Contrastes …

Ya pasó el día de reyes, día de mil ilusiones, regalos, alegrías, tallas grandes, camisetas de color equivocados, papeles por toda la casa, roscón, chocolate y sobre todo día de los peques.

Cierto es que en lo personal ya no lo vivo con esa ilusión del pasado, cuestión perfectamente lógica por el devenir de los años y mi empeño en salirme de los tradicionalismos. Quizás recuerdo aquella época en la que a las nueve de la mañana estaba la calle plagada de niños (entre los que me econtraba yo) enseñando sus patines, sus bicicletas, sus muñecas, el balón, el equipaje del fútbol, el coche teledirigido, …. y sin embargo en la época actual hay un silencio sepulcral en las calles. Los tiempos cambian, supongo que para mejor.

Este año he tenido el aliciente de los primeros reyes de mis dos sobrinas que rondan los dos años y debo reconocer que ha teñido de otro color el día. Pero por otro lado el día me ha regalado una sensación con un tono de color más oscuro.

Esa tarde viví la alegría de unos padres que dan sus regalos a sus nenas, que corretean por toda la casa con sus regalos y comprobé en las caras de las mamás y los papás como emitían más ilusión que en la de sus hijos.

Tan sólo 30 minutos después y tras recibir una triste noticia  me encontraba en un hospital visitando a unos amigos con el ánimo de dar un abrazo de cariño a unos padres que viven los últimos momentos de estancia en esta vida de su hijo de 15 años al que esa maldita enfermedad ya ha tomado la decisión fatal de llevarse.

Ese día, también de reyes para ellos, cuando su hijo retomaba algo de aliento de unos calmantes que lo habían mantenido todo el día adormilado y con la linda anécdota que se había dado cuenta de mi llegada, intentaban enseñarle los regalos que le habían traído.

Fue vivir la misma escena, el de unos padres dándoles los regalos de reyes a sus hijos desde dos  puntos de vista completamente diferentes. Francamente a veces no entiendo por qué ocurren cosas así, por qué perdemos energías en cosas vanales, pero creo que voy dejar pasar el hacerme preguntas que no llevan a ninguna respuesta que me satisfaga.

Sólo me apetece destacar la satisfacción que siento tanto por ver el mimo de mis hermanos para con sus niñas como por el de mis amigos para su niño enfermo, yo no sé si estaría a la misma altura..

Así que acepto que esta vida tiene sus tonos blancos y sus tonos negros,

una vida llena de  CONTRASTES.

Fran Guerra

Contrastes
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