Una vida sin quejas…

“Demasiada gente pasa por la vida quejándose de sus problemas. Yo siempre he creído que si la gente invirtiera una décima parte de la energía que malgasta en quejarse en resolver el problema, les sorprendería descubrir lo bien que pueden funcionar las cosas. 

A lo largo de mi vida he conocido a algunas personas fantásticas que nunca se quejaban. Una de ellas era Sandy Blatt, mi casero de posgrado. De joven un caminón le había golpeado marcha atrás mientras descargaba unas cajas en una bodega. Sandy había caído de espaldas por las escaleras de la bodega. Cuando le pregunté lo larga que había sido la caída, se limitó a responder: “Lo suficiente”. Se pasó el resto de su vida tetrapléjico. 

Sandy había sido un gran atleta y en el momento del accidente estaba prometido en matrimonio. Como no quería ser una carga para la novia, le dijo a su prometida: “No te comprometiste a esto. Si quieres echarte atrás lo entenderá. Puedes irte en paz”. Y ella se fue. 

Conocí a Sandy cuando el hombre tenía treinta y pico años y me maravilló su actitud. Desprendía un aura de tío que no se queja. Había trabajado mucho y se había sacado el título de consejero matrimonial. Se había casado y adoptado niños. Y cuando hablaba de cuestiones médicas, lo hacía siempre con total naturalidad. Una vez me explicó que para los tetrapléjicos los cambios de temperatura son especialmente duros porque no tiemblan. Así que me pedía que le pasara una manta y punto.

 Puede que mi anti-quejas preferido de todos los tiempos sea Jackie Robinson, el primer afroamericano que jugó la Liga Nacional de Béisbol. Soportó un racismo que la mayoría de los jóvenes de hoy ni siquiera pueden imaginar. Sabía que tenía que jugar mejor que los blancos y trabajar más que ellos. De modo que lo hizo. Se juró no quejarse, ni siquiera aunque los seguidores le escupieran. 

Yo tenía una fotografía de Jackie Robinson colgada en la pared del despacho y me entristecía que tan pocos estudiantes le reconocieran o supieran algo de él. Muchos ni siquiera se fijaban en la foto. Los jóvenes que han crecido con la tele en color no dedican mucho tiempo a contemplar imágenes en blanco y negro. 

Es una lástima. No existen mejores ejemplos de conducta que gente con Jackie Robinson y Sandy Blatt. La moraleja de sus vidas es la siguiente: quejarse no es una buena estrategia. Todos disponemos de un tiempo y una energía limitados. Es muy improbable que el tiempo que invertimos quejándonos nos ayude a alcanzar nuestras metas. Y no va a hacernos más felices.”

“LA ÚLTIMA LECCIÓN”. Randy Pausch

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