Antes de que nuestros hijos crezcan…

“Te di la vida, pero no puedo vivirla por ti.
Puedo enseñarte muchas cosas, pero no puedo obligarte a aprender.
Puedo dirigirte, pero no puedo responsabilizarme por lo que haces.
Puedo llevarte a la Iglesia, pero no puedo obligarte a creer.
Puedo instruirte en lo malo y lo bueno, pero no puedo decidir por ti.
Puedo darte amor, pero no puedo obligarte a aceptarlo.
Puedo enseñarte a compartir, pero no puedo forzarte a hacerlo.
Puedo hablarte del respeto, pero no puedo evitar que seas irrespetuoso.
Puedo aconsejarte sobre las buenas amistades, pero no puedo escogértelas.
Puedo decirte que el licor es peligroso, pero no puedo decir “No” por ti.
Puedo advertirte acerca de las drogas, pero no puedo evitar que las uses.
Puedo exhortarte a la necesidad de tener metas altas
pero no puedo alcanzarlas por ti.
Puedo enseñarte acerca de la bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso.
Puedo explicarte cómo vivir, pero no puedo vivir por tí.

Hay un período cuando los padres quedamos huérfanos de nuestros hijos.
Es que ellos crecen independientemente de nosotros
como árboles murmurantes y pájaros imprudentes.

Crecen sin pedir permiso a la vida.
Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia.
Pero no crecen todos los días: crecen de repente.

                   
Un día se sientan cerca de ti y con una naturalidad increíble te dicen cualquier cosa
que te indica que esa criatura,  hasta ayer en pañales y de pasitos temblorosos, creció.
¿Cuándo creció que no lo percibiste?
¿Dónde quedaron las fiestas infantiles
los juegos en la arena y los cumpleaños con payasos? 

Creció en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil.

Ahora estás ahí, en la puerta de la discoteca, esperando no sólo que no crezca
sino que aparezca…
Allí están muchos padres al volante esperando que salgan zumbando sobre patines
con sus cabellos largos y sueltos.
Y allí están nuestros hijos, entre hamburguesas y refrescos en las esquinas.
Con el uniforme de su generación y sus incomodas
mochilas en la espalda.

Y aquí estamos nosotros, con el pelo canoso,
y esos ,son nuestros hijos,
los que amamos a pesar de los golpes de los vientos
de las escasas cosechas de paz, de las malas noticias y la dictadura de las horas.
Ellos crecieron amaestrados, observando y aprendiendo…
con nuestros errores y nuestros aciertos.
Principalmente con los errores que esperamos no repitan.

Hay un período en que los padres vamos quedando huérfanos de hijos…
ya no los buscaremos más en las puertas de las discotecas y del cine.
Pasó el tiempo del piano, el fútbol, el ballet, la natación…
Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.
Algunos deberíamos haber ido más junto a su cama al anochecer para oír su alma
respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia.
Y cuando fueron adolescentes, los cubrecamas de aquellas piezas cubiertas de calcomanías,
pósters, agendas coloridas y discos ensordecedores.
Pero crecieron sin que agotáramos con ellos todo nuestro afecto.
Al principio nos acompañaban al campo, a la playa, a las piscinas y a las reuniones de los conocidos…Navidad, Pascuas compartidas

y había peleas en el auto por la ventana, los pedidos de chicles y la música de moda…

Después llegó el tiempo en que viajar con los padres
se transformó esfuerzo y sufrimiento.

No podían dejar a sus amigos y a sus primeros amores.
Y quedamos los padres exiliados de los hijos.
“Teníamos la soledad que siempre habíamos deseado…”
Y nos llegó el momento en que sólo miramos de lejos, algunos en silencio
y esperamos que elijan bien en la búsqueda de la felicidad
y conquisten el mundo del modo menos complejo posible.
Pero el secreto es esperar…
En cualquier momento nos darán nietos.
El nieto es la hora del cariño ocioso y la picardía no ejercida
en los propios hijos.
Por eso los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan
incontrolable cariño.
Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto.
Por eso, es necesario hacer algunas cosas adicionales,
ANTES DE QUE NUESTROS HIJOS CREZCAN!!!!
Así es.
Los seres humanos sólo aprendemos a ser hijos después de ser padres, sólo aprendemos a ser padres después de ser abuelos…En fin, pareciera que sólo aprendemos a vivir después de que la vida se nos ha pasado… “

FUENTE: Los ojos del pelícano

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Photo Credit: Ignacio Sanz via Compfight cc

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