poder volar hasta él, aunque en ello invirtiera las pocas horas de vida que la naturaleza le había regalado, aunque tuviera que abandonar su refugio y exponerse a las inclemencias e incertidumbres de la naturaleza.

Pero por más que intentó salir no pudo encontrar una rendija por pequeña que esta fuera. Estaba atrapada. La ventana estaba cerrada a cal y canto y lo que antes había sido su refugio, se había tornado ahora en su cárcel. Incluso tomó impulso en varias ocasiones e intentó traspasar el cristal, pero sólo le sirvió para golpearse contra él sonoramente, una y otra vez, sin conseguir más que un fuerte y terrible dolor de cabeza.

La resignación se apoderó de ella. Estaba abatida. Porque, aunque la gente lo desconoce, las moscas también tienen sentimientos. Mientras el arcoíris seguía dibujado en el cielo, las horas pasaban y la mosca no podía hacer otra cosa más que contemplarlo a través de un cristal, pasando de puntillas de un color a otro, del rojo al amarillo y del verde al añil, mientras la vida le descontaba minutos en el reloj. Y así pasó varias horas de su corta existencia, hasta que se dejó vencer por la desolación.

Cerró los ojos e imaginó que nunca había entrado por esa ventana en busca de una vida tranquila y segura. Imaginó que el cristal que la protegía de los peligros del exterior no existía y que realmente ella vivía, posada en el color azul de su precioso arcoíris. Cerró los ojos y se creyó su mentira como si fuera una verdad. Decidió que esperaría a la muerte, pensando que había sido la mosca que había vivido en un arcoíris.

Aleteó con fuerza las alas y se las peinó con mimo pasando sus patas por ellas, una y otra vez. Pero el aleteo alertó al gato de la familia que agazapado detrás del sofá, esperó el momento oportuno para merendarse a la mosca que fingió vivir en el arcoíris, por miedo a que le mojara la lluvia y la meciera el viento.

Entonces el arcoíris se difuminó hasta desaparecer y el gato se lamió y relamió de gusto antes de echarse una siesta en el sofá. Los pájaros volvieron a cantar y las mariposas volvieron a buscar flores en el campo sobre las que posarse. La ventana volvió a abrirse, pero la mosca ya no estaba al otro lado del cristal para echar a volar.

Moraleja: No sabes lo corta que puede llegar a ser tu vida como para que no vayas en busca de tu arcoíris. Deja que la vida te moje con sus tormentas porque sin ellas, no existirían los arcoíris.

PAZ CASTELLÓ

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La autoestima…

“El amor empieza por casa.” W.R. De eso se trata “la autoestima”, es ese valor que se tiene de sí mismo, de quienes somos, de nuestra forma de ser, de nuestra aceptación física y mental, en sí, de nuestra personalidad.

La autoestima, es un elemento fundamental a la hora de relacionarnos con los demás y brindar amor, pues si esta no está reforzada, difícilmente lograremos mantener relaciones de pareja exitosas, así como también relaciones de simple amistad. Este sentimiento  valorativo, se aprende desde niños, por fortuna si nos enseñaron algunos comportamientos inadecuados y que afectan nuestro amor propio, podemos cambiarlo y mejorar.

FUENTE: PHRÓNESIS

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No tengo prisa…

No tengo prisa. ¿Prisa de qué? No tiene prisa el sol y la luna: están seguros. Tener prisa es creer que la gente pasa delante de las piernas, o que, dando un brinco, salta por encima de la sombra.

No; no sé tener prisa. Si extiendo el brazo, llego exactamente a donde mi brazo llega, ni un centímetro más allá.

Toco sólo donde toco, no donde pienso. Sólo me puedo sentar donde estoy.

Fernando Pessoa

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Photo Credit: Gerard Avila via Compfight cc

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Crear circunstancias…

Pero lo verdaderamente inaudito es que no solamente cayeron semillas en el lugar donde estaba Sid, sino en TODO el Bosque Encantado, ABSOLUTAMENTE EN TODOS Y CADA UNO DE LOS RINCONES del bosque.

Y no solamente en el Bosque Encantado, sino en todo el Reino: llovían semillas de tréboles de cuatro hojas sobre las cabezas de los caballeros que no aceptaron el reto de Merlín. Llovía sobre todos los seres del bosque, sobre el Gnomo, sobre la Sequoia, sobre la Dama del Lago, sobre Ston… Llovía sobre Nott y sobre Morgana. Llovía semillas de tréboles de cuatro hojas… ¡¡EN TODAS PARTES!!

Los habitantes del Bosque Encantado y del Reino habitado no les prestaron atención. Sabían que una vez cada año, por esta estación, llovía este extraño agua verde oro, “que no servía para nada”. De hecho, cada año les molestaba en demasía, porque era lluvia bastante pringosa…

Al cabo de cinco minutos, la lluvia de semillas de tréboles de cuatro hojas cesó. Las minúsculas semillas de oro verde, se disolvieron como pequeñas gotas de agua al caer al suelo, a medida que caían por todos los rincones del Reino. Sencillamente, morían como las simientes que se arrojan al desierto.

Y los millones de gotas que cayeron en el Bosque Encantado, quedaron también estériles.

Todas, excepto unos cientos que fueron a parar a unas cuantas yardas de tierra fresca y nueva, en la que lucía y el sol y refrescaba la sombra, en la que había agua abundante y que estaba libre de piedras.

Ésas y solamente esas semillas se convirtieron al cabo de unos instantes en tréboles de cuatro hojas, concretamente en cientos de Tréboles Mágicos, un número suficientemente grande como tener suerte todo el año… hasta la lluvia del año siguiente. En otras palabras: suerte ilimitada. Sid observó extasiado la Buena Suerte que había creado. Conmovido y emocionado se arrodilló en signo de gratitud y brotaron lágrimas de sus ojos.

Cuando se dio cuenta de que el viento amainaba quiso despedirse de él y darle las gracias por haber traído las semillas. Así que lo invocó:

—Viento, Señor del Destino y de la Suerte, ¿dónde estás? ¡Quisiera darte las gracias!

El viento le respondió:

—No es necesario que me des las gracias. Cada año, en esta misma fecha, reparto semillas de tréboles de cuatro hojas por todo el Bosque Encantado y por todos los rincones del Reino habitado. Soy el Señor del Destino y de la Suerte y entrego, siguiendo un orden firme, las semillas de la Buena Suerte allí por donde paso. Por el contrario a lo que muchos piensan, yo no reparto suerte, sencillamente me ocupo de que esté diseminada en todas partes, por igual. Los Tréboles Mágicos nacieron porque tú creaste las condiciones adecuadas para ello. Cualquiera que hubiese hecho lo mismo hubiera creado Buena Suerte. Yo me limité a hacer lo que siempre he hecho. La Buena Suerte que llevo conmigo está siempre ahí. El problema es que casi todo el mundo cree que no es necesario hacer nada.

[…]

Porque solamente crecieron tréboles de cuatro hojas, Tréboles Mágicos, bajo los pies de Sid, porque era el único en todo el Reino que había creado las condiciones para que no murieran.

Porque contrariamente a lo que muchos creen, la Buena Suerte no es algo que pase a pocos que no hacen nada.

La Buena Suerte es algo que nos puede pasar a todos, si hacemos algo.

Y ese algo consiste únicamente en crear las condiciones para que las oportunidades, que están ahí para todos por igual, no se nos mueran como semillas de tréboles de cuatro hojas, cayendo en tierra estéril.

Sembrar. Ésa es la idea. Sembrar en una tierra trabajada, preparada, abonada, bien regada. Crear tierra fértil en la materia, y en el alma, el ánimo, la mente, la acción. Sembrar posibilidades, crear circunstancias, abrir caminos, ampliar horizontes, propiciar oportunidades. Hacer, actuar, planificada y meditadamente, para que, como quien prepara la tierra para que pueda acoger bien a la semilla que va a ser plantada, la vida abra posibilidades a la salud, a la justicia, a la prosperidad compartida, a la consciencia, a la cultura.

Álex Rovira

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Lo que esconde el corazón…

“Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.”

LEÓN TOLSTÓI

Dice el cuento que en el principio de los tiempos se reunieron varios demonios para hacer la mayor de sus tropelías.

Uno de ellos dijo: “Debemos quitar algo a los humanos pero, ¿qué les quitamos?”.

Después de mucho pensar, un segundo, añadió: “¡Ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. Para muchos de ellos es el don más preciado, ¡pero el problema va a ser dónde esconderla para que no puedan encontrarla!”.

Se sumó un tercer demonio a la conversación: “¡Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo!”.

Inmediatamente, replicó un cuarto demonio: “¡No!, recuerda que tienen fuerza; alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y, si la encuentra uno, ¡ya todos sabrán dónde está!”.

Luego, opinó el quinto: “¡Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar!”.

Y el sexto objetó: “¡Tampoco! Recuerda que tienen curiosidad; alguna vez alguien construirá un aparato para poder bajar allí y entonces la encontrará”.

Un séptimo demonio tomó la palabra: “¡Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra!”.

Pero todos protestaron: “¡No! Recuerda que tienen inteligencia; un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y va a descubrirla, y entonces todos tendrán felicidad”.

El último de ellos, el más astuto y malvado de todos, había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás. Analizó cada una de ellas y entonces se manifestó convencido. Y hablando firme y lentamente, dijo: “Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren…”.

Todos lo miraron asombrados y preguntaron al mismo tiempo: “¡¿Dónde?!”.

El demonio respondió: “La esconderemos dentro de ellos mismos, en el fondo de sus corazones… Estarán tan ocupados buscándola fuera de sí mismos que nunca la encontrarán. Se perderán en lo accesorio, en lo banal. Su codicia y ambición les hará buscar el mayor de los tesoros en los objetos, en las cosas, para llenar vanidades, colmar egos, distraerse de lo esencial. Muy pocos llegarán a darse cuenta de que, en realidad, solo encontraran la serenidad, el equilibrio y la felicidad si miran hacia adentro y luego ponen sus dones al servicio de los demás. Si queremos alejarles de la felicidad, pongámosla tan cerca de sí mismos que sean incapaces de ni tan solo darse cuenta de que la alojan en el fondo de su Ser…”.

Todos estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la lleva dentro.

A partir de aquí, ya ha llegado el momento de aceptar, todos y cada uno de nosotros, que el gran oasis de nuestra vida, desértica o no según las circunstancias, siempre viaja con nosotros. Perdemos la conexión con el aquí y el ahora, con la realidad objetiva y nos perdemos el goce del oasis interior y el goce, aún mayor, de brindar al mundo ese oasis que podemos llegar a descubrir dentro de nosotros, para dar Sentido a nuestros pasos.

Álex Rovira

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