El círculo vicioso de la indecisión afectiva…

Conflicto insoportable, desgastante. Llevas tiempo tratando de acomodarte a una contradicción que te envuelve y te revuelca, te sube y te baja: “Sí, pero no”,  “No, pero sí”. Un amor inconcluso, que no es capaz de definirse a sí mismo puede durar siglos: cuando estas a mi lado me aburro, me canso, me estreso y cuando te tengo lejos, no puedo vivir sin ti, te extraño y te necesito.

¡Qué pesadilla! ¿Cómo manejar semejante corto circuito y no electrocutarse? ¿Semejante contradicción, sin asfixiarse? Esta duda metódica sobre lo que se siente, que no siempre se expresa claramente, funciona como las arenas movedizas: cuanto más fuerza hagas por salir, más te absorbe.

Las personas víctimas del amor fragmentado e indefinido, bajo los efectos de la desesperación, intentan resolver la indecisión del otro investigando las causas, dando razones, cambiando su manera de ser, en fin, haciendo y deshaciendo los intríngulis sin mucho resultado.

La razón del fracaso es que los individuos que sufren del “ni contigo, ni sin ti” se inmovilizan y quedan dando vueltas en el mismo círculo, a veces por años. En la cercanía, la baja tolerancia a la frustración o la exigencia irracional, les impiden estar bien con la persona que supuestamente aman, y en la lejanía, los ataques de nostalgia minimizan lo que antes les parecía insoportable y espantoso.

A propósito de la ‘indecisión afectiva’, te invito a leer esta anécdota:

Un paciente tenía una novia que vivía en otra ciudad y se veía con ella cada diez o quince días. Consecuente con el síndrome, cada encuentro terminaba en una guerra campal y  cada despedida en un adiós torturante, repleto de perdones y buenas intenciones.

En una cita le pregunté por qué no terminaba de una vez por todas con semejante tortura, y me respondió: “Yo sé que lo nuestro no es normal. Cuando estoy con ella no puedo contenerme y le hago la vida imposible.

En esos momentos pienso que necesito alguien mejor y estoy dispuesto a terminar, pero no soy capaz. Al despedirnos me siento muy triste, los pocos momentos agradables que tuvimos pesan mucho. Después nos llamamos veinte veces al día, nos decimos que nos amamos, que no podemos vivir el uno sin el otro y todo es así, como un karma que se repite una y otra vez…”.

La conclusión de su relato era poco menos que sorprendente: ¡mi paciente no amaba a su pareja, sino su ausencia! Enamorado de una fantasma que obraba como un demonio. Volví a insistir: “¿Por qué no terminas con todo esto  y te das la oportunidad de encontrar a alguien que puedas amar las veinticuatro horas, sin tantas fluctuaciones? Su respuesta: “Siento que nunca le he dado una oportunidad a la relación”. Mi pregunta: “¿No son suficientes cuatro años?”. El hombre siguió diez meses más en este tire y afloje, hasta que conoció una persona en la ciudad dónde vivía, sin embargo, el ‘ni contigo, ni sin ti’, al poco tiempo, volvió a manifestarse.

El problema no era la distancia, sino su manera distorsionada de amar. Cada vez que se enamoraba, dos esquemas hacían su aparición e interactuaban mutuamente: el miedo al compromiso y el apego sexual. El ‘quiero’ y el ‘no quiero’ oscilaban entre el pánico a establecer una relación estable y el deseo desbordado. Obviamente, él no era consciente de lo que le ocurría y solo logró nivelarse luego de varios meses de terapia.

¿Estás en un embrollo similar? ¿Lo estuviste? ¿Conoces a alguien que esté en esta situación? Si no, pues aún no cantes victoria, porque cualquiera puede involucrarse en una relación de estas. Si quieres obtener la información adecuada y el carácter para afrontar y dar respuesta a este tipo de situaciones y cuestionamientos, te recomiendo la lectura de mi ‘Guía práctica para no sufrir de amor’. Con su lectura podrás acceder a un espacio de reflexión para desarrollar las estrategias y los esquemas afectivos y cognitivos necesarios.

Ya lo he dicho en otras publicaciones: Los indecisos afectivos andan por la calle, rondan tu espacio vital y por desgracia es posible que le gustes a más de uno. Vuelvo a indicar aquí la premisa que debes incorporar a tu mente y que luego operará como un factor de inmunidad: Si alguien duda que te ama, no te ama. Directo y a la cabeza. Que no me vengan con cuentos: a los enamorados de verdad  hay que frenarlos y no empujarlos.

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FUENTE: PHRÓNESIS

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