La vida no retrocede ni se detiene en el ayer…

Nuestros hijos no son nuestros hijos, son los hijos y las hijas del anhelo de la vida, ansiosa por perpetuarse. Y aunque están a nuestro lado, no nos pertenecen. Podemos darles nuestro amor, pero no nuestros pensamientos.

Porque ellos tienen sus propios pensamientos. Podemos dominar sus cuerpos, pero no sus almas.

Porque sus almas habitan en la casa del futuro, cerrada incluso para nuestros sueños.

Podemos esforzarnos en ser como ellos, mas no tratemos de hacerlos como nosotros.

Porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.

Jalil Gibran, El profeta (1923)

FUENTE: PLANO SIN FIN

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Photo Credit: MarceRodz via Compfight cc

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