La intuición: Gran medicina o peligroso veneno…

La intuición es una gran servidora del humano. Pero como todo servidor, puede ser maravilloso y certero o puede torpemente tirarnos el café encima y conducirnos al abismo de la alucinación y el error.

Las intuiciones afloran a la mente consciente desde el generador de pensamientos de la mente inconsciente, y también, quizás, de la captación por la misma de pensamientos provenientes de otros humanos o incluso de alguna mente “trascendente”.

La historia humana está repleta de intuiciones absurdas. En los primeros tiempos de la Royal Society, se investigó la causa por la que si se echaba una rana en un vaso repleto de agua, ésta no rebasaba. Un sencillo experimento demostró que naturalmente el agua rebasaba.

Y el gran Descartes consideraba que el movimiento siempre se producía cuando un objeto iba a dar contra otro. Y ya no hablemos de Aristóteles que consideraba que las mujeres tienen menos dientes que los hombres, cuando le hubiera bastado hacer abrir la boca a su mujer, y contárselos.

Muchas de nuestras claras intuiciones nos han hecho cometer errores garrafales. El eminente matemático y astrónomo Simon Newcomb, “demostraba” que aquello que pesase más que el aire no podría volar. Sin embargo, dos simples reparadores de bicicletas, los hermanos Wright, probaron que estaba equivocado.

Por ello es necesario el método científico de experimentación y observación de la realidad, que muchas veces se niega a confirmar nuestras intuiciones. Lo malo es que hoy todavía no se pueden experimentar todas las cosas.

Pero la intuición nos es plenamente necesaria. La dialéctica razón-intuición, es algo así como subir una escalera. Primero utilizamos la pierna izquierda y luego la derecha, y así sucesivamente. No se puede subir una escalera a la pata coja, con una sola pierna.
Pues lo mismo pasa para alcanzar conocimiento. Primero se avanza, y luego se explota el avance. Todo funciona como el yin y el yang, todo es circular no lineal, no es esto o lo otro. Es esto y lo otro, en su momento oportuno.

Dice, Gregorio Luri, un filósofo español en “El Confidencial”: “La gran trampa de la creatividad, es que tienden a hacernos creer que se puede ser creativo sin conocimientos. No se puede ser ni crítico ni creativo sin conocimientos, porque para ser creativo o crítico primero tienes que tener conocimientos sobre un problema, y conocerlo bien, entonces podrás darle una respuesta distinta. Pero pretender dar respuestas distintas a problemas que no conocemos a lo que nos lleva no es a ser creativos, sino a ser incontinentes verbales, que es muy distinto”.

Hay un tipo de intuición metafísica basada en lo que Zhuangzi llama “zuo wang = estar sentado en el olvido”, que sería fruto de la experiencia de la unión extática, con lo absoluto, o el Tao, lo que le transformaría en un filósofo místico o un visionario convertido en filósofo.

Pero esta “iluminación”, además de difícil de obtener, exige luego una claridad o neutralidad de mente, que no tergiverse el mensaje intuído, en el largo proceso, hasta que llega al escrito.

Isidoro García

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FUENTE: ESPACIO HUMANO

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