El discreto encanto de los puntos suspensivos…

De todas las formas de puntuación es esta la más sinuosa y sugerente, y desde luego es aquella con un uso más discrecional. ¿Por qué son tres? Pues porque cuatro serían demasiados, dos ya tienen un significado, y respecto a uno… bueno, ya conocen esta frase: «Él había puesto tres puntos suspensivos a su historia de amor… Ella borró dos».

Pero si aplicamos la filosofía flotante de esta serpiente de tres anillas a la vida misma, podríamos establecer distintas tipologías de personalidades en función de cómo y cuándo ponemos puntos suspensivos en nuestro día a día. La existencia está puntuada, y  en nuestras mañanas y tardes hay comas, paréntesis, y por supuesto estos tres amigos inseparables que tanta incertidumbre nos pueden provocar.

En publicidad son un comodín muy socorrido, alimentado por su uso a todas luces excesivo en los mensajes cortos, y no tan cortos, de las redes sociales, provocando un empobrecimiento del discurso. «El error más frecuente es creer que los puntos suspensivos se pueden multiplicar hasta el infinito. Uno de los usos correctos es generar suspenso, aunque su propagación ilimitada no extiende esta sensación». Son palabras de Nicolás Elebi, profesor de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UADE, acerca del abuso literario de estos tres amigos inseparables.

Están presentes en una mirada furtiva en el autobús a esa persona que hace latir nuestro corazón y de la que ni siquiera conocemos el nombre. Cada mañana coincidimos, nuestros ojos se encuentran apenas un segundo, y comprendemos que cuando media hora antes nos mirábamos al espejo intentando arreglar los estragos de una noche de insomnio, lo hacíamos pensando en ese encuentro, tan predecible como escurridizo. Los puntos suspensivos están allí, acechando en cualquier rincón del calendario, como insectos hambrientos, prestos a saltar y puntuar nuestra vida en el momento menos esperado.

También jalonan la despedida de un amigo o de un amor. La lluvia cae apacible, el sol se apaga y las sombras se apoderan de la ciudad. Estrechamos su mano, o besamos su mejilla o sus labios, y en algún rincón de nuestro cerebro reptiliano intuimos que quizá sea esa la última vez que disfrutamos de su compañía. Tal vez sea su voluntad, o la nuestra, o la de cualquier fatal acontecimiento que trunque la relación para siempre. Los puntos suspensivos vigilan como tres policías idénticos, poniendo el futuro en tela de juicio, haciéndonos dudar de todo, pero también despertando el anhelo de todo.

Hay personas suspensivas, que no se sabe si empiezan o terminan, ni dónde exactamente colocan sus incertidumbres, ni para quién trabajan, ni si viajan de regreso o  de ida. Sus vidas son reversibles como palíndromos, y sus biografías se leen igual al derecho que al revés.

Los niños no saben emplear los puntos suspensivos ni en las redacciones infantiles que componen en el colegio ni mucho menos en la vida diaria. Son demasiado directos, no necesitan las elipsis para respirar ni tienen necesidad de crear suspense. Los puntos suspensivos brotan después, ya en la piel de los adolescentes, como lunares alineados, quizá benignos, quizá no, eso lo dirá el dermatólogo con el paso del tiempo. A medida que el sol de los años les va caldeando y la juventud da paso a una sabiduría condecorada por muchos inviernos, esos tres puntos se convierten primero en tres interrogaciones, y si hay suerte, les crece un trazo vertical encima y se transforman en signos de admiración (!!!), que es la forma de expresar sorpresa por seguir vivos, a pesar de todo. Pero solo si hay suerte.

Y para los ancianos, cada acto o palabra está precedida por los tres diminutos vigilantes, ante la imposibilidad de garantizar el futuro. El punto final está cerca. Uno solo. Así.

Un punto da miedo, pero tres infunden esperanza…

Antonio Dyaz

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Foto: Daniel Horacio Agostini

3 pensamientos en “El discreto encanto de los puntos suspensivos…

  1. […] de: eltrasterodemimente.wordpress.com (una muestra para lean el post […]

  2. gustavomedellin dice:

    Tanto me ha gustado, que me he tomado la libertad de citarlo en mi blog.

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