La sombra…

Hola, soy tu sombra, tu compañera de toda tu vida pero me has aburrido por eso te dejo, me dijo una tarde cuando caía el crepúsculo. Ahora soy un ser humano que no tiene su sombra, creo que soy un ser  translucido.

Ella me abandonó para siempre, dobló por el camino de la derecha y se fue perdiendo entre los últimos rayos del sol, sin mirarme, sin decirme  adiós.

Inés María Cabrera


Photo Credit: oiZox Flickr via Compfight cc

El nivel de civilización al que han llegado diversas sociedades humanas está en proporción a la independencia de que gozan las mujeres.

Flora Tristán


Photo Credit: << Monk >> Flickr via Compfight cc

Nivel de civilización…

El cuerpo…

En la sociedad capitalista, el cuerpo es para las mujeres lo que la fábrica es para los trabajadores asalariados varones: el principal terreno de su explotación y resistencia, en la misma medida en que el cuerpo femenino ha sido apropiado por el Estado y los hombres, forzado a funcionar como un medio para la reproducción y la acumulación de trabajo.

En este sentido, es bien merecida la importancia que ha adquirido el cuerpo, en todos sus aspectos —maternidad, parto, sexualidad—, tanto dentro de la teoría feminista como en la historia de las mujeres.

Silvia Federici


Photo Credit: espaciosparaelarte Flickr via Compfight cc

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Soy ordinaria…

Es una escena muy habitual. Y eso es lo preocupante. El corto Soy ordinaria, de la realizadora francesa Chloé Fontaine, está dando mucho que hablar en las redes sociales. La artista ha representado una escena cotidiana de una pareja que acaba en agresión sexual. La violación en pareja existe y es tan sutil que para muchas personas aún es difícil reconocerla.

Este corto hace que muchas mujeres se cuestionen si alguna vez han sido violadas por su novio.

FUENTE: Huffington Post

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El necio que cargaba piedras…

El maestro narró a sus discípulos el siguiente relato:  un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo.

Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar.

¿Qué piensan ustedes de ese hombre? Preguntó el maestro

– Que es un necio -respondió uno de los discípulos- ¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?

Dijo el maestro: – Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos.

Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro.

Así dijo el Maestro, y los discípulos se hicieron el propósito de no cargar nunca el peso del odio o del resentimiento.

FUENTE: El arte de la estrategia

 

 

Ganadores y perdedores…

Cuando un ganador comete un error, dice: “Me equivoqué y aprendí la lección”.

Cuando un perdedor comete un error, dice: “No fue mi culpa”, y se la atribuye a otros.

Un ganador sabe que el infortunio es el mejor de los maestros. Un perdedor se siente víctima de la adversidad.

Un ganador sabe que el resultado de las cosas depende de él. Un perdedor cree que la mala suerte existe.

Un ganador trabaja muy fuerte y se permite más tiempo para sí mismo. Un perdedor está siempre muy ocupado, y no tiene tiempo ni para los suyos.

Un ganador enfrenta los retos uno a uno.

Un perdedor les da vueltas y vueltas y no se atreve a intentarlo.

Un ganador se compromete, da su palabra y la cumple. Un perdedor hace promesas, no asegura nada y, cuando falla, sólo se
justifica.

Un ganador dice: “Soy bueno, pero voy a ser mejor”. Un perdedor dice: “No soy tan malo como mucha otra gente”.

Un ganador escucha, comprende y responde.

Un perdedor sólo espera hasta que le toque su turno para hablar.

Un ganador respeta a los que saben más que él y trata de aprender de ellos. Un perdedor se resiste ante los que saben más que él y
sólo se fija en sus defectos.

Un ganador se siente responsable por algo más que su trabajo.


Photo Credit: [Paturo] Flickr via Compfight cc

No creas…

No creas en algo simplemente porque lo has oído.

No creas en algo simplemente porque es dicho y muchos lo rumoran.

No creas en algo simplemente porque se encuentra escrito en los libros religiosos. No creas en algo meramente por la autoridad de tus maestros y ancianos.

No creas en tradiciones porque han pasado de mano en mano durante muchas generaciones.

Sólo después de observar y analizar, cuando encuentres algo que es acorde a la razón y conducente al bien y benéfico para uno y para todos, entonces acéptalo y vive según eso.

Sidharta Gautama

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